La
imagen de una Sudáfrica que realizó la transición pacífica de un estado
profundamente segregado para convertirse en una nación democrática colapsó la
semana pasada.
Surgieron
tensiones entre negros y blancos en una guerra en línea que destaca el largo
camino que aún debe recorrer la nación para escapar de la sombra del apartheid.
El más
reciente campo de batalla son las redes sociales. Este nuevo brote de guerra
racial fue desatado por publicaciones provocadoras hechas por Penny Sparrow,
política sudafricana de alto perfil de 68 años, miembro de la opositora Alianza
Democrática (DA, por sus siglas en inglés) y el franco economista Chris Hart.
Sus
afirmaciones provocaron en parte que el gobernante ANC emitiera una declaración
diciendo que impulsaría una legislación para criminalizar “cualquier acto
que perpetúe el racismo o glorifique el apartheid”. El partido declaró que
las leyes actuales son insuficientes para combatir el racismo El partido
opositor de izquierda Luchadores por la Libertad Económica (EEF, por sus siglas
en inglés), que es el tercer partido más importante de Sudáfrica y cuyo líder Julius Malema fue presidente de
la Liga Juvenil de ANC, dijo que éste había apoyado siempre las acciones para
criminalizar el racismo. Asimismo, según se informa, el DA también ha apoyado
esas acciones y declaró el 4 de enero que suspendería la membresía de Sparrow
en el partido. Dado que los tres principales partidos de Sudáfrica apoyan la
medida, es probarle que ésta sea aprobada.
El
incendiario tweet de Hart fue publicado el 3 de enero a sus casi 21,000
seguidores. Decía, “Mas de 25 años después del fin del apartheid, las
víctimas aumentan junto con una sensación
de merecimiento y odio contra las minorías”.
El
político intentó calmar la tormenta de Twitter al declarar que había hecho la
afirmación en el contexto de una economía en decadencia, pero la ira permaneció
inalterada. Después, fue obligado a disculparse diciendo que “nunca pensó
en ofender a nadie’, pero era demasiado tarde. Fue suspendido de su puesto como
estratega de inversión global en Standard Bank, una de las principales
instituciones financieras de Sudáfrica, y enfrenta una audiencia disciplinaria en
lo que su patrón ha descrito como comentarios con “connotaciones racistas”.
Las
expresiones de Hart palidecen en comparación con las de Sparrow, quien usó
Facebook para etiquetar a las personas de raza negra como “monos”, por tirar
basura en las playas, a las cuales tenían prohibida la entrada durante la era
del apartheid. Ella afirmó que permitirles la entrada es “invitar la presencia
de una gran cantidad de basura, problemas e incomodidad para los demás”. Su
propio partido, el DA, ha presentado una acusación judicial contra Sparrow,
afirmando que sus comentarios “no tiene cabida en la sociedad sudafricana”.
Cuando ella se dio cuenta de que su publicación había causado graves ofensas,
Sparrow publicó una disculpa negando que su intención hubiera sido hacer un
“insulto personal” a cualquier persona e insistiendo en que ella “no es
racista”.
En los
años recientes, no hay ningún otro lugar en el que los sudafricanos hayan
expresado de manera más vehemente su odio mutuo que en las redes sociales. En
enero de 2015, la Comisión Sudafricana de Derechos Humanos (SAHRC, por sus
siglas en inglés), un organismo que vigila el racismo, publicó hallazgos que
mostraron un aumento en los casos de discursos de odio en línea del tres por
ciento a 22 por ciento entre 2014 y 2015. Kayum Ahmed, director ejecutivo de SAHRC
en ese momento, atribuyó este incremento a que las personas “bajan la guardia
conforme el apartheid se convierte cada vez más en un recuerdo lejano para
muchas personas”.
Otra
causa para este brote de enemistad podría ser lo que los comentaristas han
descrito con el paso del tiempo como una reconciliación unilateral: las únicas
personas que han tenido que reconciliarse han sido las de raza negra, mientras
que las blancas han escapado a la necesidad de reflexionar sobre la dolorosa
historia del país. El arzobispo Desmond Tutu, presidente de la Comisión para la
Verdad y la Reconciliación (TRC, por sus siglas en inglés) a la que se
comisionó investigar acerca de flagrantes violaciones a los derechos humanos
perpetradas en Sudáfrica entre 1960 y 1924, reconoció en 2006 que la TRC no
había satisfecho las necesidades de las víctimas del apartheid.
La
transición de Sudáfrica hace la democracia fue milagrosa en comparación con
otras naciones como Nigeria, que tuvo que soportar décadas de luchas y guerra
civil. Tras 340 años de brutalidad en Sudáfrica, opresores y oprimidos lograron
negociar un acuerdo de paz. Dirigidos por el difunto presidente Nelson Mandela,
los sudafricanos encontraron un camino para reconciliarse y perdonar.
Sin
embargo, bajo la superficie de lo que parecía un país cada vez más cómodo
consigo mismo, se encuentra un odio en ebullición que fue desatado en las redes
sociales en las últimas semanas. Después de su disculpa, Sparrow ha defendido
aún más sus comentarios diciendo que ella únicamente “describía los hechos”,
mientras que Hart ha suspendido completamente sus cuentas en las redes
sociales. Sin embargo, sus comentarios han unido a opositores políticos (el ANC
y DA) en la lucha contra el racismo.
Pinky Khoabane es una escritora,
columnista y comentarista social radicada en Johannesburgo. Es fundadora de la
recién creada editorial Uhuru Press, cuyo objetivo es promover a los escritores
originarios y de raza negra.
Publicado en cooperación con Newsweek/ Published in cooperation with Newsweek.