El Chapo, el chico bueno de la foto

El talón de Aquiles de Pablo Escobar Gaviria, fundador, máximo líder y jefe del Cártel de Medellín, fue su vanidad. Una vanidad descontrolada que lo embruteció, le cegó la razón, lo hizo sobreexponerse, bajar la guardia y cometer errores descomunales que terminaron con su acorralamiento y, al final, con su muerte.

Lo dice su hijo, Juan Pablo Escobar, al revelar que contactó a su familia “más de lo debido”, lo que permitió que los agentes de la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) lo interceptaran.

Inteligente, calculador, el Patrón creó una “pantalla” a fin de proteger su lucrativo negocio de tráfico de drogas. Se construyó la imagen de hombre respetable y se relacionó con políticos, abogados e inversionistas. Financió obras en beneficio de los pobres, entre ellas cincuenta campos de fútbol, o un barrio entero llamado “Medellín sin tugurios”, también conocido como “Barrio Pablo Escobar”.

Mediante la extorsión, fue electo como suplente al Senado por el Movimiento Alternativa Liberal. Su afición a las carreras de autos le permitió participar en la Copa Marlboro y la Copa Renault 4 en el Autódromo Ricardo Mejía de Bogotá, en 1979. Incluso, en 1982 acudió a la toma de posesión de Felipe González, el tercer presidente de la España tras la dictadura de Francisco Franco.

Esta sobreexposición hizo que en 1983, el director del periódico El Espectador, Guillermo Cano Isaza, revelara la actividad delictiva de Escobar. El Congreso le suprimió la inmunidad parlamentaria y el ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, inició la investigación que comprobó el uso de dinero de dudosa procedencia en sus actividades políticas y en los equipos de fútbol nacionales de su propiedad.

Y fue precisamente eso, la vanidad, lo que provocó su caída. El mismo pecado cometido por Joaquín Guzmán, el Chapo, y que derivó en su reaprehensión en Los Mochis, Sinaloa, el pasado viernes 8 de enero.

De otra forma, ¿cómo entender que alguien que creó desde las sombras un imperio delictivo valuado en 1000 millones de dólares, capaz de colocarlo en la posición 67 de los “más poderosos” del planeta según la revista Forbes, de corromper a todo el sistema, de evadirse de dos prisiones de máxima seguridad, que alguien que todo lo podía, se contagiara del síndrome de Pablo Escobar?

Hoy se sabe que el líder del Cártel del Pacífico tenía una necesidad impostergable de contar SU historia y deslindarse así de ese perfil criminológico que lo ubicaba como un sujeto que acumula un gran odio contra la sociedad, calculador, inteligente, y que cuando él y su familia son agredidos, utiliza todos los medios a su alcance para vengarse en el momento más oportuno y para hacer el mayor daño posible.

El perfil elaborado por peritos psicólogos en criminología de la PGR sostiene que “es considerado un individuo de alta peligrosidad, que define claramente sus metas y la forma de alcanzarlas, utilizando sus habilidades de planeación, organización, negociación y proyección al futuro; siendo él mismo responsable directo de la planeación y seguimiento de sus acciones para concretar exitosamente sus objetivos.

“Su tenacidad es producto del sentimiento de inferioridad que le produce el factor endógeno concerniente a su baja estatura de 1.55 metros, que refleja mediante una expresión de superioridad intelectual y de ambición desmedida por el poder”.

El análisis señala que se reconoce a sí mismo como un líder con buenos sentimientos, caracterizado por su egocentrismo, seductor, en apariencia espléndido y protector. Una de sus debilidades es el temor a la pérdida de lo que considera sus logros, en primera instancia, su libertad, lo que le produciría un estado depresivo.

Y aquí un elemento clave: “Su necesidad de convivencia social puede llevarlo a la pérdida de su bien más preciado, que es la libertad”. Y como si fuera el guion de la película autobiográfica que planeaba, así ocurrió.

De hecho, el periodista y escritor argentino Diego Fonseca reveló que desde 2012, una editora del sello Aguilar le llamó para proponerle que fuera el autor del texto con el que el Chapo quería “narrarse a sí mismo, cansado de que la historia lo tuviera del lado de los malos y no como un bandido con corazón”.

Un cirujano plástico amigo del capo sería el contacto. Fonseca sería citado en distintos aeropuertos, recogido por empleados del delincuente a quienes debería entregar su teléfono celular, computadora y pasaporte. Sería encapuchado para viajar por tierra hasta el lugar de la entrevista donde “debería conversar con Guzmán Loera del tema que él quisiera, por el tiempo que fuera necesario y sujeto a su humor”.

