El nuevo club de las chicas

De todos los nichos minoritarios en Wall Street, tal vez
el más opaco y exclusivo sea la industria de los fondos de cobertura, donde a
los comerciantes se les entregan millones e incluso miles de millones de
dólares para que los inviertan en nombre de bancos, fondos patrimoniales,
fondos de pensión y de los superricos.

Esta es el área de los llamados “amos del
universo”, quienes, si tienen éxito, pueden volverse multimillonarios
comerciando con el dinero de otros. Y es el último bastión de las finanzas
donde las mujeres tienen problemas serios para irrumpir. En 2015, menos de dos por
ciento de los fondos de cobertura eran administrados por o propiedad de mujeres
—alrededor de 150 a 200 mundialmente— y la mayoría de ellos administraban menos
de 100 millones de dólares de fondos.

Al mismo tiempo, los datos muestran que las mujeres,
durante la última década, han superado de manera consistente a los hombres
cuando se trata de obtener mejores ganancias, la medida que más les importa a
los inversionistas. De hecho, los fondos propiedad de y administrados por
mujeres han tenido en promedio ganancias por 59.43 por ciento desde 2007, en
comparación con un promedio de 36.69 por ciento para toda la industria, según
cifras publicadas en septiembre por Hedge Fund Research Inc., con oficinas en
Chicago y que el año pasado lanzó su primer índice de seguimiento exclusivo a
mujeres.

Si su reacción inicial es de sorpresa a que las ganancias
de las mujeres han aplastado las de los hombres por casi una década —un periodo
que cubre la crisis financiera mundial de 2008 a 2009, la Gran Recesión, los
rescates de naciones enteras como Grecia y el nuevo auge energético de Estados
Unidos— ello se debe a que quienes escriben los cheques en verdad grandes
apenas han aceptado la tendencia. En vez de saltar ante la oportunidad de hacer
más dinero con ello, han hecho poco más que pronunciar un colectivo “Yooo”.

En un sondeo, a finales del año pasado, de la auditora
KPMG, las mujeres reportaron que recaudar capital todavía era uno de los más
grandes obstáculos para lanzar sus propios fondos, mientras que 72 por ciento
de los inversionistas se lamentó de la falta de talento femenino en el cual
invertir.

El problema, según ambas partes, parece ser una
desconexión entre los fondos administrados por mujeres y sus posibles
inversionistas. “Tienes que tener un gran rendimiento y grandes números, pero,
más allá de ello, también tienes que tener una red vital de gente que responda
por ti”, dice Victoria Hart, quien lanzó su fondo de cobertura con oficinas en
Nueva York, Pinnacle View Capital Management, en 2013. “Empezar tu propio fondo
es una empresa colosal… Tienes que venderle a la gente, y ellos tienen que
conocerte realmente o tener una buena impresión de ti si van a darte su dinero.
Tiene que haber esa conexión personal y confianza”.


¿UN MUNDO DE HOMBRES? Wall Street sigue siendo un campo
dominado por los hombres, pero desde 2007, los fondos propiedad de y
administrados por mujeres han tenido un promedio de ganancias de 59.43 por
ciento, muy por arriba del promedio de la industria de 36.69 por ciento.

BRENDAN MCDERMID/REUTERS

En abril pasado, ella fundó Siete Grados de Mujeres en
Finanzas, un grupo sólo mediante invitación para redes de administradoras de
fondos. “Una cosa que noté de inmediato fue que muchas de nosotras estaban
demasiado ocupadas para reunirse o en realidad no se conocían, así que esta es
una gran manera de que nos conectemos, de promovernos entre nosotras, de
compartir lo que sabemos y fortalecer la comunidad”, dice ella. El grupo, que
se reúne cada dos meses e invita a conferencistas así como a inversionistas
potenciales, ya tiene más de 200 miembros.

“No conozco a muchas otras ejecutivas de inversiones, así
que el grupo de Victoria en verdad llena un vacío”, dice Dianne McKeever, quien
está planeando lanzar un fondo activista de financiación, Ides Capital
Management. “Asistí a la tercera o cuarta reunión de ella, y estaba abarrotado.
Forjar contactos es muy importante en este negocio —con mujeres y hombres—
porque necesitas conocer gente que pueda complementar tus habilidades,
presentarte a otras personas y darte consejos”.

