Se requieren muchas agallas para asistir a la ceremonia de
entrega de diplomas si eres el supuesto violador universitario más famoso del
país.
Para la mayor parte de la generación de 2015 de la
Universidad de Columbia, el día de la graduación fue una exuberante celebración
de cuatro años de arduo trabajo en una de las escuelas más prestigiosas del
país. Para Paul Nungesser, fue otro recordatorio de cuán solo estaba en ese
legendario campus, y de lo odiado que era. A él y a sus padres les costó
muchísimo trabajo decidir si asistirían a la ceremonia porque su compañera de
clase Emma Sulkowicz lo había acusado de violarla, y durante más de ocho meses
había llevado un colchón extra grande por todo el campus, jurando hacerlo hasta
que él fuera expulsado o se fuera. A pesar de este escarnio público, Nungesser
permaneció en la escuela y logró graduarse. Pero ahora le preocupaba que lo
abuchearan cuando cruzara el escenario para recibir su diploma, que los
reporteros lo acosaran, que la imagen de él con su traje y su birrete fuera
difundida por toda la Internet. También temía que Sulkowicz arrastrara ese
colchón sobre el escenario, aunque la Universidad de Columbia había advertido a
los estudiantes del último año que no llevaran “objetos grandes que pudieran
interferir con los procedimientos o provocar malestar a otras personas.”
En el último minuto, la familia decidió asistir. Sus
padres volaron desde Berlín, donde ellos viven y de donde Nungesser es
originario. Su madre, Karin, recuerda que el día de la graduación caía un
aguacero “como si quizás fuera el último día de Nueva York”. A pesar del clima
apocalíptico, mil estudiantes formaron fila con sus birretes azules y sus
trajes, ansiosos de reclamar su premio. Nungesser llevó una corbata de moño
azul y pantalones caqui, mientras que algunos de sus compañeros de clase
pusieron cinta roja en sus gorras, como parte de una organización contra la
violencia sexual en el campus llamada No Red Tape y cofundada por Sulkowicz.
Mientras la “Marcha número 1, Pompa y Circunstancia”
sonaba en los altavoces, los futuros graduados salieron en fila india del
Centro estudiantil hacia el césped del campus y se sentaron en las sillas
plegables blancas colocadas bajo enormes carpas. Al entrar, Nungesser vio a
Sulkowicz llevando el colchón. Envió un mensaje de texto a sus padres, pero
sabía que no había nada que pudieran hacer. Así que se sentó nerviosamente,
aguardando su turno para cruzar el escenario. En un momento dado, Eric
Garcetti, alcalde de Los Ángeles y encargado de pronunciar el discurso, dijo,
“ustedes asumieron los riesgos. Han mantenido opiniones contrarias, han
organizado protestas y plantones de todo tipo y han cargado colchones… Nunca
dejen de ser activistas”.
“Fue como una bofetada”, señala Andreas Probosch, el padre
de Nungesser. (Karin Nungesser y Andreas han estado juntos durante 25 años,
pero no están casados.)
Una vez que todos los hablantes habían pronunciado sus
trivialidades y homilías, los administradores empezaron a llamar a los
estudiantes al escenario. Afortunadamente para Nungesser, cuando el presentador
leyó su nombre, nadie abucheó o protestó. Pero ocho minutos después, fue el
turno de Sulkowicz. El presentador pronunció mal su nombre, quizás distraído
por el colchón gigante envuelto en una cubierta impermeable que era arrastrado
al estrado por Sulkowicz y cuatro amigos. Un fuerte estallido de aplausos ahogó
los nombres de los siguientes compañeros de clase que fueron llamados después
de ella.
Sentado entre todos los padres empapados por la lluvia,
Probosch recuerda sentirse aliviado de que nadie supiera quién era. “Me
pregunté… ¿Qué harían ellos si supieran que somos los padres del tipo al que
Emma acusó? ¿Qué harían? ¿Escupirían frente a nosotros?”
Karin, sin embargo, se muestra desafiante. “Me habría
gustado ir con cada padre del público y decir, ‘soy la madre de Paul, y estoy
muy orgullosa de mi hijo, y espero que usted hable con sus hijos e hijas acerca
de lo que le hicieron’”.
El acto final de rebelión que Sulkowicz realizó ese día, y
el hecho de que la Universidad de Columbia no lo haya impedido, forma parte
ahora de una demanda judicial que Nungesser ha presentado contra su alma mater.
Aunque la Universidad de Columbia no lo encontró responsable de lo que Sulkowicz
afirmaba, su demanda establece que la escuela fue cómplice en el esfuerzo
duradero de ella para destruir su reputación y declinó intervenir porque él es
varón. Algunas personas creen que la afirmación es absurda. Otras dicen que es
la llamada de alerta que las instituciones de educación superior necesitan para
comenzar a proteger a todos sus estudiantes.
