¿Inundación? ¿Cuál inundación?

Una inusual tormenta de enero dobló las palmeras y
convirtió las aceras de la ciudad en arroyos mientras un pequeño grupo de
alcaldes y administradores del área de Miami se reunían en Pinecrest, una de
las 34 municipalidades del condado de Miami-Dade. Se reunieron por invitación
del alcalde de Pinecrest para hablar del creciente nivel del mar, pronosticado
desde hace mucho tiempo por los científicos que estudian el cambio climático, y
que ahora inunda periódicamente sus ciudades. El estado de ánimo en la
habitación estaba entre el pesimismo y el pánico.

En el programa: hacer mapas de pronóstico para priorizar
cuáles serán los caminos, escuelas y hospitales que se habrán de salvar
conforme las aguas crecen; cómo evitar que el agua salada penetre en el manto
acuífero; y qué hacer con respecto a 1.6 millones de pozos sépticos cuyo
deterioro podría provocar un desafío de saneamiento digno del Tercer Mundo.
Alguien también planteó la posibilidad de que el mar devorara la cercana
central nuclear de Point Turkey.

La escala de la catástrofe que amenaza al sur de Florida
(propiedades con un valor de 69 000 millones de dólares están en riesgo de
inundarse en menos de 15 años) se desarrolla como una película de desastres de
gran presupuesto, pero su resolución se ha dejado en gran medida en manos de
líderes políticos y de negocios locales en habitaciones diminutas como la sala
consistorial del Centro Municipal de Pinecrest. Su mayor problema es el mismo
con el que los científicos climáticos han luchado durante décadas: crear un
sentido de la urgencia. Antes de levantar la sesión, los alcaldes consideraron
la posibilidad de encontrar una mascota para llamar la atención de las
personas, como un Oso Smokey del cambio climático o un Búho Woodsy de la
campaña “Give a hoot, don’t pollute” (Da un grito, no contamines). Jim Cason,
alcalde de Coral Gables, sugirió contratar a un luchador de la WWE para realizar
anuncios de televisión y en marquesinas con el eslogan “Cambio climático: el
problema es más grande de lo que crees”.

TAMBALEÁNDOSE: En varios vecindarios de Florida las calles
se inundan periódicamente durante las lluvias torrenciales; en algunos, incluso
hay peces grandes en lagunas que alguna vez fueron césped.

JOE RAEDLE/GETTY

La ironía, de que los líderes locales de Miami aún tengan
que vender la urgencia del creciente nivel del mar, se agudizó cuando la
reunión se aplazó y los participantes se retiraron en un velo de lluvia durante
lo que, supuestamente, era la temporada de sequía de Florida. Pequeños charcos
se formaron en las calles, otro día bastante común en una ciudad donde los
informes de peces que nadan en avenidas inundadas y en los jardines traseros
durante las tormentas y la marea alta se vuelven cada vez más comunes. Casi
todos conocen a alguien cuyo auto se ha detenido en las crecientes aguas, y
actualmente, la policía de Miami insta a los conductores a que lleven martillos
especiales para romper ventanas, en previsión de tales incidentes.

Aproximadamente 2.4 millones de personas del área de Miami
viven a menos de 1.2 metros por encima de la línea de marea alta, y se espera
que el océano aumente entre 2 y 9 metros para 2100. Ochenta y cuatro años son
mucho tiempo, pero el agua no aumenta así de repente. Ya está ocurriendo. Poco
a poco, la lenta inundación de Miami ha comenzado, afectando la infraestructura
y la vida en una de las ciudades más sexys del mundo.

Los líderes de negocios del Sur de Florida e incluso
muchos políticos republicanos locales ya no niegan el cambio climático. Ahora,
en la letra pequeña de las resoluciones y memorándums que se distribuyen entre
las distintas fuerzas especiales de la zona, es posible ver el mantra “Elevar.
Aislar. Trasladar”. El abandono de algunas partes de la comunidad ante la
crecida del agua ya se acepta como algo inevitable. Incluso los cálculos más
conservadores suponen que un porcentaje de la próxima generación de floridanos
se convertirá en estadounidenses desplazados interiormente, refugiados del
cambio climático.

