John Boyega: en el cinturón de un nuevo héroe

LOS ÁNGELES, California.— Responder por qué un chico de veintitrés años podría salvar el universo es casi como preguntar cómo delegar la responsabilidad de una franquicia fílmica y billonaria a alguien que aún no había nacido cuando se estrenó la cinta que originó todo: Star Wars (1977).

Él es John Boyega y al recibirnos más bien parecería estar encapsulado en un escenario a la 2001: Odisea del espacio de Stanley Kubrick. Una sala de sillones blancos con sus mesitas y lámparas nos remite a una suite de un hotel, sólo que estamos en medio de un cubo vacío y extenso del Centro de Convenciones de la ciudad de Los Ángeles. Reservado todo para él en su momento de ser una especie de rockstar al promover Star Wars: el despertar de la fuerza, cinta que se estrena esta semana.

El actor, nacido en Londres, luce una chaqueta de piel café, extiende sus piernas enfundadas en jeans y cruza sus botas, al tiempo que despliega una pose muy a la Han Solo, lanzando una sonrisa confidente. Tres segundos después, su mano me saluda, y al descubrir que ha quedado lejos del alcance de mi grabadora, la toma sin preguntarme y la coloca sobre la hebilla de su pantalón.

DISNEY/LUCASFILM LTD

“Quiero que la gente que vea mis fotos en Instagram y Snapchat digan: ‘¿Sabes qué…? Este tipo John está viviendo lo que para nosotros no es posible hacer’, y poder compartir con ellos que estoy pasando el mejor momento de mi vida”, dice Boyega, confirmando por qué el director J. J. Abrams lo puso ahí, al lado de Harrison Ford, la princesa, R2-D2 y el Halcón Milenario, siendo un ejemplo de la generación que regala adrenalina y dopamina con cada “like” por internet.

Pero no juzguen a Boyega por su fascinación mediática. Hijo de padres nigerianos, él pastor Pentecostés y ella una voluntaria en la asistencia de inválidos, John ha actuado desde los cinco años; tuvo su primer amor en el teatro y llegó a actuar en la adaptación fílmica de la novela situada en Nigeria Half of a Yellow Sun, donde interpreta a un estudiante que es arrebatado por la milicia para enrolarse en la guerra civil.

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“Mientras más caminamos en esta nueva era de nuestro planeta, más estamos perdiendo la imaginación. Star Wars espero que traiga algo de esto de regreso. Nos permite ser niños de nuevo y nos da el beneficio de menos arrugas fruncidas en el rostro. Más pensamientos alegres que podrían influir en decisiones más positivas”, dice, abandonando su pose de vaquero intergaláctico, para sonar ahora como un miembro de la generación dreamer de California. “Creo que los niños tienen un gran sentido nato de la lealtad y eso lo descubrí cuando de pequeño veía a Buzz Lightyear (Toy Story) o a Simba y Nala (El rey león), y notaba que se cubrían las espaldas y pese a sus diferencias se mantenían unidos. Eso mismo lo palpo en los personajes de esta nueva Star Wars”.

No hay duda. John está cómodo siendo John y, a la vez, Finn, el personaje elegido para ser parte del “mágico trío” como lo fueron Han, Luke Skywalker y la Princesa Leia en la trilogía clásica (ahora con Daisy Ridley y Oscar Isaac como la guerrera que surge del planeta Yakuu y el piloto del X-Wing, respectivamente).

Para el personaje de Finn han pasado treinta años desde la destrucción de la Estrella de la Muerte que presenciamos en El regreso del jedi (1983), de modo que para él todo aquello del Imperio contra la Rebelión, más la existencia de los Jedi, son meros cuentos de cuna.

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“Cuando me vistieron de soldado Stormtrooper me vi frente al espejo y me dije: ‘Te ves bien en este traje blanco’, y me dio la motivación de que podría hacer cualquier cosa. Luego me di cuenta de que todo es como el concepto de la fuerza en estas películas, porque todo es cuestión de cómo tomas tus decisiones, de esta lucha entre la luz y el lado oscuro. Al filmar, J. J. (Abrams) fue quien me dio la confianza de poder atreverme a todo. Terminé usando blasters, sables de luz y piloteando naves. Prácticamente esgrimí todos los juguetes del universo Star Wars”.

Y como todo iniciado, siempre debe existir un mecenas para él. Harrison Ford lo hizo con el semblante de Han Solo.

“Nos hemos divertido mucho improvisando en el set. J. J. (Abrams) incluso preguntaba a los demás: ‘¿Qué hace este par?’; porque en verdad encontramos una química donde constantemente nos estábamos provocando Harrison y yo”, recuerda casi cerrando los párpados, evocando escenas.

Ese espíritu de desenfado y no tomarse las cosas tan en serio estuvo presente en el ADN de las originales cintas de Star Wars, las cuales hoy parecerían un tanto empolvadas por el paso del tiempo, amén de quedar bajo el lado oscuro de las precuelas de 1999 al 2003, que dejaron helados a más de la mitad de los seguidores por el contenido emocional de sus personajes.

Mas ahora es tiempo de Boyega. Del Instagram y los aficionados que han dado “likes” a sus videos, en los cuales demuestra que se la está pasando increíble.

Abróchate el cinturón, John… esto está por despegar.