Hay pruebas claras de que Putin ataca a civiles sirios

Este artículo fue publicado por primera
vez en el sitio del Atlantic Council.

Desde su inicio, a finales de septiembre de
2015, los ataques aéreos rusos han desplazado a más de un cuarto de millón de sirios.

De acuerdo con Amnistía Internacional, los
daños a civiles atribuibles a Rusia van en aumento. “Corrimos por nuestras
vidas. No logramos llevar nada con nosotros. Ni siquiera unas mantas,
nada”, afirma Fátima, que huyó de Kafr Nboudha, en el departamento de Hama,
hacia un campamento improvisado llamado Jabal Harem del lado sirio de la
frontera con Turquía.

Con las fronteras cerradas más herméticamente
que nunca, temperaturas que alcanzan los -5 °C y los continuos ataques aéreos,
los sirios recién desplazados no tienen a dónde ir. Como me dijo un oficial de
NU, “Todos los días hay un nuevo desplazamiento… nuevas llegadas… nuevas
necesidades.”

Kafr Nboudha es una ciudad que
experimentaba una relativa calma hasta hace tres meses, cuando escuadras de
cazas rusos empezaron a bombardearla. “Pareciera que los rusos están
terminando el trabajo que el régimen [sirio] empezó en 2011”, declaró Abu
Qusai, un antiguo residente.

Antes de este bombardeo, Kafr Nboudha,
situada junto al pueblo de Allawi, en poder del régimen, había negociado una
tregua con el gobierno en el verano de 2014. Como resultado del prolongado cese
de fuego, las personas desplazadas por los enfrentamientos en otras áreas se
mudaron allí en busca de seguridad. Cuando comenzaron los ataques rusos, los residentes
a los que entrevisté dijeron que más de la mitad de la población de Kafr
Nboudeh estaba compuesta por desplazados de otras regiones de Siria.

Los ataques aéreos rusos contra las ciudades
controladas por la oposición, como Kafr Nboudha, desplazan a los sirios que creían
estar seguros, y reactivan frentes de batalla en Hama, Latakia, Aleppo y Deraa.
Campamentos improvisados de personas desplazadas internamente (PDI) en Siria
luchan por sobrevivir con el nuevo flujo de refugiados.

Jabel Harem es un campamento de PDI en el
noreste de Siria, sobre la frontera con Turquía, hacia donde los sirios han
estado huyendo. Está abarrotado y aloja a dos o tres familias por carpa en un
lodoso huerto de olivos, y no cuenta con los suficientes servicios, agua o alimentos.

Anas, agricultor convertido en director de
un campamento de PDI, me dijo que las condiciones eran difíciles y que las
personas están perdiendo la esperanza. Grupos armados como el Frente Nusra
también han interferido con la organización del campamento, exigiendo a los directores
del campamento ciertos beneficios para sus propias familias.

Conforme el ejército del régimen avanza
hacia el norte y los ataques aéreos ocurren más cerca de la frontera entre
Siria y Turquía, los residentes temen que la relativa seguridad que encontraron
en el campamento sea efímera.

Dado que los rusos también atacan ciudades
en las que ha habido una relativa pausa en la violencia debido a las treguas
con el régimen, como Kafr Nboudha, los residentes no son tan conscientes de los
peligros de la vida cotidiana bajo los ataques aéreos del régimen ni de cómo
protegerse a sí mismos.

De las áreas controladas por la oposición,
Kafr Nboudha es una de las pocas ciudades controladas por los rebeldes en las
que los residentes no han sustituido las ventanas de vidrio con hojas de plástico
ni han cavado sencillos refugios en forma de trinchera para protegerse contra los
ataques aéreos y los bombardeos.

Cuando llegaron los aviones caza rusos,
los residentes estaban totalmente desprevenidos. “Huimos sin mantas, sin nada.
Los ataques empezaron a la una de la mañana. No estábamos acostumbrados a los
ataques de noche porque ellos [los sirios] generalmente atacaban esta área durante
el día”, afirmó un antiguo residente.