Mientras los aterrorizados responsables de la política de
Miami reflexionan sobre terribles asuntos relacionados con el clima, como la
posibilidad de reubicar a personas e infraestructura, los dos candidatos a la
presidencia de Florida permanecen en silencio. El senador Marco Rubio y el
exgobernador Jeb Bush han hecho caso omiso del problema. Bush ya no tiene
ningún elector a quien responder, pero Rubio sí. En la ruta electoral, pasa por
alto las preguntas sobre el cambio climático diciendo, “No soy científico”. Su
silencio marca una diferencia abismal a los hechos del senador más antiguo de
Florida, Bill Nelson, demócrata y ex astronauta. El año pasado, Nelson organizó
una infrecuente audiencia de campo del senado en Miami Beach acerca del aumento
del nivel del mar, y habla frecuentemente acerca del asunto en el Senado.

Los demócratas del área de Miami se muestran,
previsiblemente, severos con respecto a la indiferencia de Rubio, usando
palabras como “inútil”, y “una pérdida de tiempo”. Pero incluso los
republicanos locales están cansados de fingir que no necesitan botas de
pescador para atravesar la ciudad. Antonio Argiz, presidente y director
ejecutivo de una compañía de contabilidad y expresidente de la Cámara de
Comercio del Gran Miami, vive cerca de la costa de Coral Gables. Actualmente,
deja su sedán aparcado en un terreno elevado durante las lluvias torrenciales y
envía mensajes de texto a su esposa para que lo recoja al final de su calle en
la SUV familiar, en lugar de arriesgarse a quedarse varado en medio de las
crecientes aguas. “Pienso que decir, ‘No soy científico’ es una postura
equivocada”, dice Argiz. “El cambio climático destruirá nuestra economía, tarde
o temprano. Pienso que, como todo en la vida, uno debe enfrentar las cosas
directamente y hallar soluciones, y no esperar hasta el último minuto… [Si]
esto continúa como lo ha hecho en los últimos seis o siete años, tendremos un problema
muy importante dentro de 15 o 20 años”.

La comisionada de Condado, Rebeca Sosa, consejera política
local de Rubio, ha presidido un destacamento especial para asuntos climáticos
desde 2013 y ha patrocinado más de una docena de propuestas, incluyendo las
mejoras al alcantarillado y la compra pública de litoral en peligro. Ella
justifica el silencio de Rubio como un acto de precaución. “No es un
científico, [no es] capaz de decir cuál es la causa… [D]ebemos tener cuidado.
Los extremistas pueden provocar un bloqueo económico al hacer que las personas
piensen que no deben invertir en Estados Unidos porque estaremos bajo el agua”.

Rubio vive en Miami occidental, a 2.7 metros por encima
del nivel del mar y varios kilómetros tierra adentro. Cuando visité su vecindario
durante esa tormenta de enero, se había formado una laguna poco profunda en
medio de su calle y la acera estaba bajo el agua. Conforme la capa freática
aumenta, el agua subterránea burbujea hacia arriba a través de las
alcantarillas pluviales. Conforme esto ocurra más a menudo, causará que más de
un millón de pozos sépticos en la zona se revienten, y si no se toman
precauciones, eso contaminará al agua subterránea. En ese momento, la ciudad
estará, literalmente, nadando entre excremento.

Rubio no siempre evitó el tema. Cuando era legislador de
Florida, dijo que el cambio climático daba al Estado la oportunidad de
convertirse en un líder de la energía no contaminante. “Esta nación y, en
última instancia, el mundo, está en camino hacia una diversificación de
impuestos a la emisión de gases y de energía”, declaró en 2007. “Esos cambios
requerirán avances tecnológicos que harán que esas medidas resulten
redituables. La demanda de tales avances creará una industria capaz de
satisfacerla. Florida debe convertirse en el Silicon Valley de esa industria”.
En la ruta electoral, pocas veces habla de la energía no contaminante.

Cuando se postuló al Senado estadounidense en 2010, Rubio
era un favorito del Partido del Té, con su actitud libertaria de “¡Perfora, nena,
perfora!” y su negación de la ciencia. Dejó de hablar sobre la energía no
contaminante y empezó a cuestionar abiertamente la ciencia climática. En el
programa This Week de ABC, transmitido en mayo pasado, dijo, “No creo que la
actividad humana haya provocado estos cambios tan notables en nuestro clima en
la forma en que los científicos lo presentan, y no creo que las leyes que nos
proponen aprobar puedan hacer algo al respecto, excepto destruir nuestra
economía”.