“COMENZÓ A AUMENTAR RÁPIDAMENTE”
Recientemente, las universidades han hecho más énfasis en
su investigación de las acusaciones de agresión sexual porque una carta de 19
páginas les indicó que lo hicieran. En 2011, la Oficina para los Derechos
Civiles (OCR, por sus siglas en inglés) del Departamento de Educación de EE UU
emitió una carta que comenzaba con la frase, “Estimado colega”. En ella, se aclaraba
que la violencia sexual era un derivado del acoso sexual, que en un entorno
educativo está incluido en el Título IX de las Enmiendas de Educación. La OCR
amenazó con investigar a las escuelas que, en su opinión, fueran
insuficientemente estrictas en los casos de agresión sexual, y si descubría que
una escuela había infringido el Título IX, la OCR podría rescindir la
financiación federal para esa institución.
“Estábamos viendo un gran incumplimiento y bastante
preocupación en todo el país”, señala Catherine Lhamon, subsecretaria para los
derechos civiles del Departamento de Educación, quien piensa que la carta de
“Estimado colega” cumplió con su cometido. “Creo que hemos visto un cambio
cataclísmico en todo el país en relación con la atención al tema, la capacidad
de respuesta hacia él y el entrenamiento y la preparación para nuestros
estudiantes de manera que podamos ver campus más seguros”, dice. La OCR
investiga actualmente a 152 universidades por su manejo de las afirmaciones de
violencia sexual, y, añade, las quejas sobre violencia sexual en las
universidades han aumentado más de 400 por ciento.
Los defensores de las víctimas dicen que la carta del OCR
ayuda a desestigmatizar la agresión sexual y alienta a los supervivientes a
denunciar. Pero una consecuencia de la que casi no se habla es la tendencia de
las escuelas a pisotear los derechos al debido proceso del acusado, de acuerdo
con varios expertos en educación superior y leyes. “Durante mucho tiempo,
existió la percepción de que las universidades no eran receptivas a las
afirmaciones de conducta sexual inapropiada”, señala Samantha Harris, directora
de investigación de política de la Fundación para los Derechos Individuales en
la Educación. Sin embargo, actualmente, “hay un número cada vez mayor de
personas preocupadas de que el péndulo haya ido demasiado lejos en la dirección
opuesta”.
“Pienso que, probablemente, muchas universidades
tradujeron la carta de ‘Estimado colega’ como ‘Favorezcan a la víctima’”,
afirma Brett Sokolow, director ejecutivo de la Asociación de Administradores
del Título IX y presidente del Centro Nacional para el Manejo de Riesgos en la
Educación Superior, que da asesoramiento a las escuelas. “Muy silenciosamente
empezamos a decir a nuestros clientes… No sean demasiado parciales con respecto
a esto pues ello provocará un aluvión de litigios presentados por las personas
acusadas”.
El mensaje, añadió, fue que “han ido demasiado lejos.
Balanceen el péndulo en la otra dirección”. Sokolow afirma que las escuelas no
prestaron atención a la advertencia y se resintieron por la sugerencia.
“[Nosotros] tomamos realmente al toro por los cuernos. Quiero decir, esto era
algo muy impopular para mencionar. Y no se siente bien de ninguna manera tener
toda la razón”.
Nungesser encabeza las filas cada vez mayores de
estudiantes varones que demandan a las universidades, pidiendo indemnización
por daños y perjuicios y solicitando a los jueces que obliguen a las escuelas a
que limpien sus registros. En una base de datos del sitio web de la organización
de defensoría Boys and Men in Education (Chicos y hombres en la educación) se
señala que al menos 90 varones han presentado ese tipo de demandas judiciales
en los últimos años, y algunos abogados dicen que el número total es incluso
más alto. Hasta hace poco, las demandas judiciales se centraban en temas como
violación de contrato y falta de garantías procesales. Pero cada vez más, los
abogados añaden a la mezcla la discriminación por motivos de género. Los
hombres acusados están haciendo eco de las quejas de sus acusadoras (más
comúnmente) mujeres: que las escuelas están infringiendo el Título IX, la ley
federal que prohíbe la discriminación basada en el género en los programas de
educación financiados con fondos federales.
En un momento en el que un movimiento crece finalmente
para prevenir la agresión sexual en el campus y para respaldar a los
supervivientes, la afirmación de que las escuelas son anti-masculinas puede
parecer tan absurda como si una persona blanca presentara una demanda por discriminación
racial. Después de todo, nuevos hallazgos reafirman la estadística de que una
de cada 45 mujeres universitarias es víctima de una agresión sexual, y las
investigaciones publicadas en la revista Violence Against Women (Violencia
contra las mujeres) indican que sólo entre 2 y 10 por ciento de las acusaciones
de agresión sexual en el campus son falsas. Pero al menos 14 de los así
llamados casos de reversión del Título IX avanzan a través de los tribunales, y
cada pocas semanas se presentan casos nuevos. Lo único que hace falta es una
victoria en la Corte para establecer un precedente legal y terminar con lo que,
según algunos expertos en educación superior, es una corrección excesiva en los
casos de agresión sexual.
“Las cosas comienzan a aumentar rápidamente. Existe una
especie de tormenta acumulativa de resistencia”, afirma Jonathan Taylor,
fundador de Boys and Men in Education. Desde 2011, los estudiantes acusados han
demandado a tantas escuelas que sería imposible ponerlas a todas en una lista.