Dice otra administradora de fondos, quien pidió no ser
identificada porque su fondo no les permite a sus administradores hablar con
los medios de comunicación: “Cuando ves esos grupos de comerciantes en Wall
Street, usualmente no son mujeres. Pero sociabilizan juntos, juegan golf juntos
y se respaldan unos a otros. Si uno de ellos pierde un empleo, ellos harán todo
lo que puedan para asegurarse de que el tipo esté bien. Es una red en verdad
poderosa, y es como los administradores de carteras logran lanzar sus propios
fondos”.

Los fondos de cobertura no son el único sector de las
finanzas donde las mujeres son una minoría diminuta. Menos de un tercio de las
compañías de capital de riesgo en Estados Unidos emplean siquiera una mujer que
participa en decisiones comerciales o de inversión, y sólo nueve por ciento de
los administradores de fondos mutuos son mujeres, según un estudio de 2015 de
la investigadora de inversión Morningstar. Hay muchas mujeres en puestos de
administración interna en las finanzas, pero pocas tienen la voz final sobre dónde
se invertirá el dinero.

En el informe de KPMG, solo 14 por ciento de las
ejecutivas encuestadas en toda la industria de finanzas —que incluía compañías
de capital de riesgo y fondos de cobertura— tenía el puesto de directora
ejecutiva, y sólo 21 por ciento estaba en puestos que les permitía administrar
dinero, con la gran mayoría de las mujeres relegadas a mercadeo u observancia.

“Es asombroso que en el siglo XXI todavía tengamos esta
conversación”, dice Meredith Jones, una consultora de alternativas de inversión
en Nashville, quien en la década de 1990 escribió algunas de las primeras
investigaciones en la industria sobre fondos administrados por mujeres. En
2015, publicó un libro titulado Women of
the Street: Why Female Money Managers Generate Higher Returns (And How You Can
Too).Ella dice que los datos más recientes muestran que el rendimiento de
las mujeres en inversiones no es el culpable.

“La gente tiende a invertir en personas que se ven como
aquellos que ya han sido exitosos, y la mayoría de esas personas son hombres
blancos de mediana edad”, dice Jones a Newsweek.
“La mayoría de la gente ni siquiera puede nombrar una sola administradora
de fondos. La gente me llama una sexista a la inversa, pero en realidad soy una
capitalista. Sólo me guío por los datos. Y al dejar fuera a las mujeres,
literalmente estamos dejando dinero en la mesa”.

Cualquiera que haya pasado tiempo en las finanzas sabe que
una reserva diversa de inversiones es uno de los mejores pronosticadores a
largo plazo del éxito de una cartera, pero la diversidad sigue siendo uno de
los más grandes retos de la industria, dice Jones. “Esto te va a sacudir hasta
la médula”, bromea. “Pero hombres y mujeres son diferentes”.

Los estudios han mostrado de manera consistente que las
inversionistas parecen tener tres diferenciadores comunes de comportamiento que
las separan de los hombres. Ellas experimentan menos pérdidas provocadas por un
exceso de confianza y exceso de comercialización, exhiben una mayor disciplina
en sus decisiones de inversión y se enfocan más en proteger sus inversiones de
riesgos a la baja.

“He hecho esto por 15 años, y puedo decir que las mujeres
traen una diversidad de pensamiento que puede crear un perfil asimétrico que
aumenta las ganancias”, dice Susan Webb, directora ejecutiva y directora de
inversiones de Appomattox Advisory, una compañía neoyorquina que supervisa 1600
millones de dólares en fondos y asigna capital a fondos administrados por
mujeres así como fondos administrados por minorías, ambos grupos extremadamente
infrarrepresentados en la industria.

Según los datos de Appomattox, esos fondos encabezan el
promedio del mercado en alrededor de 200 a 300 puntos base anualmente.

“Esto no es el sabor del mes para nosotros”, dice Webb.
“Creemos en ello”.

Aun así, hay muchos incrédulos. Paul Tudor Jones, el
multimillonario de fondos de cobertura, apareció en los titulares en 2013 por
decir a los estudiantes de la Universidad de Virginia durante lo que se suponía
que sería un panel de discusión no oficial: “Nunca verán tantas grandes mujeres
inversionistas o comerciantes como hombres, punto, fin de la historia”.

