La embajada de Arabia Saudita en Teherán (Irán) fue atacada
este sábado de noche por manifestantes encolerizados tras la ejecución del
dignatario religioso chiita saudita Nimr Baqer al Nimr, informó la agencia
Isna.
Los manifestantes lanzaron cócteles Molotov contra la sede
de la embajada y alcanzaron a penetrar en el recinto diplomático para luego ser
expulsados por la policía, según la misma fuente.
“Las llamas se alzaban en el interior de la
embajada”, informó la agencia, que añadió que los manifestantes lograron
subir al tejado de la representación diplomática.
“El fuego destruyó el interior de la embajada”,
declaró un testigo. “La policía se ha desplegado y ha dispersado a los
manifestantes, algunos de los cuales han sido detenidos”, explicó.
En fotos publicadas por algunas páginas web, se puede ver a
manifestantes con una bandera saudita en la mano, que habrían retirado de la
embajada.
En Mashhad, segunda ciudad del país situada en el noreste,
manifestantes también atacaron e incendiaron el consulado saudita, según
imágenes publicadas en redes sociales.
Al término de estos incidentes, el portavoz del ministerio
de Relaciones Exteriores iraní, Hosein Jaber Ansari, instó a la policía
diplomática a proteger los recintos diplomáticos.
Jaber Ansari, quien condenó además “la ejecución
injusta del dignatario religioso Nimr [Baqer] al Nimr”, pidió a la policía
“la protección de las representaciones diplomáticas de Arabia Saudita en
Teherán y Mashhad”, y que impidieran “cualquier manifestación frente
a estos lugares”, informaron medios iraníes.
Un importante despliegue de fuerzas policiales intervino en
ambas ciudades para retomar el control y expulsar a los manifestantes.
En Teherán, el barrio de la embajada permanecía
completamente acordonado después de la medianoche y los policías impedían a la
gente acercarse a la representación diplomática.
Irán condenó enérgicamente la ejecución del dignatario
religioso saudita y afirmó que Riad pagará un “alto precio” por este
acto.
INDIGNACIÓN DE IRÁN Y
PAÍSES VECINOS
Arabia Saudita ejecutó el sábado a 47 personas por
“terrorismo”, entre ellas al líder religioso chiita opositor Nimr
Baqer al Nimr, lo que provocó indignación de esa comunidad religiosa en países
vecinos e incluso amenazas de Irán.
El ministro de Asuntos Exteriores iraní, una potencia chiita
cuyas relaciones con Arabia Saudita son tensas, prometió que Riad pagará
“un alto precio” por su muerte.
El portavoz del ministerio del Interior saudita, Mansur Al
Turki, calificó de “irresponsables” estas declaraciones y dijo que su
país “no se preocupa por lo que piensan los demás”.
Asimismo, Riad acusó a Irán de ser un país “sin
vergüenza”, de apoyar al “terrorismo” y menoscabar la
estabilidad regional.
“El régimen iraní es el último en poder acusar a otros
de apoyar al terrorismo, en tanto él mismo lo hace”, declaró un portavoz
del ministerio de Relaciones Exteriores a la agencia oficial SPA. Riad había
anunciado una convocatoria al embajador iraní por las declaraciones
“agresivas” de Teherán.
En tanto, se produjo un ataque de manifestantes contra la
embajada saudí en Teherán. Manifestantes encolerizados por la ejecución del
dignatario chiita lanzaron cócteles Molotov contra la sede de la embajada y
alcanzaron a penetrar en el recinto diplomático para luego ser expulsados por
la policía.
Mohammed al Nimr, hermano del líder chiita, una figura de la
oposición al régimen saudí, advirtió que esta ejecución “provocará la ira
de los jóvenes” de esta comunidad minoritaria en Arabia Saudita, un país
dirigido por la dinastía sunita de los Al Saud.
“Habrá reacciones negativas en el interior del reino y
en el extranjero, pero esperamos que sean pacíficas”, declaró por teléfono.