En el único debate presidencial republicano en el que un
moderador preguntó acerca del cambio climático, Rubio dijo, “No vamos a
convertir a Estados Unidos en un lugar donde sea más difícil generar empleos
para perseguir políticas que no harán nada, absolutamente nada para cambiar
nuestro clima”, dijo Rubio. “No vamos a destruir nuestra economía en la forma
en que nuestro gobierno de izquierda quiere que lo hagamos”.

Como senador de Estados Unidos, Rubio firmó la promesa de
“ningún impuesto climático” circulada por los cabilderos anti-impuestos,
prometiendo que no apoyaría un impuesto sobre las emisiones de carbono. Ha
dicho que daría marcha atrás a las acciones de la Ley de Aire Puro de Obama, y
apoya la realización de más perforaciones en la costa y el gasoducto de
Keystone XL. Este mes, Rubio obtuvo el apoyo del senador de Oklahoma James
Inhofe, presidente del Comité de Obras Públicas y Medioambiente del Senado, un
organismo legislativo que, en teoría, organizaría las audiencias sobre qué
hacer si una ciudad estadounidense queda inundada por el aumento en el nivel
del mar. Pero Inhofe es un negador de la ciencia climática que una vez ilustró
su creencia que la Tierra no se está calentando al arrojar una bola de nieve
sobre el Senado. Inhofe declaró a Newsweek que todavía sostiene que “el clima cambia
perpetuamente” y que las emisiones de gases de carbono tienen efectos mínimos
sobre él.

El silencio de Rubio sobre el problema de Florida no
concuerda con los deseos de su electorado. En una encuesta realizada en junio
de 2015 en el 27º distrito electoral de Florida, que comprende Miami, donde
Rubio vive, se descubrió que 81 por ciento de los encuestados piensan que el
cambio climático es un problema que el congreso debe abordar, y 82 por ciento
deseaba que el congreso apoyara formas económicas para mitigar el problema.

La mayor parte de la responsabilidad (y del pánico) ha
caído sobre los gobiernos municipales en y alrededor de Miami. Han creado
destacamentos especiales locales y regionales. Uno de los más grandes es el
Acuerdo Regional sobre él Cambio Climático del Sureste de Florida, un
compromiso conjunto de cuatro condados para promover la “resistencia al clima”;
ha desarrollado un programa legislativo y político para la defensa estatal y
federal. El Destacamento Especial para él Aumento del Nivel del Mar del Condado
de Miami-Dade, constituido en 2013, ya ha recomendado que el gobierno empiece a
comprar tierras que, según pronósticos, quedarán bajo el agua.


NO HAY MOROS EN LA COSTA: Los expertos calculan que
propiedades con un valor de 69 000 millones de dólares en el sur de Florida
podrían quedar inundadas para 2030.

LYNNE SLADKY/AP

Las municipalidades más pequeñas también trabajan
contrarreloj. Cason, el alcalde de Coral Gables, asignó dinero del presupuesto
de su ciudad para contratar a expertos en ingeniería y cambio climático, y
encargó la realización de un mapa del nivel del mar/aumento, para pronosticar,
en incrementos de 7 pulgadas (17.7 centímetros), qué caminos y edificios son
los más vulnerables. Philip Levine, alcalde de Miami Beach, aumentó el impuesto
a las alcantarillas pluviales locales para adquirir bombas por un valor de 100
millones de dólares para vaciar las calles inundadas durante la marea alta y
hacer modificaciones al sistema de drenaje de la ciudad. Planea gastar otros
300 millones en bombas. Philip Stoddard, alcalde de Miami Sur, encargó la
realización de un estudio de vulnerabilidades. “La gente no lo entiende aún”,
dice. “Es una de esas cosas que avanzan lentamente sobre nosotros. Lo primero
es que los pozos sépticos estarán en riesgo. El día que esto ocurra, el día en
que tires de la cadena del excusado y veas excremento en tu bañera, será
entonces cuando las personas comiencen a mudarse a hoteles”.

Ausente en este vendaval de actividad, en cuerpo y
espíritu, está el senador junior de Florida, que es capaz de frustrar y
enfurecer a los líderes locales. “Estamos trabajando aisladamente”, señala
Cindy Lerner, alcaldesa de Pinecrest. “Somos los primeros que debemos
responder. Debemos planificar y proteger a nuestros ciudadanos. No podemos
esperar a que llegue la caballería. Nosotros somos la caballería. Rubio es un
inútil. Es un negador”.