En la Universidad Vassar, la hija de un catedrático tuvo
relaciones sexuales con su compañero del equipo de remo. Más tarde, le dijo en
Facebook que “había pasado un momento maravilloso”, según consta en los
documentos judiciales. Sin embargo, un año después, ella informó que no había
dado su consentimiento y que había tratado de resistirse y que se había sentido
atrapada. Después de una investigación y una audiencia, la escuela expulsó al
chico. Éste entabló una demanda, pero un juez desestimó el caso.
En la Universidad de Brandeis, un estudiante varón acusó a
su ex novio de “numerosas interacciones sexuales inapropiadas y no consentidas”
durante su relación de dos años, de acuerdo con la demanda federal. Entre ellas
se encontraba, aparentemente, despertar al acusador con un beso por la mañana
(dado que el acusador estaba medio dormido, el investigador de la escuela dijo
que estaba incapacitado) y ver a su entonces novio desnudo en la ducha de la
residencia estudiantil. El acusado fue encontrado responsable de conducta
sexual inapropiada, y actualmente ha presentado una demanda.
Un caso contra la Universidad de Washington y Lee
sobrevivió recientemente a una moción de desestimación. De acuerdo con la
queja, una estudiante de sexo femenino empezó a besar a un estudiante
masculino, lo llevó a su cama y le quitó la ropa. Aparentemente, practicaron
sexo oral entre ellos y luego tuvieron relaciones sexuales. Pasaron la noche
juntos, y por la mañana intercambiaron sus números telefónicos, se dice en la
queja, y un mes después, tuvieron relaciones sexuales otra vez.
El siguiente semestre, la estudiante de sexo femenino
asistió a una presentación sobre agresión sexual, durante la cual, el
coordinador del Título IX de la escuela supuestamente habló sobre cómo “el
arrepentimiento es igual a la violación”. (La escuela ha negado esto.) Poco
después, la estudiante presentó una queja, y el coordinador de la presentación
abrió una investigación. Supuestamente, esa persona omitió detalles importantes
del informe, como citar a la chica diciendo, “No suelo tener relaciones
sexuales con alguien a quien conozco en la primera noche” y dejar su
advertencia: “pero eres un tipo muy interesante”. La escuela expulsó al varón.
Éste entabló una demanda y, en abril próximo, habrá de realizarse un juicio con
jurado.
Las distintas demandas judiciales presentan la imagen de
algunos de los acusados de violaciones en la Universidad, la cual es muy
distinta del estereotipo del miembro del club estudiantil que droga a sus
víctimas, o del deportista violento. “No represento a estudiantes acusados de
violaciones tumultuarias violentas”, señala Kimberly Lau, una abogada que
representó al estudiante acusado de Vassar. “Estoy hablando de un terreno poco
definido, del ‘él dijo, ella dijo’, dos personas en una habitación, dos
personas que beben… Y que al otro día presentan diferentes versiones de lo que
ocurrió”.
El caso de Nungesser fue uno del tipo “ella dijo, él
dijo”, y sus detalles son bien conocidos. Él y Sulkowicz era amigos que habían
tenido relaciones sexuales en dos ocasiones antes de que se engancharan otra
vez en agosto de 2012, el primer día de su segundo año en la universidad. Al
parecer, siguieron siendo amigos después, pero varios meses después, Sulkowicz
presentó un informe ante la Universidad de Columbia, afirmando que Nungesser la
había violado analmente esa noche de agosto durante lo que había empezado como
una sesión de sexo de mutuo acuerdo. También dijo que la había abofeteado,
había tratado de ahorcarla, que la había inmovilizado y que no se detuvo a
pesar de que ella gritaba. “Pudo haberme estrangulado”, declaró a The New York
Times.
“Evidentemente, esto fue una gran conmoción, y todo mi
mundo se vino abajo”, afirma Nungesser acerca de la acusación. Declaró a la
escuela que las relaciones sexuales habían sido de mutuo acuerdo. En noviembre
de 2013, la Universidad de Columbia descubrió que Nungesser no era responsable
y negó la apelación de Sulkowicz.
Poco después de que Sulkowicz presentó su informe, dos
mujeres más presentaron acusaciones contra Nungesser. Una de ellas dijo que la
había manoseado y que había tratado de besarla un año antes; otra dijo que
cuando salía con Nungesser, se había sentido presionada para tener relaciones
sexuales con él. Las acusadoras de Nungesser han dicho que decidieron hablar
cuando se enteraron de los otros casos. La Universidad de Columbia no encontró
responsable a Nungesser de ninguno de los casos. (En uno de ellos, la escuela
lo encontró responsable inicialmente; después de una apelación, quedó absuelto
en una segunda audiencia. Un cuarto acusador, un estudiante de sexo masculino,
dijo después que Nungesser lo había agredido sexualmente; de nueva cuenta, la
escuela no lo encontró responsable.) “Ese es el punto en el que todos decimos,
bueno, todo ha terminado, está bien”, dice Karin, su madre. “Ahora todo puede
calmarse”.