Los mensajes SMS, enviados con irregularidad, sin patrón alguno, siempre desde un teléfono nuevo, continuaron por varios meses con la afirmación de que el proyecto continuaba, “pero un día, al cabo de unos seis meses, sus SMS se acabaron tan inesperadamente como comenzaron. En una última comunicación, el cirujano dijo que suspendía los contactos por cuestiones de seguridad”.

Y luego vino la captura, la huida de El Altiplano, la recaptura en Los Mochis y la historia de la entrevista que le hicieron los actores Kate del Castillo y Sean Penn para la revista Rolling Stone que, según el punto de vista de Fonseca, “hace sobre todo increíble la determinación de Guzmán Loera por volverse propagandista de sí mismo. Y es comprensible: todos deseamos ser aceptados. Con su libro y su película, el Chapo quería limpiar su legajo de las maldiciones ajenas, peinarse como el chico bueno de la foto. Que el mundo entendiera que aquel criminal brutal era un bandido romántico amado en su tierra”.

Amado en su tierra y amado por mujeres bellas.

FOTO: FREDERIC J. BROWN/AFP

LAS “MUCHACHITAS” DEL CHAPO

—…Ya que tengo muchas ganas de conocerte y llegar a ser muy buenos amigos. Eres lo mejor de este mundo. Seremos muy buenos amigos. Tú ponte de acuerdo cuándo puedes regresar. Ojalá que sea pronto, vale más esperarnos a que todo lo prepare con una semana. Yo te tendré súper todo para que no vayas a tener ningún detalle, que me sentiría muy mal. Ten fe en que estarás a gusto. Te cuidaré más que a mis ojos.

—Me mueve demasiado que me digas que me cuidas, jamás nadie me ha cuidado, ¡gracias! ¡Y tengo libre el siguiente fin de semana!

Esta es parte de la conversación que, el 25 de septiembre de 2015, cual si fuera el guion de una telenovela, sostuvieron Joaquín Guzmán y la actriz Kate del Castillo, vía celular, y que permitiría que el 2 de octubre se reunieran junto con el director y productor cinematográfico Sean Penn, para una “entrevista” pactada para la revista Rolling Stone.

El objetivo era establecer los contactos para producir una película autobiográfica sobre el capo. De hecho, pidió a sus abogados iniciar el proceso de registrar su nombre “Joaquín el Chapo Guzmán” y “El Chapo Guzmán” como marca ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual, lo cual le fue negado en dos ocasiones.

Sin embargo, las autoridades de México y Estados Unidos investigan si la relación iba más allá de la producción de ese filme. Hasta ahora se sabe que preparaban otros negocios que incluían inversiones en compañías registradas en Delaware, Estados Unidos, lo que podría configurar los delitos de operaciones con recursos de procedencia ilícita en territorio nacional, y de lavado de activos en el vecino país.

En su cuenta oficial de Twitter, la protagonista de La reina del sur escribió: “Gracias por su apoyo. Como era de esperarse muchos han decidido manipular la información y fabricar historias falsas para distraernos del verdadero tema. Pronto contaré mi versión”.

El expediente criminal del Chapo revela su debilidad hacia las mujeres. Legalmente se ha casado en tres ocasiones (con Alejandrina Salazar, Griselda López Pérez y Emma Coronel), aunque trascendió que ha tenido siete parejas con las que ha procreado dieciocho hijos.

Con Salazar, familiar de Héctor Luis Palma Salazar, el Güero, su socio, contrajo matrimonio en 1977. Treinta años después se casó con Emma Coronel Aispuro, quien es sobrina del fallecido Ignacio Coronel Villarreal, el Nacho, operador financiero del Cártel de Sinaloa. Emma Coronel fue reina de belleza de la comunidad de Canelas y al momento de su unión ella tenía dieciocho años, frente a los 49 de Joaquín Guzmán.

Durante el tiempo que permaneció en la prisión de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco, de la que se fugó por primera vez el 19 de febrero de 2001, mantuvo una relación con Zulema Hernández, también interna de la cárcel pero en la sección de mujeres. En diciembre de 2008, la mujer fue asesinada a manos de Los Zetas, grupo enemigo del Chapo.

EL HEREDERO DEL CÁRTEL

El Cártel de Sinaloa no necesita de Joaquín Guzmán para continuar sus operaciones delictivas. Tras la recaptura del capo, conocedores del tema estiman que el control de la organización quedará en manos de su socio, Ismael Zambada García, el Mayo, quien compartiría la jefatura con Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar, hijos del narcotraficante.

Aunque la tragiconovela parezca que aquí termina, lamentablemente no es así. El Chapo ya es leyenda y su vergonzoso negocio continúa.