Aun cuando las mujeres comerciantes son igual de capaces
que los hombres, dijo, la maternidad inevitablemente provoca que las
administradoras de fondos pierdan su enfoque. “Tan pronto como los labios de
ese bebé tocan el pecho de esa muchacha, olvídenlo —señaló—. Cada una de las
ideas de inversión… todo deseo de entender qué hará que esto suba o baje va a
verse sobrepasado por la experiencia más hermosa… la cual un hombre nunca
compartirá”.

Tales mitos ayudan a preservar la brecha de género al
provocar que algunas mujeres crean que no serán apoyadas si tratan de lanzar un
fondo, y ciertos inversionistas lo piensen dos veces antes de invertir en
ellos, a pesar del hecho obvio de que la paternidad afecta a ambos géneros.

“Es un bebé, no una lobotomía”, dice Svetlana Lee,
directora de inversiones y fundadora de Varna Capital Management, un fondo de
cobertura de 25 millones de dólares (llamado así por una ciudad de su Bulgaria
natal) con oficinas en Nueva York y lanzado en 2008. “Puedo cuidar de mi hija
pequeña y obtener grandes ganancias. De hecho, tomé decisiones de inversión en
el hospital inmediatamente después de que ella nació, y fueron las decisiones
correctas”.

Notablemente, algunos de los fondos más grandes
administrados por mujeres hoy tienen madres al timón. Según quienes asistieron
a una plática dada el año pasado en Nueva York por Leda Braga, directora de
Systemica Investments, un fondo sistémico de cobertura con oficinas en Ginebra
y 9000 millones de dólares bajo su administración, Braga citó la maternidad
como perfectamente compatible con administrar un fondo.

Posiblemente la principal comerciante del mundo en activos
bajo su administración, Braga dijo a su público: “Soy como cualquier otra
persona que sea ambiciosa, quien piensa que tengo un don; tengo una niñera, y
sabía que mi hijo con el tiempo caminaría. No iba a ser una de esas madres que
analizan a su hijo en todo momento, o permitir que me distraiga de responsabilidades
muy serias”, dice uno de los asistentes a Newsweek.
Un portavoz de Braga se negó a comentar, diciendo que ella prefería hablar
de inversiones en vez de asuntos de género o maternidad.

Otras mujeres comerciantes compartían este parecer, diciendo
que no querían un trato especial sino sólo ser consideradas junto a fondos
similarmente exitosos.

“No pienso que a la gente le importe tanto mi género
versus mi historial y rendimiento”, dice Jiyoung Kim, una sudcoreana que lanzó
el fondo de cobertura con oficinas en Nueva York Topni Pacific Century Fund en
2010, con un enfoque en acciones asiáticas. “Para mí, como mujer, aprendí este
negocio de los hombres. Puede ser una cultura muy despiadada y muy dominada por
los hombres, pero las inversiones, como probablemente lo ha oído, es un oficio
en el que se trabaja de por vida. Aprendes de los mejores, y entonces sacas tu
propia versión”.

Aun cuando la vida familiar podría no distraer a las
mujeres de cosechar ganancias sustanciales, dice Hart, sí puede impedir que
expandan sus redes tan importantes. “Lo que he notado es que aun cuando las
mujeres son muy activas en las etapas iniciales de sus carreras, cuando
alcanzan su máximo desempeño, no sienten la misma necesidad de salir y
continuar forjando contactos”, dice. “Ellas quizá se enfoquen en conservar sus
carreras y sus familias, y allí es donde pienso que cobra vida la diferencia de
género. Las mujeres quizá no piensen necesariamente en su futuro o en construir
todavía más sus redes”. Esto puede llevar a la pérdida de oportunidades
después.

“Las relaciones importan”, concuerda Lee. “No tenemos
tanto tiempo para forjar contactos; no tenemos tiempo para jugar golf, de tener
una noche con los chicos; nos vamos a casa con nuestros hijos. Es una industria
ferozmente competitiva, pero la cantidad de mujeres que administran fondos
debería ser más del dos por ciento, y puede ser más del dos por ciento y será
más del dos por ciento. Con suerte, más mujeres de la siguiente generación nos
seguirán”.

Publicado en cooperación con Newsweek/ Published in cooperation with Newsweek