O empeorar. En diciembre de 2013, el New York Post publicó
una historia sobre las primeras tres acusaciones, refiriéndose anónimamente a
un “deportista ‘violador’… Que aún camina como un gran hombre en el campus
porque la escuela tiró la toalla”. En enero de 2014, una publicación
estudiantil detalló las acusaciones contra él, usando pseudónimos para todos
los involucrados. Luego, en abril de 2014, Sulkowicz habló en una conferencia
de prensa con la senadora Kirsten Gillibrand de Nueva York. Un comunicado de
prensa citó a Sulkowicz diciendo, “Mi violador, un violador en serie, aún
permanece en el campus, aun cuando tres de las mujeres a las que atacó lo han
reportado… Todos los días tengo miedo de verlo”.
Un mes después, Sulkowicz apareció en la primera plana de
The New York Times y escribió un artículo para Time sobre la supuesta
violación. El nombre de Nungesser pronto apareció en folletos y en grafiti
pintados en todo el campus, junto con las palabras “violador en serie”. Varios
días después, Sulkowicz presentó un informe ante la policía. El Fiscal de
Distrito decidió no presentar cargos, lo cual, de acuerdo con el abogado de
Nungesser en ese momento, se debió a que la oficina sentía que no podía
demostrar los argumentos más allá de toda duda razonable. Sulkowicz ha dicho
que ello se debió a que declinó participar en la investigación del fiscal del
distrito (el fiscal del distrito declinó hacer comentarios para Newsweek.) Pero
el informe bastó para que el Columbia Daily Spectator publicara el nombre de
Nungesser, confirmando la identidad del supuesto violador de Sulkowicz. “Sabía
que ése era el punto sin retorno”, señala Nungesser. “Sabía que la vida nunca
sería la misma otra vez”.
Los padres de Nungesser enviaban frecuentemente correos
electrónicos a los administradores de la escuela, entre ellos, el presidente
Lee Bollinger. Cada correo electrónico expresaba una nueva preocupación:
Acabamos de enterarnos de que nuestro hijo fue emboscado
fuera de su residencia por dos reporteros… ¿Tenemos que esperar hasta que Paul
reciba una paliza, resulte seriamente herido o incluso sea asesinado?… Acabamos
de hablar con Paul por teléfono y lo encontramos devastado, deprimido y sin
ningún apoyo… sentimos que su bienestar está en grave riesgo… De nueva cuenta,
ustedes están empeorando en gran medida la situación de nuestro hijo… ¡Qué
vergüenza, señor Presidente!
Las respuestas de la Universidad de Columbia, que los
padres proporcionaron a Newsweek, fueron generalmente frases hechas, diciendo
que la escuela “toma estos temas con una gran seriedad”. “Todo el tiempo
decíamos, ‘Por favor, Columbia, hagan algo’”, señala Karin. “Pero ellos no lo
hacían”.
Entonces vino el proyecto de arte por el que la acusadora
de Nungesser adquiriría fama internacional, y crédito para su tesis escolar. Lo
tituló el Performance del Colchón (Carga Ese Peso). En un video de septiembre
2014, declaró que llevaría un colchón por todo el campus “durante todo el
tiempo que asista a la misma escuela que mi violador”. Actualmente, ese video
tiene más de 2.2 millones de visitas.
Nungesser estaba consternado y atemorizado.
“Inmediatamente, cuando me enteré del proyecto, me puse en contacto con
Columbia. Dije, ‘Aparentemente, hay alguien que lleva a cabo un proyecto
patrocinado por escuela, cuyo objetivo es hacer que me intimiden o me expulsen.
Esto no puede seguir así. Ustedes deben hacer algo al respecto. No me siento
seguro. Esto va contra la reputación de la escuela’. Y simplemente fui… La palabra
‘ignorado’ no es lo suficientemente fuerte” para describir lo poco que parecía
preocuparles.
La imagen de Sulkowicz batallando bajo el peso de su
colchón se convirtió en un símbolo nacional, y su lema de “Carga Ese Peso” fue
un llamado a la acción. Ella apareció en la portada de la revista New York y en
la sección de artes de The New York Times. Jerry Saltz, el crítico de arte de
la revista New York, calificó a su proyecto como la mejor “exhibición de arte”
de 2014. Ella asistió al informe presidencial del presente Barack Obama como
invitada de Gillibrand, y diversos grupos de mujeres la colmaron de premios.
Estudiantes de más de 150 escuelas participaron en días de acción de
“Carga Ese Peso”, arrastrando colchones por todo el campus.
“Oía a personas hablando sobre el caso, las cuales ni
siquiera me conocían o me reconocían. Escuchaba a personas hablando del caso en
el metro… Personas no pertenecientes a la Universidad de Columbia”, señala
Nungesser. “Me repetía a mí mismo una y otra vez, ‘no soy esa persona’”.
Consideró la posibilidad de dejar la escuela, pero sabía
que las personas lo tomarían como una admisión de culpabilidad. Por ello, él y
sus padres dejaron de enviar correos electrónicos a la Universidad de Columbia
suplicando su ayuda, y contrataron a un abogado.
