Los vigilantes de la vaca sagrada

Afuera del Matadero Tangra, de 150 años de antigüedad en Kolkata, India, una fila de vacas se extiende por la calle a lo largo del edificio arqueado de estilo colonial. No hay precios fijos para la carne de res aquí, por lo que el ruido de una docena de negociaciones a gritos llena el aire. Pero no es el negocio habitual. La fotografía está prohibida, por lo menos hoy, y me permiten entrar sólo después de que accedo a mantener mi libreta en el bolsillo y no hacer ninguna pregunta. El negocio de carne y cuero de res es delicado en un país donde la “vaca sagrada” no es una frase desechable.

“La gente está asustada”, dice Syed Faiyazul Haque, supervisor de una curtiduría de Kolkata. “Hay una atmósfera de miedo”.

Ello se debe a que por lo menos tres musulmanes sospechosos de comer o transportar carne de res han sido asesinados en semanas recientes. Los nacionalistas indios han hecho campaña para una prohibición a escala nacional a la matanza de vacas, las cuales consideran animales sagrados, y las tensiones religiosas van en aumento.

El Partido Bharatiya Janata (BJP, por su siglas en inglés), del primer ministro Narendra Modi, puso el asunto de las vacas en el centro de su campaña para las elecciones en el estado nororiental de Bihar durante octubre y noviembre. La meta parece ser el consolidar el voto indio al presentar a los musulmanes como el principal enemigo, y así contrarrestar las divisiones entre las castas altas y bajas de los votantes indios que favorecían a los oponentes del partido. Pero el partido nacionalista indio sufrió una derrota aplastante. El BJP y sus aliados locales ganaron sólo 58 de los 243 escaños de la asamblea en las urnas de Bihar.

Los musulmanes y muchos indios seculares de toda India celebraron el resultado de la elección, expresando su esperanza en que el primer ministro que llegó al poder predicando el desarrollo económico, no el triunfalismo indio, regrese a ese mensaje. Pero para los comerciantes de carne y cuero de res, y tal vez para la apuesta de India por atraer más inversión extranjera, tal vez sea demasiado tarde.

A pesar del tabú cultural de matar vacas, sacrificarlas por su carne y piel es legal en cinco de los 29 estados indios, incluida Bengala Occidental, donde Kolkata, la excapital de la India Británica otrora conocida como Calcuta, es considerada el centro del comercio.

Los comerciantes involucrados en la industria de la carne y cuero de res en Kolkata dicen que unos vigilantes han detenido grandes cantidades de camiones que transportaban vacas, pieles y carcasas desde que la campaña contra la matanza de vacas se aceleró el mes pasado. Muchos transportistas ahora son renuentes a asumir el riesgo después de que un camionero acusado de llevar carcasas de ganado fue asesinado en octubre por un coctel molotov en el estado norteño de Jammu y Cachemira. Como una carcasa o piel se ve muy parecida una a la otra, ni siquiera el comercio sin restricciones del búfalo es seguro. Y la atmósfera cargada facilita demasiado que la policía local y los inspectores exijan sobornos.

“Hay una reflexión de propaganda antimusulmana en India”, dice Udayan Bandyopadhyay, politólogo afiliado con la Universidad de Calcuta, sobre los ataques recientes. “Con el fin de sacar provecho, los [nacionalistas indios] hacen una división en la sociedad entre indios y musulmanes”.

Incluso en tiempos comunes, el comercio de carne y cuero de la nación es un negocio extraño. El año pasado, India, que es 80 por ciento hindú, surgió como el más grande exportador de carne de res en el mundo. Combinada con el cuero, la industria vale alrededor de 10 000 millones de dólares. ¿Cómo es eso posible?

En parte se debe a que bajo un sistema tomado del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, la carne de los búfalos de agua indios, que los hindúes no consideran sagrados, está clasificada como “carne de res”. Exportar carne de vaca está prohibido, aunque la piel de vaca suma alrededor de un tercio de las exportaciones de cuero de India. Pero en Kolkata, los trabajadores de las curtidurías dicen que la mezcla de piel de búfalo con piel de vaca ha caído de 50-50 a 80 por ciento búfalo en semanas recientes. Desde los primeros ataques a transportistas en septiembre, las fábricas procesadoras de búfalo también han enfrentado escasez.

“Nuestros choferes son detenidos mientras transportan búfalos. Hay miedo entre ellos”, dice DB Sabharwal, un hindú, quien es secretario de la Asociación de Toda India de Exportadores de Carne & Ganado.

El mercado local es más complicado. Aun cuando la matanza de vacas está permitida en sólo cinco estados, los animales están en todas partes. No hay una industria de carne separada. Pero una descomunal industria de productos lácteos y el uso tradicional de animales de tiro significa que hay más de 190 millones de reses en India, en comparación con alrededor de 90 millones en Estados Unidos. Conforme los tractores remplazan a los bueyes en la agricultura, alrededor de la mitad de estos animales están convirtiéndose en una merma en los recursos de los granjeros. Y aun cuando las organizaciones nacionalistas indias han establecido guarderías para cientos de miles de vacas viejas, no sorprende que muchos granjeros prefieran venderlas en lugar de llevarlas a pastar.

