En México existe un catalizador
para la creciente demanda de efectivo que no es motivo de celebración: la
evasión fiscal, señala la nota del periodista Eric Martin publicada esta semana en el diario estadounidense The Washington Post.
Los mexicanos dejan sus
tarjetas de crédito en sus billeteras y usan efectivo para pagarlo todo, desde
los artículos electrónicos hasta las visitas al médico e incluso el servicio de
plomería. Esto permite que los minoristas y proveedores de servicios omitan
recaudar el impuesto al valor agregado de 16 % y transfieran los ahorros al
cliente, señala la información publicada, y es que, con el pago en efectivo “las empresas
evitan producir una prueba escrita (factura), lo que les permite informar a las autoridades
ingresos menores que los reales y reducir su pago del impuesto sobre la renta”, señala TWP.
“Es posible que este plan
sea una situación de ganar-ganar para los compradores y las tiendas, pero es un
golpe para los fondos del gobierno justo ahora, cuando la nación necesita
obtener ingresos más que nunca”, advierte el diario estadounidense, y agrega que “los ingresos petroleros considerados como
porcentaje de los ingresos totales del gobierno se han reducido casi a la mitad.
Esto se debe en parte a la caída de los precios: la mezcla mexicana de crudo ha
bajado cerca de 64 por ciento desde su máximo nivel en 2014, pero también se
debe en gran parte al sistema en sí”.
En el artículo se mencionar que tras asumir el cargo
en 2012, el presidente Enrique Pena Nieto diseñó una reforma fiscal para
reducir la dependencia del gobierno con respecto a la industria energética, marcando
el comienzo de una oleada de tarifas más altas para los consumidores y las
empresas, la cual comenzó a aplicarse a inicios del año pasado. Aunque el nuevo
sistema ha logrado aumentar los ingresos, también podría estar provocando la
ampliación de las transacciones en efectivo.
“Siempre que los
impuestos aumentan, aumenta también el incentivo para que las personas los
evadan”, señala Carlos Capistran, el economista principal de Bank of
America Corp. en la Ciudad de México. “Una manera de hacerlo es usar más
efectivo.”
De acuerdo a la información, TWP indica que la cantidad de pesos en
circulación aumentó 17 % en 2014 después que aumentaron las recaudaciones, el
mayor crecimiento desde 1999, eclipsando el incremento de 2.5 por ciento en el endeudamiento mediante
tarjetas de crédito, de acuerdo con el Banco Central y la Comisión Nacional
Bancaria y de Valores, con lo que el crecimiento se ha ralentizado desde entonces, pero
todavía excede las ganancias de las tarjetas de crédito. Antes de la reforma, el
endeudamiento con tarjetas de crédito crecía a un ritmo mayor.
Historia de evasión
México tiene una larga
historia de evasión fiscal, aunque su carga tributaria (20 por ciento del
producto interno bruto) se clasificó en el último lugar de los 34 países en la
Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica en 2012, de acuerdo
con un estudio realizado por la OCDE. La evasión fiscal de 1999 a 2010 alcanzó un
promedio de 6.8 por ciento del PIB, el más alto de la OCDE, de acuerdo con un artículo
publicado en 2012 y coescrito por Friedrich Schneider, catedrático de economía
de la Universidad Johannes Kepler de Linz, Austria.
“Es la debilidad
del sistema fiscal”, declaró Schneider desde Zurich. “El efectivo no
es visible para las autoridades fiscales. Si las personas usaran más las
tarjetas de crédito, habría menos evasión fiscal.”
Tan prominente es la
tendencia que el Banco Central dedicó cuatro de las 75 páginas de su informe trimestral
sobre la inflación en mayo a destacar la creciente preferencia por el efectivo
y sus posibles conexiones con la evasión fiscal. Los principales evasores, de
acuerdo con el Banco Central, podrían estar en ciudades más cercanas a la frontera
con Estados Unidos, donde la resistencia a la reforma estaba muy extendida,
provocando protestas en las que se quemaron piñatas con la efigie de Luis
Videgaray, el Secretario de Hacienda. El aumento en el uso de efectivo durante
el año pasado en los centros comerciales de las ciudades del norte como Nogales,
Tijuana y Hermosillo sobrepasó las expectativas, de acuerdo con el informe.
El Banco Central dijo
en respuesta a las preguntas enviadas por correo electrónico por el periodista Martin, que espera que el
rápido crecimiento en la demanda de efectivo debida a los cambios fiscales se
disipe con el tiempo. La Secretaría de Hacienda declinó hacer comentarios.
Aunque la reforma
fiscal de México podría haber producido mayores esfuerzos de evasión fiscal,
también ha logrado aumentar los ingresos no relacionados con el petróleo. Entre
los ajustes se encuentra una tasa más alta del impuesto sobre la renta para las
personas que más ganan en el país, nuevos impuestos sobre las bebidas
azucaradas y los alimentos grasosos, y cerrar algunas lagunas corporativas.
En los puestos de una de
las plazas de equipo electrónico más grandes del Centro Histórico de la Ciudad
de México, los distribuidores hablan abiertamente de dos tipos de precios: uno
para las compras en efectivo y otro para las compras con tarjeta de crédito y factura.
Por ejemplo, el pago en efectivo genera un descuento de 65 dólares por un iPad 4
que cuesta 400 dólares, o de aproximadamente 150 dólares por una TV Sony de 55
pulgadas de pantalla plana con un costo de 900 dólares.
“El consumidor
tiene un enorme incentivo para no solicitar factura”, dijo desde la Ciudad
de México Jonathan Heath, un economista independiente que desempeñó
anteriormente como economista latinoamericano en jefe para HSBC Holdings. “Esto
significa que el precio puede ser 16 % más barato. Del lado del proveedor, este
no tiene que hacer constar las ganancias como gravables.”
Con información de The Washington Post, Eric Martin y Bloomberg