El Estado Islámico (ISIS) no tiene ninguna
presencia en Kafr Nboudha, contrario a las afirmaciones de los rusos, que señalan
que están bombardeando al grupo extremista. Como señaló Izdihar, otra antigua
residente y madre, “Teníamos a muchos niños y ancianos. Ellos [los ataques
aéreos rusos] cayeron sobre la familia Hawarneh. Mataron a toda una familia de
ocho personas. Sólo quedó una niña de tres años. Ella está con su tío ahora. Que
Dios la proteja. Antes, había estudiantes y escuelas, y ahora no hay nada. No
queda nada. Todo se ha ido. Las casas, el Consejo local, las escuelas.”

Los ataques contra Kafr Nboudha, ciudad que
tenía una tregua con el gobierno sirio, destacan los motivos de los ataques aéreos
rusos. Los rusos no tienen a ISIS como su blanco principal, y ni siquiera como
el secundario, sino que su objetivo son las áreas no controladas por ISIS como
la zona rural de Latakia, Aleppo y Deraa. Los ataques aéreos rusos debilitan al
Ejército Sirio Libre (ESL), que defiende a los civiles contra ISIS.

Rami Jarrah, que dirige ANA Press, la estación
de medios de comunicación siria, observa que los combatientes de ISIS que están
siendo bombardeados por los ataques dirigidos por Estados Unidos se moverán
hacia territorios controlados por el ESL en un momento en que los ataques aéreos
rusos y del régimen los han debilitado. Este vacío de fuerzas de defensa
locales podría ser desastroso para los civiles.

Muchos civiles en áreas opositoras temen
criticar a ISIS en caso de que el grupo conquiste nuevos territorios o infiltre
su área anteriormente libre de ISIS conforme avanza hacia Aleppo desde Raqqa y
Deir Ezzour.

Kafr Nboudha no es la única ciudad donde
las fuerzas rusas y del régimen atacan a los civiles.

En diciembre, ataques rusos y del régimen
sirio fueron responsables de dos tercios del total de muertes de civiles. Incluso
antes de la intervención rusa, la revista médica The BMJ aseveró que los
bombardeos aéreos, incluidas las bombas de barril, los misiles y otras armas
explosivas, eran la principal causa de muerte en niños, expresando su
naturaleza inherentemente indiscriminada.

Desde el 30 de septiembre de 2015, las
fuerzas armadas rusas han lanzado miles de estos ataques más. Human Rights
Watch también ha documentado el uso de municiones en racimo en Siria por parte
de Rusia, las cuales están prohibidas por las leyes internacionales como un
arma indiscriminada.

Desde el 30 de septiembre de 2015, Rusia
no ha cumplido con la Resolución 2254 del Consejo de Seguridad de NU, que
“exige que todas las partes cesen de inmediato cualesquier ataques contra
civiles y objetos civiles.” Apenas tres días después de que NU adoptó dicha
resolución, los ataques aéreos rusos en la ciudad de Idlib destruyeron centros
de salud y de servicios públicos, así como edificios de departamentos, matando
a 50 civiles e hiriendo a 170.

El aumento en la violencia contra civiles
es claramente un desastre humanitario, pero los ataques aéreos rusos también destruyen
cualquier oportunidad de lograr una paz duradera.

Como dice Abdelaziz Kanaan, un coronel que
desertó del régimen para unirse al ESL, refiriéndose a los ataques contra
civiles y grupos moderados de oposición armados, si el plan fuera “matar a
cualquiera que pudo haberse sentado en la mesa de negociación”, parece
estar funcionando.

No queda nadie en Kafr Nboudha que pueda
representar a las personas en futuras negociaciones. La incapacidad de los
sirios para estabilizar sus vidas, desarrollar sistemas de gobierno locales y dar
un poco de normalidad a sus hijos significa que el desplazamiento, el
extremismo y las cicatrices psicológicas y físicas de esta generación no harán
más que empeorar.


Publicado en cooperación con Newsweek // Published in cooperation with Newsweek