Un eclipse de “Sol” en el Auditorio Nacional

Su
concierto comenzó tarde y sin su voz. La apertura del anhelado recital de Luis
Miguel inició a las 21.17 horas y recayó en una espigada corista quien entonó
extractos de canciones como “No sé tú”, “La incondicional”,
“Suave” y “Qué nivel de mujer”.

Luego
de unos minutos “LuisMi” apareció en escena. El público gritó de
emoción. Varias mujeres corrieron al pie del escenario que cercaban algunos
guardias del Auditorio Nacional. Eran decenas y llegaron lo más cerca que
pudieron, apuntaron sus celulares hacia el hombre enfundado en un elegante
traje negro y no se movieron de ahí. De ese modo celebraban el por fin ver
cantar a su ídolo.

Pero
más que cantar, Luis Miguel coreaba sus canciones. No las interpretaba
completas. Invitaba recurrentemente al público a cantar pero no para repetir
populares estribillos. Los coros dejaban de ser coros porque el “Sol”
con sus manos y sonrisas pedía a su público seguir cantando. Y seguir cantando.
“Qué extraño”, pensaban algunos sin entender a ciencia cierta qué
ocurría.

Pese
a los pasos coquetos que eventualmente improvisaba un corpulento Luis Miguel –que
desde la pantalla central del auditorio lucía más delgado por un efecto alargado
de su imagen–, era evidente que algo marchaba mal. El ambiente se iba plagando
de un aire de desconcierto.

Tras
interpretar algunas líneas de canciones como “La última noche” y
“Amor, amor, amor”, Luis Miguel se retiró del escenario tras escasos
22 minutos. Parecía una transición normal y algún intrépido fan la aprovechó para
lanzar un: “Que cante, que cante”. Su grito resonó lo suficiente y
logró el efecto esperado: varias personas se sumaron al mismo y al poco tiempo
la solicitud ya era un galope fuerte que recorría las 10 mil butacas del
Auditorio Nacional.

Otro
hombre se atrevió a lanzar otro aguerrido grito: “Si no estamos en
karaoke”. Y sí, de este modo todo el desconcierto contenido por poco más
de 20 veinte minutos era una catarsis. Desde distintas zonas del recinto
ubicado en el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México no dejaba de
escucharse una moderada petición al “Sol”: “¡Que cante, que
cante!”

Los
músicos de Luis Miguel ya no estaban en el escenario que había sido eclipsado
por su propia estrella. Algunas protestas altisonantes emergían cada tanto,
pero el público, prudente, decidió protestar aplaudiendo. Los minutos seguían
corriendo. Parecía una eternidad. La gente no entendía que estaba pasando.
¿Será un problema técnico?, preguntaban algunos. Nadie se imaginaba lo que
vendría.

Lo
que siguió es que Luis Miguel no regresó. La torpe voz de una mujer se dejó
escuchar, nerviosa y apesadumbrada: “Por causas de fuerza mayor, el
concierto no podrá continuar. Por cambios de clima y temperatura en los últimos
conciertos. En nombre del señor Luis Miguel ofrecemos una disculpa y
reprogramaremos una nueva fecha”.

Esta
vez los abucheos fueron inclementes y descarnados por varios minutos. El
público rugió su furia contra su ídolo al unísono con insultos que luego
culminaron en un descarnado lamento: “¡Fraude, fraude!”

Así
concluyó el primer recital de cuatro programados en el “Deja Vu Tour” de Luis
Miguel.

“Fue
un fiasco, que no me tomaré la molestia en volver a presenciar”, se
escuchó decir a una mujer mientras caminaba hacia su auto. “Lo peor de
todo es que los mexicanos no aprenden, y varios estarán de vuelta como si nada
en unos días”, decía otra. “¿Viste que se agarraba un brazo al salir
por un extremo del escenario?”, preguntaba un joven venezolano a sus
amigos. Quejas, lamentos, especulaciones.

Hasta
la acera de enfrente del Auditorio Nacional, donde están ubicados varios
hoteles prestigiados del Poniente del DF, por un largo rato, el grito de
“Fraude” se escuchó un buen rato.

El “Sol” sufrió un eclipse total de decepción y credibilidad.