Levine de Miami Beach dice, “Marco Rubio es un derrotista.
No nos ha ayudado. Es una pérdida de tiempo para nosotros”. Stoddard de Miami
Sur acusa a Rubio de responder a los intereses del combustible fósil, y no a su
electorado. “No ha reconocido que el cambio climático está destrozando la
economía. Él apoya a la industria de carbón a expensas del ambiente y del
futuro”.

La oficina de campaña de Rubio no respondió a las
preguntas enviadas por correo electrónico ni a las llamadas telefónicas hechas
a sus oficinas sobre sus posturas sobre la ciencia del cambio climático y las
soluciones al problema del nivel del mar de Miami, ni tampoco lo hizo su
oficina del senado, excepto por su envío a Newsweek de un mensaje de correo
electrónico con la transcripción de su respuesta a la única pregunta sobre el
cambio climático que se hizo en los debates republicanos y un artículo de
opinión que escribió en 2007 para el Miami Herald. En ese artículo criticó los
límites máximos a las emisiones de carbono señalando que eran negativos para la
economía, y apoyó al etanol y los incentivos fiscales para la eficiencia
energética.

En octubre pasado, el Grupo de Cabildeo de Ciudadanos por
el Clima envió una carta a la delegación del Congreso y a dos senadores de
Florida, firmado por 55 alcaldes locales y dirigentes de la economía, en la que
se decía, “creemos que es tiempo de que el Congreso reconozca lo que nosotros
en el Sur de Florida ya sabemos: que los crecientes costos del aumento del
nivel del mar y otros impactos climáticos constituyen una seria amenaza para la
estabilidad económica y la futura habitabilidad del Sur de Florida. Les
instamos a que representen nuestros intereses y preocupaciones sobre este
tema”. Rubio nunca respondió.

De acuerdo con el Centro de Políticas de Reacción, que
sumó presentaciones de la Comisión Federal de Elecciones y donaciones de todo
tipo de fuentes, el máximo donante de campaña para Rubio y para los comités de
acción política aliados con él de 2009 a 2016 fue el Club para el Crecimiento,
cuya postura es contraria a la ciencia climática. Si se convierte en el candidato
presidencial republicano, también puede beneficiarse de la generosidad de
campaña de los hermanos Koch, que también están en contra de la ciencia
climática y que han prometido aportar mil millones de dólares a las elecciones
generales. En una conferencia de donantes que los Koch ofrecieron en enero de
2015 en el Ritz-Carlton, en Rancho Mirage, California, Rubio era uno de los
cinco candidatos republicanos que estaban en consideración, y ganó un sondeo
informal no oficial.

Los generosos donantes de los combustibles fósiles podrían
no ser la única razón por la que Rubio pasa por alto a los peces en las calles
de Miami. La negación de la ciencia climática es común entre los republicanos
de Florida, así que está en sintonía con muchos miembros de su partido. El
gobernador Rick Scott incluso ha prohibido hablar del cambio climático y del
calentamiento global en las declaraciones públicas realizadas por los empleados
y contratistas del estado.

A los líderes locales, entre ellos algunos alcaldes,
comisionados de condado y hombres de negocios, les preocupa que la
planificación climática “alarmista”, por ejemplo, los informes de los
destacamentos especiales que pronostican cosas como la reubicación de personas,
pudiera asustar a desarrolladores, bancos y aseguradoras. Al carecer de un
impuesto sobre la renta, el estado de Florida y el área de Miami dependen de
los impuestos prediales y del turismo para sobrevivir. Los bienes raíces de
Miami están al alza, y ello está impulsado en parte por los sudamericanos que dejan
su capital en la seguridad de Norte, muchos de ellos, invirtiendo en las
docenas de altos edificios que se elevan a lo largo de la costa sin ninguna
consideración al creciente nivel del mar. Los legisladores locales no han
escrito ningún código aún. Mientras tanto, los dirigentes de la economía temen
que a las hipotecas a 30 años pueda ocurrirles lo mismo que al pájaro dodo en
Miami, y los expertos pronostican que los seguros a la propiedad y contra
inundaciones se volverán demasiado costosos o que incluso dejen de estar
disponibles.

Wayne Pathman, abogado de bienes raíces de Miami, es el
presidente entrante de la Cámara de Comercio de Miami Beach. En una entrevista
en su oficina que da a la Bahía de Biscayne, dice que los bancos aún no han
echado por la borda las hipotecas a 30 años, pero “existe la posibilidad de que
lo hagan”, y espera que “empiecen a analizar cómo conceden hipotecas y protegen
su garantía” conforme aumenta el nivel del mar.