En la mayoría de los estados, y a veces incluso en Kolkata, eso es técnicamente ilegal. Junto con las prohibiciones a la matanza de vacas y el consumo o posesión de carne de res, varios estados han determinado como un crimen el vender o transportar vacas fuera de su jurisdicción si están destinadas al carnicero. En estados donde la matanza de vacas es legal, se requiere de un certificado de “apta para matanza” para documentar que el animal en cuestión tiene más de doce a catorce años de edad o está “permanentemente incapacitado para criar, tirar o dar leche debido a lesiones, deformidades o alguna otra causa”, según el Ministerio de Agricultura. Pero esa norma a menudo es incumplida, según la gente que se opone a matar vacas.

El resultado es un camino tortuoso de sobornos, contrabandeo y no preguntar ni revelar. La naturaleza no del todo legal del negocio significa que no hay grandes compañías comprando vacas y enviándolas a Kolkata, o contrabandeándolas a Bangladés. Los animales pasan por una cadena de transportistas antes de ser vendidas para matanza. Luego, intermediarios reúnen la carne y las pieles para los grandes envíos necesarios para los negocios de cuero y otras industrias que dependen del sebo y otros derivados, dice Shahid Akhtar, director administrativo de un fabricante de artículos de cuero llamado Elrich International. “Esa gente tendrá problemas ahora”, dice. “La policía o los vigilantes confiscarán los artículos, luego la corrupción aumentará. Esto ha empezado a suceder”.

No todo es hindúes contra musulmanes. Los mercaderes hindúes de las castas medias dominan el negocio de la exportación de cuero. Algunos indios de las castas bajas comen carne de res, aunque muchos han adoptado tabúes alimentarios de las castas altas con la intención de evitar la discriminación. Igual lo hacen muchas de las decenas de tribus indígenas del país. Muchos secularistas autoproclamados y ateos también participan; algunos lo ven como un símbolo de tolerancia o racionalismo. Pero los nacionalistas hindúes y otros hindúes comunes ven el matar vacas en gran medida como los musulmanes ven hacer caricaturas de Mahoma, algo que, dicen ellos, los secularistas indios nunca consentirían.

No está claro cuán dedicado al problema está Modi, o cuán comprometido estará él con la organización más grande y matriz del BJP: un cuadro de activistas uniformados llamados la Rashtriya Swayamsevak Sangh, cuyo segundo “supremo líder”, Madhav Sadashiv Golwalkar, era un admirador de Adolfo Hitler.

Los críticos de Modi todavía lo culpan por la tardía respuesta policiaca a los disturbios de 2002 que mataron a por lo menos 790 musulmanes y 254 hindúes cuando él fue ministro en jefe de Guyarat, su estado natal, aunque fue exonerado por la corte. Sus oponentes lo han amonestado por sus declaraciones públicas retrasadas y a medias tintas en respuesta a los ataques contra iglesias, declaraciones beligerantes de los nacionalistas hindúes y la violencia reciente relacionada con las vacas. Por ejemplo, él esperó diez días para hablar en contra del linchamiento de un hombre el 28 de septiembre acusado erróneamente de comer carne de res.

Arun Shourie, otrora uno de los líderes más respetados del BJP pero ahora marginado en el gobierno de Modi, cree que el silencio del primer ministro fue deliberado, y que se interpretó como una luz verde para secciones más pendencieras del movimiento. Después de que un incidente de violencia interreligiosa ocurre, otros miembros del BJP y organizaciones afiliadas lo mantienen vivo al hacer declaraciones provocadoras, dijo Shourie en una entrevista televisada con un canal nacional. Sólo después de que las semanas pasan, Modi comenta, y lo hace diciendo algo críptico: “Casi da la impresión de estar diseñado”.

Sus partidarios rechazan tales críticas. “Para difamar a Modi, se está dando una campaña negativa de parte de los llamados secularistas”, dice Surendra Kumar Jain, secretario de Toda India del Vishwa Hindu Parishad, el grupo nacionalista hindú que encabeza la presión por una prohibición nacional a la matanza de vacas. La acción vigilante tiene que entenderse en el contexto del fracaso del cumplimiento de la ley, dice. “Suponga que una mujer es violada. ¿Usted se quedará ahí parado, esperando a que llegue la policía?”

No es sólo la industria de la carne y cuero de res lo que está en juego. India ha escalado en las clasificaciones del Banco Mundial por su facilidad para hacer negocios y ha remplazado a China como el destino más popular para la inversión extranjera directa desde que Modi asumió el poder en 2014. Pero tanto la derrota devastadora en Bihar y el coqueteo con el conflicto sectario podrían descarrilar todavía más sus planes para la economía.

La atmósfera vituperiosa hará más difícil el llegar a un consenso con la oposición. Y la derrota electoral significa que Modi se está alejando todavía más de una mayoría en el Parlamento, donde varias propuestas de importantísimas reformas económicas ya se han marchitado y muerto.

“Junto con un posible aumento en la violencia, el gobierno enfrentará una oposición más severa en la Cámara Alta cuando el debate se aleje de la política económica”, explicó Moody’s Analytics en un informe de noviembre. “Modi debe mantener controlados a sus miembros o se arriesga a perder credibilidad local y mundialmente”.