“VIENEN DÍAS OSCUROS”
A cuatro mil millas de distancia de los salones de
residencia cubiertos de hiedra, de las bibliotecas neoclásicas y de la
escultura del alma mater que vigila el campus de Columbia, Nungesser, que este
mes cumple 24 años, bebe un macchiato en un café débilmente iluminado en la
moderna sección de Prenzlauer Berg de Berlín. Creció en una calle adyacente y
se mudó más tarde, mucho antes de que esta parte de la ciudad entrara en la
modernidad. Para organizar esta reunión se requirieron meses de negociaciones;
él desconfía de los reporteros y no había hablado detalladamente con ninguno
desde antes de la ceremonia de graduación.
Nungesser ha sido presentado como un miembro europeo
privilegiado de la Ivy League, pero asistió al Columbia con una beca basada en
sus necesidades, y su familia tuvo que pedir un préstamo para pagar los
honorarios de su abogado. Actualmente, vive con sus padres y trabaja por cuenta
propia como camarógrafo. Planea inscribirse en la escuela de cine, pero piensa
que ha perdido sus conexiones en Nueva York y que no puede volver a Estados
Unidos. Dice que sus posibles empleadores buscan su nombre en Google y le
preguntan lo que ocurrió en Columbia. “Es algo que tengo que describir
detalladamente cada vez, lo cual me resulta muy doloroso, y en última
instancia, también me ha llevado perder varios trabajos”, dice.
Si la “protesta del colchón” convirtió a Sulkowicz en la
niña mimada de los supervivientes de agresiones sexuales en el campus, también
convirtió a Nungesser en el niño mimado de los supuestos violadores del campus.
“La pregunta fue siempre, ¿qué podemos hacer para limpiar el nombre de
Paul?” dice Karin. Mientras la “protesta del colchón” se volvió viral, y
Columbia no hacía nada para detenerla, el padre de Nungesser voló a Nueva York
para contratar a un abogado. Llegó justo cuando la portada de Sulkowicz en la
revista New York arribó a los quioscos de periódicos, y la vio por todos lados.
Se reunió con Andrew Miltenberg, un abogado que había atraído la atención de
los medios de comunicación por representar a entre 75 y 100 estudiantes
acusados (según sus cuentas) y que había demandado previamente a la Universidad
de Columbia.
El 23 de abril de 2015, Nungesser presentó una demanda
judicial federal contra Columbia, sus fideicomisarios y su presidente, y contra
Jon Kessler, un catedrático de arte. (Kessler declinó la solicitud de
entrevista de Newsweek. Los abogados de Columbia y de Kessler no respondieron a
la solicitud de comentarios de Newsweek, pero en las presentaciones del
tribunal, ellos niegan su responsabilidad por la conducta de Sulkowicz.)
La queja detalla las muchas formas en que la Universidad
de Columbia presuntamente permitió que Sulkowicz cometiera acoso basado en el
género: Kessler ayudó a Sulkowicz a desarrollar la idea del “colchón”; Columbia
le permitió llevar el colchón a los edificios escolares y en el transporte
proporcionado por la escuela; Bollinger apoyo a Sulkowicz en la prensa; la
escuela promovió su proyecto en su sitio web y pagó parte de los honorarios de
limpieza por un mitin de “Carga Ese Peso”. La demanda afirma que esas acciones
“perjudicaron significativamente, si no es que destruyeron por completo, la
experiencia universitaria de Paul Nungesser, su reputación, su bienestar emocional
y sus perspectivas de futuro” y “lo privaron de un acceso igualitario a los
beneficios y oportunidades educativas en la Universidad de Columbia con base en
su género”.
Un nombre que no aparece en la lista de acusados es el de
Sulkowicz. “La señorita Sulkowicz cree en lo que cree, y ha creado esta
historia para ella misma”, afirma Miltenberg. “La mayor angustia la sufre
Columbia por permitir que ella organice mítines en el campus, por permitirle
basar su tesis en esto, por permitirle esencialmente legitimar su historia… En
este momento, ella es más bien una nota al pie de página”.
Sulkowicz declinó hablar con Newsweek pero dijo por correo
electrónico que “la acusación de Paul Nungesser está llena de mentiras… quiero
advertirles que sean concienzudos acerca de lo que publican como un ‘hecho’, ya
que yo trabajaré con un abogado para rectificar cualesquier imprecisiones y
tergiversaciones”. Dos días después de que Nungesser presentó su demanda,
Kessler publicó en Facebook un enlace a un artículo sobre la demanda judicial.
Etiquetó a Sulkowicz y escribió “Vienen días oscuros…”
“EL SEXO ES CONFUSO”
Veinte años antes de que Sulkowicz cargara ese peso, una
mujer de Vassar, que alguna vez fue una escuela sólo para hombres, acusó a S.