La primera orden de Pathman como presidente de la Cámara
será reunir a los desarrolladores con los científicos climáticos en seminarios
esta primavera. Es bipartidista, y bromea diciendo que las fotografías
enmarcadas de él con los Clinton y los Obama en su oficina pueden ser
reemplazadas rápidamente con otras de Bush y otros republicanos si es
necesario. Dice que su objetivo es impulsar la acción política informando a los
hombres que autorizan los cheques para los políticos. “Es posible que alguien
pueda argumentar lo que Rubio argumenta ahora, pero no dentro de 10 años,
cuando se presente una desaceleración de la economía local y las personas
digan, ‘mi casa solía inundarse cuatro días al año. Ahora son 26 días al año’”,
señala Pathman.

En medio del creciente pánico, también existe la sensación
de que el Sur de Florida podría convertirse en líder para encontrar soluciones,
como Rubio sugirió alguna vez. Un republicano bisoño del área suburbana de
Miami, el representante Carlos Curbelo, ha asumido una función de liderazgo en
Capitol Hill sobre el cambio climático. Incluso escribió un artículo de opinión
para el Miami Herald titulado “El cambio climático no puede ser un asunto
partidista”. Fue el primer republicano de la Cámara que copatrocinó una
resolución el año pasado que reconoce que el cambio climático es un problema
que debe abordarse. La representante Ileana Roes-Lehtinen, otra republicana de
Miami, también se alistó.

Pero hay un camino largo e incierto desde una resolución
de la Cámara hasta los miles de millones de dólares que Miami necesita para
afrontar lo que viene. Harvey Ruvin, que durante mucho tiempo ha sido
Secretario de los Tribunales del Condado de Miami-Dade, un demócrata en un
puesto neutral y una Casandra local sobre el cambio climático durante más de 20
años, ha propuesto que el gobierno federal cree una especie de sitio de
Superfund para catástrofes naturales como el aumento del nivel del mar de
Miami. Otros destacamentos especiales sobre el cambio climático de la zona han
sugerido esfuerzos federales más modestos, como incentivos fiscales y períodos
de disminución de pago de hipotecas para ayudar a los propietarios a actualizar
sus sistemas sépticos. Hasta ahora, ninguna de esas ideas ha sido analizada en
Washington.

Con nadie al volante en Washington o Tallahassee, los
líderes comunitarios de Miami apelan al sector privado para obtener fondos de
rescate. El condado de Miami-Dade solicitó recientemente una subvención de la
Fundación Rockefeller. Los alcaldes que acudieron a Pinecrest analizaron la
idea de solicitar ayuda de los millonarios Bill Gates, Mike Bloomberg y Richard
Branson. Pathman de la Cámara de Comercio de Miami Beach y varios alcaldes
municipales insisten en que el ingenio y la tecnología humana puedan salvar a
su ciudad si la acción comienza ahora. Pero para 2030, 69 mil millones de dólares
en propiedad de en Florida se inundará con la marea alta, de acuerdo con “Risky
Business: The Economic Risks of Climate Change in the United States” (Negocios
riesgosos: El riesgo económico del cambio climático en Estados Unidos), un
estudio financiado por Bloomberg, el ex secretario de Estado Hank Paulson y Tom
Steyer, el rico ambientalista de California.

Mientras los alcaldes del área de Gran Miami buscan una
gran mascota para informar a la comunidad sobre el cambio climático (quizás
alguien como un luchador profesional), su senador junior ha estado ausente, y
lo estuvo incluso antes de que la política principal lo separara de su hogar y
del senado. Los líderes cívicos del área, que enfrentan la mayor amenaza de la
historia para el futuro de su comunidad, si no es que para todo el Estado (el
creciente nivel del mar), se preguntan ¿dónde está Marco?

“Este es un tema para el cual los miembros de nuestro
partido necesitan un poco de valor y un poco de aceptación, porque durante
tantos años se ha esperado que los republicanos pasen por alto estas
preocupaciones”, dice Curbelo. “Pero los miembros están llegando. Unos cuantos
incluso me han presentado sugerencias. Más republicanos se están aliando con
nosotros. Desafortunadamente, el tiempo no está haciéndolo”.

Publicado en cooperación con Newsweek/ Published in cooperation with Newsweek