La cantidad de médicos en Alepo, la ciudad oriental siria controlada por los rebeldes, se ha reducido a no más de 80, ya que la gran mayoría ha sido asesinada o ha huido, según la organización sin fines de lucro Médicos por los Derechos Humanos.
La ciudad está dividida en dos secciones, con rebeldes de varias facciones controlando el este y fuerzas del gobierno sosteniendo el oeste. Médicos por los Derechos Humanos produjo un informe sobre la parte oriental de la ciudad, donde se dice que la población ha disminuido de 1.2 millones en 2010 a alrededor de 300 000 desde que comenzó la guerra en 2011. (La población total de preguerra en Alepo era superior a 2 millones, haciéndola la ciudad más grande de Siria.) En 2010, 1500 médicos trabajaban en el este de Alepo. Ahora 80 médicos, cuando más, siguen trabajando, pero la cifra real en cualquier momento dado está entre 37 y 50, ya que estos médicos con regularidad se toman tiempo para descansar en Turquía y en otras partes después de trabajar por días sin parar en condiciones de crisis.
El informe dijo que alrededor de 95 por ciento de los médicos de Alepo han sido asesinados, detenidos o han huido. Ello significa que ahora hay aproximadamente un médico por cada 7000 personas en el este de Alepo, en comparación con un médico por cada 800 personas en 2010. La cantidad de especialistas se ha reducido, dejando solo un cardiólogo, un neurólogo, una ginecóloga y uno o dos urólogos. Los médicos que permanecen en su mayoría atienden lesiones graves, y muchos aprenden sobre la marcha, habiendo tenido poca experiencia previa a la guerra en practicar amputaciones o cirugías. Los médicos entrevistados por Médicos por los Derechos Humanos dijeron que viven en miedo constante de bombardeos aéreos. Se piensa que alrededor de 200 enfermeras todavía trabajan con los médicos remanentes.
Las fuerzas del gobierno han atacado 45 hospitales en los últimos cuatro años, según Médicos por los Derechos Humanos. Desde marzo de 2011, 687 trabajadores de la salud han sido asesinados en Siria, y casi 300 instalaciones médicas han sido destruidas. “Vemos esto como un precedente aterrador de lo que podría ser de hecho un arma de guerra muy efectiva”, dice Michele Heisler, coautor del informe. “Una vez que se empieza atacar hospitales para que la gente no pueda dar o recibir atención médica, es una manera insidiosamente efectiva de sembrar terror”.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek