Profeta en el desierto

CIUDAD JUÁREZ, CHIHUAHUA.- En el instante en que la figura de Jorge Mario Bergoglio apareció en las pantallas descendiendo del vehículo, el estruendo de los aplausos inundó el gimnasio del Colegio de Bachilleres, en donde unas 3000 personas, la mayoría empresarios, políticos y hombres de academia, aguardaban el mediodía del miércoles 17 para el encuentro con el “mundo del trabajo” que sostendría el Papa en su recorrido final por México.

Previo a su llegada, ensayaron porras y olas como en los estadios de fútbol. Las mujeres y hombres más poderosos de la ciudad y el norte del país estaban allí, al lado del gobernador y del secretario de Energía, y sacaron sus celulares para tomar videos y fotografías en cuanto irrumpió en el recinto. El entusiasmo fue similar mientras Francisco se citó a sí mismo, aludiendo uno de los pasajes de la encíclica Laudato si’.

“La mentalidad reinante pone el flujo de las personas al servicio del flujo de los capitales, provocando en muchos casos la explotación de los empleados como si fueran objetos de usar y descartar. Dios pedirá cuentas a los esclavistas de nuestros días, y nosotros hemos de hacer todo lo posible para que estas situaciones no se produzcan más”, les dijo. […] “Generar es ser cocreadores con Dios. Claro, eso cuesta, cuesta”. Entonces sobrevino el aplauso.

Afuera, sin haber sido convocados jamás, cientos de miles de obreros, esclavizados y sin techo, fueron ajenos a sus palabras. Y cientos de miles más, deudos de víctimas de la violencia generada a partir de intereses macro, fueron igualmente excluidos e invisibilizados por el gobierno y la Diócesis local.

“El problema no es del Papa. No es él quien está mal. Quienes lo están son las iglesias domésticas”, reflexiona sobre ello Raúl Vera, el obispo de Saltillo dos veces incluido en la terna para el Premio Nobel de la Paz. “Por eso hay una diferencia entre la palabra del Santo Padre con la estructura eclesial, que él mismo pide eliminar. Ese es el reto: que el mal sabor de boca que queda en las víctimas pueda transformarse. El cambio debe generarse desde abajo, de los pobres que quieren dejar su miseria, no de los corazones corrompidos que no pueden reconocer que es a ellos a quienes está hablando”.

Vera, que fue coadjutor de Samuel Ruiz en la Diócesis de San Cristóbal, rememoró el momento en el que el Papa visitó la tumba del obispo, uno de los precursores de la teología latinoamericana, y primero en sufrir en México la distancia de la alta jerarquía católica. El acto implica para el obispo un mensaje igualmente claro para la Iglesia.

En Chiapas, dice, estuvo el opuesto a lo vivido en Juárez. “Desde la mitra y el ornamento del Papa hecho por mujeres indígenas, hasta el Padrenuestro cantado por monseñor [Felipe] Arizmendi en lengua indígena, y la presencia del pueblo en donde no figuró el gobernador. Todo fue distinto”.

De Samuel Ruiz toma una anécdota para complementar su lectura sobre lo ocurrido en Ciudad Juárez.

“Cuando yo recién llegué como obispo coadjutor a Chiapas, le pregunté: ¿qué ustedes nunca han hecho la lucha de evangelizar a estos auténticos coletos que están en esta posición tan virulenta? Don Samuel me contestó, y así es como lo quiero entender aquí; dijo: mientras ellos persistan en su actitud racista, es decir, convencidos de que los indígenas son inferiores, no van a entender el evangelio.

“El Papa dijo en su discurso: no son pocas las veces que, frente a los planteamientos de la doctrina social de la Iglesia, se salga a cuestionarla diciendo: ‘Estos pretenden que seamos organizaciones de beneficencia o que transformemos nuestras empresas en instituciones de filantropía’. Hay quien piensa así, y que el obrero se aguante porque ‘yo soy el importante en la tierra, porque por mí tienen trabajo y porque por mí el gobierno tiene para pagar’. Por eso cuando el Papa dijo eso, aplaudieron. A lo mejor si hubieran chiflado y aventado zapatos pudiera decir que le entendieron, pero como no lo entendieron: aplaudieron”.

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La violencia contra la mujer es un tema sensible en Juárez. Desde 1993 se tiene registro de más de 2200 feminicidios, dos terceras partes de los cuales sucedieron a partir de 2008. FOTO: PEDRO PARDO/AFP

Hay ocasiones en que los números no alcanzan para reflejar la realidad. En esta ciudad se ha contabilizado casi todo: homicidios, desaparición de mujeres y hombres, desempleo, viviendas abandonadas, éxodo e impunidad. Cada calle ofrece un referente de la depredación y el abandono. Por ello el Estado echó mano de una fuerza operativa descomunal, en el que más de 5000 efectivos, entre militares y agentes, de campo y de inteligencia, fueron desplegados desde días antes de la llegada de Bergoglio.

“La estrategia montada desde el gobierno fue la de difundir el temor, y de ello algunos sectores de la Iglesia no estuvieron ajenos”, dice Luz Estela Castro, fundadora del Centro de Derechos Humanos de la Mujer. “El secuestro que hizo el Estado Mayor Presidencial de las calles no tuvo, sin embargo, eco en el discurso del Papa. Si bien las víctimas no estuvieron ante su mirada, justo por esos obstáculos, él tiene sus contactos que le allegaron informes sobre la realidad en México. Eso se reflejó en sus discursos, que corrieron de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo”.

La violencia contra la mujer es un tema sensible para el gobierno. Desde 1993 se tiene registro de más de 2200 feminicidios, dos terceras partes de los cuales sucedieron a partir de 2008. El volumen de desaparecidas es igualmente elevado respecto a la media nacional, y son las trabajadoras quienes más resienten la ausencia de políticas sociales y el menosprecio institucional.

Por ello, ni Iglesia ni autoridades les dieron espacio para aproximarse al Papa, y los despojaron de cualquier plataforma para expresarse.

“Hubiéramos querido que hablara del tema de la discriminación de las mujeres, o del tema de la pederastia”, dice Castro al día siguiente de la visita de Bergoglio. “Pero en estos momentos me parece que lo más relevante era estructurar el mensaje desde donde lo hizo. No podemos pedirle demasiado. Necesitamos ir por pasos, y me parece que su sabiduría es lo que debe llevarnos a reflexionar sobre todo lo que dijo para sacudir el poder político, el sistema en su conjunto”.

La activista logró un asiento en primera fila dentro del gimnasio, a contrapelo de lo dispuesto originalmente por la Iglesia local. En enero, ella y otros activistas viajaron a la sede de la Nunciatura para entregar cartas de familiares de víctimas y de campesinos desplazados por la violencia. Eran mensajes dirigidos al papa Francisco, con quien buscaban también una audiencia. Les dijeron que ese encuentro era imposible. A cambio les ofrecieron cinco espacios en el encuentro con el mundo obrero.

Ahí es donde Castro pudo entregarle a Bergoglio cartas, ahora de hijos de víctimas de desaparición, así como un listado de personas secuestradas a quienes el gobierno local simplemente desconoce.

RAÚL VERA: “El signo de irse a la cruz, en el río, a orar por lo que pasa aquí, por las muertes que ocurren aquí, por el sufrimiento que hay de aquel lado, de los que logran pasar, del sufrimiento de los que vienen en camino… el signo que vi es fenomenal”. FOTO: SAÚL LÓPEZ/CUARTOSCURO

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En 2015, Amnistía Internacional difundió un informe sobre el caso de desaparición de 350 personas en el municipio de Cuauhtémoc, en la región centro sur de Chihuahua. Los casos tuvieron registro entre 2009 y 2014. Cientos más ocurren en el resto de la sierra, desde Guadalupe y Calvo, en el llamado Triángulo Dorado, hasta Madera. Las desapariciones no son lo único violento, también existen homicidios masivos que nadie reporta y el gobierno deja fuera del conteo oficial.

“Vemos reiteradas declaraciones del gobernador, y de ahí para abajo, de que en Chihuahua no hay violencia. Es una declaración que a nadie ayuda”, dice sobre ello Gabino Gómez, el encargado del apartado de violencia en El Barzón, el movimiento campesino que buscó sin éxito audiencia con el Papa.

“En la sierra hay cientos de desplazados, de personas despojadas de sus tierras y de sus propiedades. La gente huye por temor. Allí se recluta a jóvenes y al que se niega lo matan. Esto es de todos los días. Hay asesinatos no reportados, que no aparecen en las estadísticas. En la zona de Cuauhtémoc, donde decimos que hay 350 desaparecidos, el exfiscal de la zona nos dijo que nos quedamos muy cortos, que son alrededor de 900, tan sólo de cuando él estaba”.

La víspera, el gobernador César Duarte se refirió a las condiciones generales sobre la violencia en la entidad como fenómeno del pasado. Dijo también que la libertad de expresión era plena, y que su gobierno nada oculta.

“Tenemos registro de enfrentamientos y de masacres en la zona de Uruachi, de Guachochi, de Flores Magón, todas recientes y ninguna reseñada por los medios. El acallamiento de los medios locales es terrible, de un control absoluto. Con esto la impunidad que se genera deriva en más violencia, en más delito. Se puede delinquir impunemente, ese es el mensaje y con ello se crea esta espiral que no termina”, dice Gómez.

“El Papa me parece que entendió esto. Es lo que percibí en sus discursos, no solamente en Juárez, sino en el resto de la gira. Así lo entendí, como un líder del que hay poco más que decir, porque entiende perfectamente lo que ocurre. Basta recordar el primero de los discursos apenas llegó al país, en donde dejó claro que comprende el tema de la demanda de justicia y la demanda de vivienda”.

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En diciembre, el activista y académico Víctor Quintana redactó una carta que terminó en manos de Jorge Mario Bergoglio. En ella le expone los saldos de un sistema de economía global que terminó generando destierro, despojo de vivienda y miseria. “Como tú, padre Francisco, nosotros mantenemos una lucha constante contra la economía del descarte, que desecha a los seres humanos y a nuestra naturaleza madre en aras de la idolatría del dinero”, le dice.

Son los puntos que tocó sin miramientos el papa Francisco. Pero que no muchos comprendieron, al menos no los directamente aludidos, concluye Quintana posterior a la visita.

“Los empresarios y políticos que hablaron durante esta visita no podían verse mal, así que los que hablaron tuvieron que hacerlo al nivel del Laudato si’. El resto, sin embargo, tuvo una reacción como cuando ves una película muy buena sobre denuncia social y te gusta, aunque no la entiendas. No vi un compromiso que se correspondiera con lo dicho por el Papa. Nadie llamó a estudiar las condiciones sociales ni a discutir sobre aumentos salariales ni mejoras en las condiciones laborales. Simplemente asistieron a una misa de lujo, de la que salieron sin adquirir compromisos de nada”.

Quintana cree que el discurso de Bergoglio fue duro, aunque piensa que le faltó singularizarlo. “Lo antecedió una trabajadora de maquila cuyo mensaje fue muy concreto, hablando de la esclavitud y de la pobreza a la que están confinados. Me hubiera gustado que el Papa retomara parte de sus palabras, aunque haya sido muy contundente en su mensaje.

“En términos generales me pareció un buen mensaje, el del Papa. Sentí una gran sintonización con los sentimientos de la gente, una gran comunión, emotiva. La gente en general lo sintió, sobre todo cuando habló de las lágrimas como proceso para sanar el dolor. Pero a sectores más específicos, víctimas, familiares de desaparecidos, a gente que trabaja con mujeres, creo que les quedó a deber con planteamientos más específicos. Esa gente se quedó desanimada. Quería más, y con justa razón”.

Quintana alude también a lo que llama “el secuestro del Estado Mayor Presidencial y de la clase dominante” sobre la visita de Francisco. “Ellos fueron los causantes de que las vallas no tuvieran gente. No puedo decir que todo ello fue intencional, pero sí que se trató de una negligencia culpable. Extremaron tanto las precauciones, que cualquiera se desanimó al encuentro con el Papa”.

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En el acto final de su visita, Bergoglio ofició una misa binacional, desde el altar erigido en la margen mexicana del río Bravo. La estructura contó con una plataforma desde la cual el Papa bendijo a la comunidad congregada en uno y otro lado de la frontera, y oró por los migrantes.

Su figura en lo alto fue conmovedora por el simbolismo que encierra, dice Raúl Vera.

“El signo de irse a la cruz, en el río, a orar por lo que pasa aquí, por las muertes que ocurren aquí, por el sufrimiento que hay de aquel lado, de los que logran pasar, del sufrimiento de los que vienen en camino… el signo que vi es fenomenal. Por eso cuando empieza a predicar aquí toma el texto de Jonás. El texto de Jonás va a decirles “arrepiéntanse”, y es una descripción de la sociedad moderna. Hace un ejemplo de cómo nos vamos destruyendo y lo señala para que nos demos cuenta”.

El obispo de Saltillo vio en los mensajes de Bergoglio un señalamiento profundo de las causas que provocan la desgracia mexicana, pero al mismo tiempo dice que ofrece salida a todo ello. La confrontación de ideas y circunstancias, por ejemplo, es una de sus puertas.

“A nosotros, los obispos, nos interpeló también. En su encuentro salieron cosas muy fuertes, pero básicamente el Papa dijo: ustedes no pueden guardar distancia, ustedes tienen que interpretar el grito de la gente. Después de eso dijo: no estén dando ya soluciones ambiguas a cosas nuevas. También nos dijo: no anden haciendo elucubraciones y tratos en lo oscuro, eso no se vale, porque comprometemos a nuestro pueblo. Luego dice: no hagan trato con los nuevos faraones del mundo moderno. Hablaba del poder.

“El Papa estuvo hablando de la situación de México todo el camino. Y desaparecidos hay por toda la república”, agrega. “Simplemente las desapariciones forzadas son más de 20 000 y ya hay aproximadamente 20 grupos o más por todo el país. No era fácil para el Papa expresamente recibir a un grupo. Además hay determinados temas que, siendo el Vaticano un Estado y siendo el Papa un jefe de Estado, hay ciertas situaciones de tipo político que como tal debe guardar. No dijo desapariciones, pero sí dijo “les arrebatan” a sus seres queridos. Sí habló, pero no usaba ciertos términos que no puede usar.

Por otro lado, no puede él, ante una situación tan generalizada como la desaparición, [reunirse con unos] porque los demás van a sentirse. Pero no dejó de hablar de ello. Yo lo seguí y en todos lados habló de las víctimas”.