Las hormigas carpinteras tienen un rígido sistema de castas, formado
por mayores y menores. Las primeras son grandes y corpulentas, y actúan como
guardianes para defender el nido contra los intrusos. Las segundas permanecen
pequeñas y, en general, buscan alimentos y ayudan a cuidar a la reina.
Sin embargo, extrañamente, estas hormigas tienen genes idénticos.
Entonces, ¿por qué su apariencia y su conducta son tan diferentes? La respuesta
está en la epigenética, en la que los genes se activan o se “expresan” con base
en factores externos como el entorno en el que el animal se desarrolla y los
alimentos que consume.
En un estudio publicado el 1 de enero en la revista Science, los
investigadores descubrieron que podían modificar la epigenética de las
hormigas, así como su conducta, al inyectarles diversas enzimas en el cerebro.
Inmediatamente después de inyectar a varias hormigas mayores recién nacidas,
estas empezaron a actuar como menores y a buscar alimentos.
“Se trata de cambios permanentes a largo plazo que ocurren cuando
inyectamos estos químicos en el cerebro”, declaró al New York Times Shelley
Berger, coautora del estudio y epigenetista de la Universidad de Pennsylvania.
Los científicos descubrieron que la inyección modifica la forma en que
un solo gen, denominado Rpd3, se expresa o es “interpretado” para
crear proteínas. Esto desencadena una cascada de cambios que modifican la
manera en que se comporta las hormigas, se explica en Ars Technica.
Este hallazgo sugiere que los cambios epigenéticos podrían gobernar la
forma en que los insectos manejan la división del trabajo y la conducta social,
y que dicha alteración podría tener un impacto similar en otros animales, entre
ellos, los mamíferos.