Una noche, hace unos pocos años, Yunos Bakhshi y un pequeño grupo de amigos manejaron por la oscuridad hacia un campo a unos 25 kilómetros de Kabul. Para la Asociación de Astronomía de Afganistán, parecía ser la noche perfecta. Les habían asegurado que el campo había sido despejado de minas terrestres, y los talibanes por lo general no estaban activos en el área.
La iluminación de la base militar estadounidense de Bagram brillaba a la distancia, emitiendo un grado molesto de contaminación lumínica, el enemigo más común de un astrónomo. Pero el cielo estaba por lo demás oscuro y limpio; condiciones lo bastante buenas para observar el cúmulo estelar Messier 4 con su modesto telescopio. Bakhshi y sus amigos encendieron una parrilla y empezaron a alinear su telescopio montado en trípode para ubicar la brillante masa de estrellas, hallada en la constelación de Escorpio.
Después de unos pocos minutos, notaron los faros de un auto avanzando a saltos hacia ellos a través del campo. De repente, el grupo estaba rodeado de oficiales de policía agitados, apuntándoles con sus pistolas.
En la mayor parte del mundo, un astrónomo amateur puede manejar a un lugar oscuro, montar un telescopio y disfrutar de la belleza del cielo. Pero en Afganistán, un país azotado por 36 años de guerra, unos pocos hombres reunidos alrededor de un telescopio apuntando al cielo, en medio de la nada, se ve muy sospechoso. A la distancia, la policía pensó que el telescopio podría ser un lanzacohetes.
Después de una inspección cuidadosa, la policía todavía no podía comprender por qué alguien se sentaría en un campo, en el frío, para ver las estrellas. Aun cuando nunca antes habían visto un telescopio, concedieron que este probablemente no era un arma.
Después de tildar a los astrónomos de lerdos, la policía se fue. Asustados, la mayoría de los observadores de estrellas también se fueron, dejando a Bakhshi y otros dos. Poco después, oyeron helicópteros acercándose. Aterrados de que las fuerzas internacionales pudieran haberlos confundido con insurgentes, se echaron boca abajo en el suelo, orando porque la visión nocturna de los pilotos fuera lo bastante clara para reconocer un telescopio. El helicóptero pasó sobre ellos sin incidente, pero como dice Bakhshi: “Decir que es un poco difícil para nosotros es un eufemismo”.
La guerra en Afganistán ha cobrado un precio devastador a los civiles: muerte, desplazamiento, pobreza. Pero también afecta las vidas de maneras inesperadas. Para el pequeño grupo de astrónomos amateurs del país, explorar los rincones más profundos del universo es un riesgo que ahora rara vez toman. La intrusión cada vez mayor de los talibanes, pandillas criminales y puestos de revisión agresivos de la policía significa que ahora limitan sus observaciones a las afueras de la ciudad de Kabul o sus propios techos. “Los lugares donde hay los cielos más oscuros casi todos son inseguros”, dice Ibrahim Amiri, de veintiséis años, uno de los miembros más jóvenes de la Asociación de Astronomía de Afganistán.
Sus ojos brillan mientras describe la altitud alta y la baja contaminación lumínica de Badajshán en el norte y los horizontes abiertos de Kandahar en el sur, ambas regiones perfectas para ver las estrellas. “Pero podríamos ser atacados por cualquiera [allí]. No sólo los talibanes o el Estado Islámico, sino incluso la gente local”, explica. “Los afganos, en especial los aldeanos, por lo general no están muy cómodos con la gente que no conocen o las cosas que no entienden”.
La mayoría de la gente en Afganistán no entiende siquiera lo básico de la astronomía. Los eventos celestiales a menudo alimentan la superstición o son explicados a través de la astrología. Cuando Bakhshi fue al Ministro de Justicia a registrar la Asociación de Astronomía, un funcionario extendió su palma y le pidió que le leyera el futuro.
Muchos malentendidos y supersticiones se siguen enseñando en algunas mezquitas. Durante un eclipse lunar, uno de los vecinos de Amiri golpeó frenéticamente en todas las puertas, suplicándoles a todos que salieran a orar. Amiri trató de explicarle que no había razón para sentir miedo; los eclipses eran eventos naturales y predecibles que han ocurrido por miles de millones de años. “No —Ibrahim recuerda que le dijo su vecino—. Este es un momento crucial. Debes venir y orar, o Dios se enfurecerá”.
Mohammad Naser, un taxista, dice que también reza durante los eclipses, por consejo de su mulá local. “Debemos orar para que Alá regrese la luna”, dice.
A las mujeres embarazadas a menudo se les aconseja que no toquen sus rostros durante los eclipses, ya que ello podría resultar en una marca de nacimiento en el rostro del niño. Otra superstición común advierte que una mujer embarazada que toca un cuchillo durante un evento cósmico, como el paso de un asteroide, se arriesga a provocar una discapacidad o malformación en el hijo nonato, como un labio leporino.