Tim Yusuf de acoso sexual. En esa época, las escuelas apenas comenzaban a
lidiar con la “violación durante una cita”, calificada por la revista
Ms. como una epidemia en el campus. Actualmente, los documentos judiciales
están sellados, pero Yusuf recuerda que su acusadora afirmó que había tratado
de quitarle la toalla cuando salía de la ducha. “Fue terrorífico, esa es
realmente la única forma de decirlo”, dice. “En esa época, uno realmente no
comprende todo lo que ocurre. Uno está demasiado involucrado emocionalmente
para cuestionar lo que se dice de uno”.
Yusuf mantuvo su inocencia y tenía registros que
comprobaban que estaba en otro lugar en el momento en que ocurrió el supuesto
incidente, pero dice que el panel disciplinario se negó a tomarlos en cuenta.
La escuela lo suspendió por un semestre.
Poco después, en 1992, Yusuf demandó a Vassar por
discriminación basada en su género y en su raza. (Él es estadounidense de
origen surasiático.) Un juez desestimó el caso, pero Yusuf apeló, y otro juez
restableció el reclamo relacionado con el género y emitió una opinión.
Probablemente, esa fue la primera vez que un tribunal había apoyado un reclamo
sobre el resultado erróneo de una audiencia disciplinaria discriminatoria en
una escuela. Al final, Yusuf y Vassar llegaron a un acuerdo antes del juicio,
pero se estableció un precedente.
En la ola actual de casos relacionados con el Título IX en
los que intervienen varones se suele citar a menudo el caso de Yusuf v. Vassar,
pero es muy difícil probar que una escuela no sólo discriminó a un estudiante
masculino, sino que también lo hizo porque el estudiante es varón. “Casi es
necesario mostrar de algún modo que una mujer que haya sido culpada en una
situación similar habría obtenido un trato más favorable, y ese es un estándar
casi imposible de alcanzar”, afirma Patricia Hamill, abogada en el caso de
Brandeis. Esto se debe a que “Es muy infrecuente que una mujer sea culpada”,
observa.
Pocos casos de varones en relación con el Título IX desde
el caso de Yusuf v. Vassar han sido remotamente exitosos, y terminaron en
acuerdos y no en victorias plenas. “No creo que una demanda judicial de Título
IX contra una universidad presentada por cualquiera vaya a juicio porque el
área de educación superior no lo permitiría, ya que los abogados y las
compañías de seguros resolverán estos casos para asegurarse de que nunca se
establezca un precedente”, señala Sokolow de la Asociación de Administradores
del Título IX. “Es necesario encontrar a un demandante, trátese de un
estudiante acusado o de una víctima, que rechace un acuerdo, sin importar lo
que sea, y que insista en tener una audiencia ante la corte, lo cual es muy
costoso”.
Miltenberg, el abogado de Nungesser, ha llevado a la Corte
un puñado de reclamos de Título IX presentados por estudiantes masculinos
acusados, pero afirma que no “obtienen un gran impulso”. A pesar de eso, se
mantiene optimista. “Los tribunales tendrán que ver un número suficiente de
estos casos, de manera que se produzca en todo el país la sensación de que,
‘esperen, esto está surgiendo con demasiada frecuencia, realmente debe haber
algo mal’”.
Los defensores de las víctimas de agresión sexual
manifiestan su desdén ante estas demandas judiciales de Título IX. “Me preocupa
que esto apoye o incentive a las universidades a evaluar las verdaderas acusaciones
de agresión sexual y de violencia durante una cita no con base en sus méritos,
y a no investigar la verdad de lo que ocurrió, sino simplemente a evaluar lo
que plantee la mayor amenaza de litigio”, señala Zoe Ridolfi-Starr,
recientemente graduada de Columbia. Ella ayudó a Sulkowicz a cargar su colchón
durante la ceremonia de entrega de diplomas y actualmente es subdirectora de
Know Your IX, una campaña contra la violencia sexual dirigida por
sobrevivientes. “El impacto en los supervivientes puede ser tremendo”, dice,
añadiendo que las demandas judiciales pueden exponer a los supervivientes a una
publicidad no deseada y dar la impresión de que el número de acusaciones de
violación falsas es más alto de lo que es realmente.
Quizás el problema no sean las acusaciones falsas, sino la
definición de agresión sexual. “No pienso que alguien sepa qué es”, dice
Sokolow. “Es fascinante ver lo que estas mujeres y hombres desean calificar
como una conducta sexualmente inaceptable. Y me pregunto si es algo generacional.
Me pregunto si todos estamos atrasados en el tiempo, y si ellos están
redefiniendo sus propias costumbres sexuales, y aún no lo sabemos. O si han
redefinido lo que resulta aceptable para ellos con base en su
hipersensibilidad, lo cual es algo que sabemos que su generación posee”.
El debate sobre la hipersensibilidad va más allá de la
agresión sexual; podría aplicarse a todo, desde las “advertencias preliminares”
hasta los “espacios seguros” y el reciente descontento en la Universidad de
Yale después de que un administrador defendió a los trajes de Halloween
potencialmente insensibles como un tema de libertad de expresión.