Los condenados —45 saudíes, un egipcio y un chadiano— fueron
ejecutados en doce ciudades, precisó el ministerio del Interior en una
declaración oficial. Los ejecutados suelen ser decapitados con un sable.
Según las autoridades, fueron condenados por diferentes
delitos, en especial por haber abrazado a la ideología radical
“takfiri” (término generalmente utilizado para designar a los grupos
radicales sunitas), por haberse unido a “organizaciones terroristas”
y por haber realizado “complots criminales”.
Nimr al Baqer Nimr, de 56 años, crítico feroz de la dinastía
Al Saud, fue el líder de un movimiento de protesta que estalló en 2011 en el
este del país, donde vive la mayor parte de la minoría chiita, una comunidad
que se siente marginada.
El jefe religioso fue condenado a muerte en octubre de 2014
por “sedición”, “desobediencia al soberano” y
“tenencia de armas” por un tribunal de Riad especializado en casos de
terrorismo.
REACCIONES DIVERSAS
La Unión Europea (UE) expresó este sábado sus “serias
inquietudes” por su ejecución.
“El caso específico del jeque Nimr al Nimr levanta
serias inquietudes sobre la libertad de expresión y los derechos civiles y
políticos de base, que deben ser respetados en todos los casos, inclusive en la
lucha contra el terrorismo”, declaró la jefa de la diplomacia europea
Federica Mogherini.
Para el departamento de Estado norteamericano, esta
ejecución amenaza con “exacerbar las tensiones sectarias en momentos en
que urge calmarlas”.
“Estados Unidos exhorta al gobierno de Arabia Saudita a
permitir que la oposición se exprese pacíficamente”, agregó el portavoz de
la diplomacia estadounidense, John Kirby, en un comunicado, señalando la
“particular preocupación” del gobierno en Washington por esta situación.
En Bagdad, el primer ministro iraquí Haider al Abadi
manifestó que esta ejecución significó “un gran ‘shock'”, y señaló
que puede tener un efecto desestabilizador.
“La libertad de expresión y la oposición pacífica son
derechos humanos de base garantizados por las leyes divinas e internacionales.
Violarlas tiene consecuencias sobre la seguridad, la estabilidad y el tejido
social de toda la región”, dijo en un comunicado.
Philip Luther, director de Amnistía Internacional para
Oriente Medio, señaló en una entrevista: “las autoridades saudíes dicen
haber realizado estas ejecuciones para preservar la seguridad. Pero la del
jeque Nimr Baqer al-Nimr sugiere que las utilizan para zanjar cuentas políticas
(…) bajo la cubierta de lucha contra el terrorismo”.
Según la ONG de defensa de los derechos humanos, Arabia
Saudita es uno de los países que más aplican la pena de muerte en el mundo,
junto a China, Irán y Estados Unidos.
Tras esta ejecución, un dirigente del partido chiita Dawa,
en el poder en Irak, llamó a tomar medidas de represalia, como el cierre de la
embajada saudita en Bagdad (recientemente reabierta) o la ejecución de
“terroristas” saudíes detenidos en el país.
Por su parte, el movimiento chiita libanés Hezbolá denunció
“un crimen odioso perpetrado sobre la base de falsas acusaciones”.
En cambio, las monarquías sunitas de la región, entre ellas
Bahréin y Emiratos Árabes Unidos, saludaron la actitud de Arabia Saudita. No
obstante, en el primero de estos países varios jóvenes de la mayoría chiita se
concentraron en los suburbios de Manama para protestar contra estas
ejecuciones.
Entre las personas decapitadas el sábado se encuentran
también yihadistas sunitas condenados por su implicación en atentados en 2003 y
2004, reivindicados por Al Qaida.
Estas ejecuciones fueron las primeras en el 2016. Arabia
Saudita es un país muy rígido al aplicar una versión rigorista de la sharia
(ley islámica) para todo tipo de delitos.
(Con información de AFP)