EINSTEINS FUTUROS: Bakhshi visitó la preparatoria Marefat para donar un telescopio a los estudiantes e inaugurar un club de astronomía. FOTO: ANDREW QUILTY
Bakhshi está en una misión de enseñarles a tantos afganos como sea posible la astronomía como una ciencia, proveer una alternativa a las explicaciones supersticiosas o religiosas. Ha habido momentos incómodos para él durante sus conferencias voluntarias, las cuales usualmente da en escuelas privadas en su tiempo libre. Profesores suspicaces le han preguntado cómo la teoría del Big Bang puede coexistir con la creación de la Tierra por Alá en seis días. Al mirar a través de un telescopio, un profesor pidió ver la división en la luna, un milagro atribuido al profeta Mahoma. “Trato de no discutir el asunto, sino proponer otro punto de vista”, dice Bakhshi. Él le dice a la gente: “Queda en ustedes hallar sus respuestas”.
“No estamos enfocados en demostrarle a la gente que la ciencia está en contra de la religión”, añade Amiri. “Personalmente, no pienso que la astronomía esté en conflicto con la religión en absoluto”.
Durante el oscurantismo en Europa, la civilización islámica hizo grandes progresos tanto en astronomía como en física. Los astrónomos musulmanes construyeron observatorios por todo el mundo islámico, refinaron y revisaron la teoría astronómica griega e hicieron mejoras revolucionarias a los instrumentos astronómicos, todo lo cual ha tenido un papel importante en la conformación de la ciencia moderna. “Para muchos musulmanes cultos, el Corán no debe leerse como un libro de ciencia”, dice Nidhal Guessoum, astrofísico de la Universidad Americana de Sharjah en los Emiratos Árabes Unidos. Más bien, su objetivo es “señalar la gloria y el propósito de Dios detrás de su creación”. Sin embargo, dice Guessoum, las visiones conservadores en ocasiones han interferido con la aceptación de la ciencia. “Desde que la ciencia empezó a revelar algunos aspectos de la naturaleza o del universo que estaban en desacuerdo con las visiones tradicionales, algunos eruditos musulmanes conservadores han advertido en contra de las teorías o los resultados científicos que no encajan en esa imagen tradicional”, explica.
Por su parte, Bakhshi cree firmemente que la astronomía expande los horizontes personales, crea empatía y combate el radicalismo.
En una reciente mañana de sábado en la preparatoria Marefat de Kabul, Bakhshi hizo una visita para inaugurar el primer club de astronomía de la escuela con el donativo de un telescopio. La clase estaba embobada. Por lo general, la presencia de un fotógrafo extranjero haría que los adolescentes afganos rían con nerviosismo, pero este día estaban atentamente enfocados en la explicación de Bakhshi sobre cómo usar el telescopio.
Después, Abdul Basir, un estudiante de dieciséis años que se presentó a sí mismo como el “Einstein afgano”, debido a su amor por la física, dijo que después de oír por primera vez a Bakhshi hablar sobre el sistema solar, él le pidió a su padre que lo llevara fuera de la ciudad para observar las estrellas. “Ello en verdad me impulsó a pensar sobre cómo se crea la vida y cuál es nuestro futuro”, dijo Basir sobre esa noche. Ese momento lo llevó a pensar sobre cuestiones como la humanidad y el cambio climático, dijo, y “por qué estamos aquí y cómo viviremos en el futuro”.
En otra tarde, mientras el sol desaparece y la llamada vespertina a rezar se repite a través de la ciudad abajo, Bakhshi, Amiri y un pequeño grupo de hombres se reúnen en las afueras de Kabul. Mientras él monta un gran telescopio, con un cigarrillo colgando de sus labios, Amiri recuerda la primera vez que vio la luna de cerca. En un viejo libro escolar había descubierto una guía para hacer un telescopio y se las arregló para fabricar uno con un viejo tubo de chimenea. “No pude separar el ojo del telescopio esa noche”, recuerda.
Uno por uno, los hombres miran detenidamente la luna a través del telescopio. La claridad es notable; la luna luminosa y accidentada con cráteres y montañas. Para quienes miran a través del telescopio por primera vez esa noche, cada uno tiene la misma reacción: asombro y admiración, seguidos por un torrente de preguntas.
Mike Simmons, presidente de Astronomía Sin Fronteras, una organización que apoya la astronomía amateur mundialmente, incluido Afganistán, dice que no le sorprende. “[La reacción] en realidad es casi siempre más o menos la misma… En cualquier parte del planeta, cuando la gente ve Saturno o la Luna por primera vez, simplemente les asombra”.
Ver el sistema solar de cerca, dice Simmons, “es similar a alguien que sube al techo de su casa por primera vez y ve que hay muchísimas casas más, tal vez algunas montañas y los océanos: da una perspectiva de tu propia vida”.
Cuando inicialmente ven la Tierra desde el espacio, algunos astronautas han experimentado lo que se conoce como el “efecto perspectiva”, un cambio cognitivo en la consciencia. Ellos súbitamente ven nuestro planeta como una bola diminuta y frágil de vida, y en ese momento las fronteras nacionales se desvanecen y los conflictos parecen insignificantes.
En Afganistán, un país donde la lucha y la desilusión nunca terminan y la suspicacia ante lo desconocido es extensa, esa perspectiva de la vastedad del universo es importante, dice Bakhshi.
Al empacar el telescopio, Amiri explica que la astronomía le ha ayudado a abrir su mente. “Una vez que entras allí, dejas de pensar en la política, los pequeños conflictos estúpidos que [están] sucediendo”, manifiesta. “Y empiezas a preguntarte sobre todas las otras cosas asombrosas allá afuera”.
Publicado en cooperación con Newsweek/ Published in cooperation with Newsweek