Ridolfi-Starr desestima la tesis de la
“hipersensibilidad”. “Los estudiantes finalmente tienen la confianza, el
espacio cultural y el vocabulario para articular cuándo ciertas cosas resultan
inaceptables… Y eso no se debe a que nos hayamos convertido en un ramo de
delicadas flores”, dice. “Tú nunca hablarías con un veterano de guerra que
parece trastorno de estrés postraumático diciéndole, ‘¿no estás siendo un poco
hipersensible?’”
Administradores escolares del Título IX, que investigan
las quejas de conducta sexual inapropiada, tampoco se muestran receptivos ante
el ángulo de la discriminación masculina. Durante un seminario realizado en
octubre para los administradores del Título IX, Justin Dillon, abogado de un
bufete que resolvió un caso del Título IX de un varón acusado contra la
Universidad George Washington, y que actualmente tiene dos casos pendientes,
advirtió a los asistentes contra hacer responsable a un solo estudiante después
de que dos estudiantes incapacitados hayan tenido relaciones sexuales estando
borrachos. “Francamente se están violando uno al otro”, dijo. La audiencia se
erizó, y los abogados que se presentaban con él, Hamill (del caso Brandeis) y
Susan Kaplan, tuvieron que pedir calma a los asistentes.
Para Dillon, esa reacción fue “totalmente predecible” y
añade que su bufete recibe entre una y tres llamadas por semana de jóvenes
preocupados o de sus familias. “El sexo es confuso. Y el sexo cuando eres un
estudiante universitario que a menudo se encuentra lejos de casa por primera
vez y tratas de averiguar tu lugar en el mundo, es confuso”, dice. “En las
escuelas, ya no tiene sentido pensar que quizás debamos simplemente sentarnos
con el acusador y decir, ‘Vaya, parece que realmente deseas no haber tenido
sexo con él, ¿pero acaso dijiste que no? ¿Y realmente estaban tan borrachos que
no sabían lo que estaban haciendo?’”.
Los temas que los abogados toman con los procedimientos
escolares incluyen los vagos avisos que las escuelas envían a los estudiantes
acusados; el modelo de un solo investigador, en el que una sola persona es
responsable de toda la investigación; la falta de acceso de los acusados a los
registros; y la manera en que algunas escuelas prohíben que los abogados ayuden
al acusado. Samantha Harris, de la Fundación para los Derechos Individuales en
la Educación, dice, “Aunque las personas parecen comprender en general la
importancia de las garantías procesales, parece existir un punto ciego con
respecto a estas afirmaciones de agresión sexual”.
Hamill ha representado a aproximadamente dos docenas de
varones acusados en los últimos años. Ella obtuvo uno de los pocos acuerdos
existentes en un caso del Título IX relacionado con un varón, contra Swarthmore
en2014. “Son personas jóvenes que navegan entre relaciones. La comunicación no
es siempre tan clara como todo el mundo quisiera”, dice, hablando en general.
“No me gustaría estar actualmente en un campus universitario, en ninguno de los
bandos, debido al riesgo”.
“ESTÁN ARRUINANDO LAS VIDAS DE LOS CHICOS”
Durante seis de los ocho semestres de Luke en Colgate, la
Universidad fue todo lo que él había esperado. Ayudaba a dirigir seis
organizaciones estudiantiles a la vez, estudió en China, tuvo una novia a largo
plazo y pasó un verano investigando el cambio climático con un catedrático en
la selva tropical costarricense. Una vez, durante un evento de “Camina una
milla con sus zapatos” para aumentar la conciencia sobre la violencia sexual,
se puso unos zapatos rojos de tacón alto y marchó alrededor del campus. En otra
ocasión, ayudó a una compañera activista a cargar su colchón.
En octubre de 2014, coincidiendo con un día de acción de
“Carga Ese Peso”, una estudiante con la que Luke era amigable, presuntamente
ayudó a organizar en Colgate un foro de debate sobre la agresión sexual.
Durante los siguientes dos días, ella y dos mujeres más que presuntamente
asistieron al foro de debate presentaron quejas de conducta sexual inapropiada
contra él. “No le dije a nadie en ese momento porque no tenía idea de a qué me
enfrentaba”, afirma Luke, que pidió a Newsweek que no usara su verdadero nombre
porque temía que las acusaciones destruyeran su reputación. Ni siquiera informó
a sus padres. “Tenía una fe absoluta en el sistema del administrador de Colgate
porque Colgate había sido tan buena para mí y confiaba en que hallarían la
verdad y en que no me encontrarían culpable”.
“Es un universitario. Tenía 21 años. No sabe que acaba de
ser atropellado por un camión”, dice el padre de Luke.
Pasaron más de cinco meses antes de que la escuela
comunicara a Luke los detalles de las acusaciones. Dice que se le permitió
examinarlos sólo en un archivo de la oficina del decano adjunto, en horario de
trabajo y con su consejero presente. “Entonces, mientras que las tres
demandantes tuvieron tres años para presentar su caso y el investigador tuvo
cinco meses y medio para presentar su caso”, dice Luke, “a mí me dieron menos
de una semana para leer por entero un archivo de 85 páginas y presentar una
defensa”.
Una de las mujeres alegó que Luke había “penetrado
digitalmente” su vagina sin su consentimiento. Otra dijo que había “tocado sus
trasero” y sus pechos sin su consentimiento y que le había mostrado su pene y
le había obligado a tocarlo. La tercera afirmó que él le había tocado los
pechos sin su consentimiento, “penetrado digitalmente” su vagina sin su
consentimiento, le había mostrado su pene, la había obligado a tocarlo y lo
había “empujado” contra el muslo de ella sin su consentimiento. Presuntamente,
estos incidentes habían ocurrido entre dos y medio y tres años antes de que las
demandantes presentaran sus acusaciones.
“Recordé los encuentros que tuve con estas mujeres durante
mi primer año, pero no vi nada malo”, dice Luke, “Así que los repasé en mi
cabeza cientos, miles de veces. No podía dormir”. Él insiste en que la primera
mujer le permitió tocar sus pechos y que no hicieron nada más. Afirma que nunca
fue más allá de besarse de mutuo acuerdo con la segunda mujer cuando ella no
tenía blusa, y de besarse y tocarse bajo la ropa de mutuo acuerdo con la
tercera mujer.
Un panel de audiencia, en el que se encontraba el
administrador que presuntamente habló en el foro de debate sobre agresión
sexual de octubre, organizado por una de las demandantes, revisó las tres
acusaciones al mismo tiempo, encontrándolo culpable de todas ellas y
expulsándolo. Le faltaban 39 días para graduarse.
“No sabía de la injusticia”, afirma el padre de Luke,
“[hasta que] entr´ a internet y dije Dios mío, esto ocurre en todo Estados
Unidos. Y él era uno de los que habían sido golpeados, y fue barrido en esto.
Estos administradores no tienen la capacidad de proporcionar un proceso justo.
Simplemente no están calificados, y están arruinando las vidas de los chicos”.
Luke presentó una demanda judicial de Título IX en agosto.
Colgate no ha presentado una respuesta todavía. Una portavoz de la escuela
declinó comentar sobre el litigio pendiente, y sus abogados no respondieron a
los correos electrónicos de Newsweek. Los nombres de las acusadoras no son
públicos, y no están acusadas en la demanda judicial.
Quizás las demandas judiciales como las de Luke y de
Nungesser indican que un cambio fundamental está en marcha en el debate sobre
la violación en el campus. “No creo que esto sea el principio del fin, pero
pienso que es el fin del principio”, afirma Miltenberg, que también representa
a Luke. “Con suerte, las personas analizarán más detalladamente las acusaciones
como esta. Ahora bien, eso no quiere decir que no haya verdaderas agresiones
sexuales y violaciones. Estos son los problemas muy serios. Pero lo mismo
ocurre cuando alguien es acusado falsamente de algo”.
“¿CÓMO TE SENTIRÍAS?”
Pocas semanas después de presentar su demanda judicial, y
varios días antes de esa tensa graduación de Columbia, los padres de Nungesser
visitaron Dodge Hall, un edificio de ladrillo cerca del centro del campus. En
una exposición de arte en el tercer piso presentaba las obras de los
estudiantes del último año. Esperaban encontrar ahí el colchón de Sulkowicz.
Sabían que verlo les resultaría doloroso, pero querían ser testigos de lo que
su hijo había soportado. Vieron un enorme retrato de un hombre pintado por
Sulkowicz, a quien de inmediato identificaron como alguien parecido a su hijo,
impreso sobre un número de The New York Times que incluía una nota sobre él. La
figura sonreía abiertamente bajándose la ropa interior y exponiendo su pene
erecto.
Otra impresión, sobre el artículo del Times acerca de
Nungesser, mostraba al mismo hombre de perfil, desnudo y sobre un colchón,
encima de una mujer que les recordaba a Sulkowicz. Estaba desnuda,
inmovilizada, de espaldas y con las rodillas en los hombros. La figura
masculina la penetraba en la misma forma en que Sulkowicz había dicho que
Nungesser la había violado. Una tercera impresión mostraba a la figura femenina
cubriéndose los ojos, con las palabras, “Puedes llevarte mi historia, pero mi
cuerpo no será sobrescrito”.
“¿Cómo te sentirías si vieras tu cara y tus genitales
dibujados sobre un artículo con tu nombre, exhibido ante toda la escuela?”,
pregunta Nungesser. “La Universidad de Columbia presenta esto, lo facilita… Un
[miembro] del cuerpo docente de Columbia aprobó esas impresiones, las
supervisó, las colgó en la pared y luego brindó por esta exposición”.
Nungesser y sus padres dicen que no tienen ningún interés
en llegar a un acuerdo en la demanda judicial. “Mi fe en el tribunal de
justicia ha sido sacudida de manera tan fundamental”, dice, “que espero seguir
adelante y presentar esto ante un tribunal judicial donde haya alguien que diga
que esta conducta que ocurrió aquí fue [una] injusticia.
“Lo que me ocurrió… pudo haberle pasado a cualquier otro
colega masculino”, añade. “Las instituciones son capaces de ejercer una intensa
crueldad sin siquiera darse cuenta de lo que están haciendo”.
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Publicado en cooperación con Newsweek/ Published in
cooperation with Newsweek