Durante más de 50
años, Talese ha trabajado pacientemente para inculcar confianza en sus sujetos,
orillándolos pacientemente a revelar sus secretos mejor guardados (a menudo
escandalosos, a juzgar por “La mujer de tu prójimo”, su libro sobre la
sexualidad y el adulterio después de la década de 1950). Dada su larga
experiencia dirigiendo conversaciones, lograr que Talese revele secretos en
esta breve entrevista es imposible. Desvía las preguntas que no quiere
responder con enorme destreza, respondiendo con anécdotas que parecen relacionadas,
pero dejando a su interrogadora entretenidamente frustrada.
Esa habilidad es la que ha
mantenido intacta la mística de Talese a lo largo de cinco décadas tras la
publicación de “Frank Sinatra está resfriado”, su reverenciado perfil “a
distancia” para la revista Esquire,
el cual fue reeditado en diciembre como un libro de lujo por Taschen, con
motivo del centenario de Sinatra, incluyendo fotografías de Phil Stern y
escaneos de los borradores de Talese para el reportaje, garrapateados en
cartones para camisa de tamaño natural. Eso saciará el apetito de los fanáticos
del escritor, al menos hasta abril, cuando su nuevo libro, sobre voyerismo,
llegue a las librerías.
El propio Talese no es
voyerista sino testigo experto, con talento para formular preguntas
reveladoras. Prueba A: cuando me siento a entrevistarlo en su hogar palaciego
en el Upper East Side de la Ciudad de Nueva York, cruza las manos sobre sus
pantalones de tweed, alisa su corbata color mostaza e inicia la conversación
diciendo: “Cuéntame tus penas”. Prueba B: poco después que comenzamos a hablar,
suena el teléfono. Me pregunta si puede responder y cuando asiento con la
cabeza, pregunta a su viejo amigo –lo llamó Joel Grey, el célebre actor de
“Cabaret”-, “Dime, ¿qué puedo hacer para hacerte feliz?”.
El escritor veterano explica
que aprendió el arte de hablar de su madre, hija de inmigrantes italianos,
criada en Brooklyn, quienes después tuvieron un negocio de ropa en Ocean City,
Nueva Jersey, donde nació Talese. “Era estupenda para hacer hablar a la gente”,
recuerda. “Y nunca interrumpía, siempre era muy cortés”. Talese también
recuerda que su padre, un sastre, era muy perfeccionista, y a menudo reajustaba
y reacomodaba las telas hasta que quedaban impecables. “Afilié esa artesanía
con mi investigación y el esmero en la escritura”, dice.
Con todo, es modesto en
cuanto al resultado más patente de la influencia de su padre: su estilo
distintivo. Desde los 10 años, Talese rara vez ha sido visto sin un traje
perfectamente cortado, complementado con alegre sombrero o bufanda colorida.
La carrera de Talese está
repleta de momentos en que ha logrado que personas comunes revelen secretos
extraordinarios. “Mucho se debe a saber cómo hablar con las personas. A
volverte creíble y hacer que confíen en ti”, explica. Incluso cuando se trató
de algo tan delicado como el adulterio, dice que logró hacer el trabajo porque
escribió “de una manera que no haría sentir peor o avergonzaría más a otra
persona”, y porque usó “un lenguaje muy suave y cuidadoso, que puede sugerir
algo”.
Si bien es un reportero que
ha manifestado muchas dudas sobre del periodismo, a menudo ha optado por
expresarse mediante el cuento corto. Entonces, ¿por qué no escribe ficción?
“Quiero robar el arte del escritor de ficción, y la técnica de la narrativa, y
traer eso a lo que hago”, dice a Newsweek. “Me interesa mucho la ficción como
fuente de consuelo y fuente de educación y fuente de inspiración, porque todo
eso es parte de escribir ficción”.
Ese enfoque intrigó a sus
editores en The New York Times, donde
fue reportero deportivo antes de aceptar una serie de artículos contratados por
Esquire (incluido el de Sinatra) en
1965. “Al principio, los editores se disgustaron con lo que hacía, pues
creyeron que eran invenciones mías”, comentó. “Me dijeron: ¡Vaya, este tipo
está mintiendo!”.
Pero no cedió, y pronto
desarrolló un estilo que más parece novela que un artículo periodístico. No
obstante, Talese se apresura a añadir que aun cuando quedan muchas historias
que contar, no tiene intenciones de cambiar a la ficción por lo pronto. “Hay
muchos buenos cuentistas y novelistas. ¿Quién necesita otro?”.
Por supuesto, recibe una
rotación continua de periódicos y revistas que llegan a su puerta, entre ellos The Wall Street Journal y Vanity Fair (ambas gratuitas), así como The New Yorker y The New York Times (que paga). Pero como periodista, Talese
persiste con muchas dudas sobre el periodismo. Para empezar, en la introducción
del libro de Taschen –y nuevamente, en un evento de la librería Strand, a
principios de diciembre, donde habló sobre el perfil de Sinatra-, arremete
contra los escritores que usan grabadoras digitales en sus entrevistas,
escribiendo que las transcripciones suelen ser “un diálogo excesivamente ligero
que –quizás sintomático de una sociedad permeada por la comida rápida, de mano
de obra computarizada, impersonalizada, centrada en resultados- con mucha
reduce lo que fuera el ingenioso arte de la escritura de revista al nivel de la
radio de entrevistas en papel”.
Claro está, Talese proviene
de los días dorados de la escritura de revista, cuando los periodistas tenían
meses para trabajar en artículos, y las suntuosas cuentas de gastos eran el
status quo (en el libro de Taschen, Talese señala que dispuso de 5,000 dólares
en gastos mientras trabaja en el perfil de Sinatra, el cual, en ese momento, ni
siquiera era un perfil concreto, pues no tenía acceso al cantante). Por ello,
la admirable estrategia de entrevistas de Talese –que consistía en hacer que
las personas repitieran sus propias citas, con el ingenioso recurso de hacer la
misma pregunta cuatro o cinco veces, y tomando unas cuantas notas en sus
distintivos cartones para camisas- fue fundamental para extraer relatos de la
gente, pero es insostenible en el ámbito actual de los medios digitales.
Es cierto que resulta muy difícil
saber qué es sostenible en el periodismo. Y aunque incluso Gay Talese tampoco
puede predecirlo, tiene mucha razón al señalar que el periodismo contemporáneo
carece de perspectivas variadas. “De cualquier manera, el periodismo de hoy es
débil y vacío, eso se debe a que no hay un punto de vista externo”, dice,
señalando la falta de perspectivas musulmanas en los medios, debido a la
perniciosa islamofobia.
Durante la conversación,
Talese mencionó varias veces que él, un estadounidense de primera generación
con padres italianos, siempre tuvo que sobrellevar un sentimiento de ser
externo, un forastero. Pero fue, justamente, esa perspectiva de ver hacia el
interior lo que le dio una ventaja como periodista, dice. “Al ser yo mismo un
forastero, pude volver la atención a esa gente que se pasa por alto”, agrega.
“Porque vi mucho de mí en esas personas”.