El nuevo integrante del paraíso llamado Facebook

LA PRIMERA VEZ QUE PISÓ LA SEDE DE FACEBOOK, en California, Andrés López de León quedó impresionado. Frente a él tenía una pequeña ciudad, con restaurantes y corredores por los que decenas de individuos se trasladaban en bicicleta de un edificio a otro.

“Era como un gran parque de diversiones”, dice aún emocionado, tras haber laborado ahí durante doce semanas el verano pasado. “No se siente como si estuvieras en una zona de trabajo, entras a la hora que quieres y hasta te regalan comida”.

Con veintitrés años, Andrés fue invitado tarde por los reclutadores de la firma. Pero una sola incursión como interno le valió para recibir una oferta de tiempo completo. Así que volverá en octubre de 2016 con la intención de quedarse unos cuatro o cinco años.

Hijo de ingenieros en sistemas y hermano menor de otro desarrollador de tecnologías computacionales, lo suyo fue consecuencia lógica. Simplemente ingresó en la carrera en el ITESM sin haber contemplado jamás ninguna opción. “A querer o no, fui influido por la familia”, dice. “Aunque en realidad me encanta la programación, me gusta mucho lo que hago”.

Andrés fue descubierto por los trabajadores de Facebook a comienzos de 2015, durante un hackathon organizado en el campus del Tec en Monterrey. Su equipo, compuesto por otro programador y dos diseñadores gráficos, obtuvo el primer lugar con un juego diseñado para enseñar programación a los niños.
Al término del concurso les preguntaron si les interesaba un internship. Los cuatro dijeron que sí y días más tarde fueron sometidos a entrevistas a través de Skype. El único aceptado fue Andrés.
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Los tres meses del internado, que comenzó en mayo, los pasó viajando entre California y Washington. Las oficinas en Seattle, donde fue ubicado, contaban con una plantilla de setecientos estudiantes de distintas partes del mundo, pero sólo cuatro, contándolo, provenían de México.

“Realmente te enriquece trabajar con personas de diversos países. Esa es otra de las cosas que me sorprendieron, que para cualquier estudiante mexicano resulta novedoso porque aquí no tenemos eso”, dice Andrés.

La razón por la que eligió Facebook por encima de Google o Microsoft la explica él mismo: “Personalmente admiro mucho la misión que tiene Facebook de hacer el mundo más abierto y de conectar a la gente.

Me gusta ser parte de algo que, aunque no se ve, sabes que está impactando a millones de personas. Me gusta también la cultura de la empresa, que a pesar de tener más de diez mil empleados, se siente como si estuvieras en una empresa chica”.

No sólo es filosofía ni ambiente laboral deslumbrante lo que hace que este tipo de empresas se vuelvan el paraíso al que muchos quieren llegar, sino las prestaciones y el salario que otorgan. Pero Andrés piensa irse el tiempo necesario para aprender lo suficiente para fundar su propia empresa en Monterrey.

En ello su hermano es una inspiración. 
“Mi hermano fundó una empresa junto con sus amigos al graduarse. Siempre tuvo una actitud muy emprendedora. Les ha ido superbién.

“Es una gran inspiración para mí ver ese tipo de cosas porque pienso yo que siempre es más fácil irse a Estados Unidos a este tipo de empresas y que lo difícil es realmente volver a México y tratar de arreglar las cosas”, dice.
“Me gusta mucho México, la cultura, su gente. Y si uno tiene la oportunidad de aprender muchas cosas fuera, también es bonito volver y lograr que otra gente lo aproveche.

“Es muy triste ver la gente que se va de México. No se trata de que en otros países haya más talento, en México tenemos mucho talento pero no existen oportunidades para desarrollarlo”.
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