“El buen consumidor no nace: se hace”

Dilucidar el capitalismo de los últimos dos siglos —sin fallecer— exige un acto de renuncia.

Demanda tenderle la mano a Jane Austen, a Honorato de Balzac, a Naguib Mahfouz, pero también a Quentin Tarantino, Hart Hanson y David Shore.

Al menos esta es la apuesta de Thomas Piketty, el incómodo economista francés que es autor de Capital en el siglo XXI, un texto que le ha arrebatado varias noches de sueño a Lorena Martínez, la procuradora federal del Consumidor.

No sin queja de su parte.

“Es un libro complicado; yo no soy economista. Pero me pareció muy interesante”.

Lo es.

Por sus alcances, dicha obra ha sido comparada con El capital, de Carlos Marx, y para el singular ejercicio de análisis que realizó, el académico galo se apropió de diversos iconos de la literatura, del cine y de la televisión para mostrar que no son sino un reflejo fiel de la economía y de las fracturas que ha provocado “la mano invisible” del capitalismo.

El texto refiere, por ejemplo, que 10 por ciento de la población concentra dos tercios de la riqueza mundial en el presente, mientras la mitad de los habitantes del orbe sobrevive en la pobreza.

Una realidad que parece calcada de la existente en México, el país en el que Martínez Rodríguez toma decisiones diariamente y en el que cada habitante, sin importar cuán grande o pequeño sea su patrimonio, es un consumidor.

GENERACIÓN “DR. HOUSE”

¿Cómo es la titular de la Profeco consumidora?, se le cuestiona a quien ha tirado de las riendas de la Procuraduría Federal del Consumidor durante los últimos veinte meses.

“¡Excelente pregunta! Nunca me lo había planteado. Creo que he sido una consumidora regular. O bueno, más bien una buena consumidora. Supongo que tiene que ver con mi paso por esta institución cuando era muy joven, llegué aquí a los veintitrés años y me quedé cuatro años. Uno aprende… Pienso que el buen consumidor no nace, se hace, pero debe adquirir técnicas, hacerse de instrumentos y de información; hay que empoderar al consumidor”, resume.

Para ella, los consumidores actuales son más observadores y denunciantes que antes, más aguerridos.

“Hay más elección de productos, y si nos damos cuenta, el número de quejas no ha crecido al mismo ritmo que la población. Esto es positivo. Hoy las redes sociales son muy útiles porque permiten al consumidor autodefenderse; y también es un hecho que la competencia entre empresas obliga a los proveedores a ser mejores”.

Martínez y una parte de esos consumidores que describe pertenecen, por un mero accidente cronológico, a lo que Piketty considera la generación de la “meritocracia”, una que ha gozado de ciertos privilegios simplemente por el año en el que vio la luz.

“Todos aquellos que nacieron entre 1890 y 1970 han tenido más probabilidades de escalar socialmente siendo trabajadores exitosos que como herederos de una fortuna; un panorama muy distinto al que se vivía en el siglo XIX, como lo muestran las novelas de Austen o la estratificación social del Titanic. Pero esta realidad nada tiene que ver con la que viven hoy los jóvenes del nuevo milenio”, dice Piketty en un libro que no escatima en páginas.

La “meritocracia” a la que alude se ha visto reflejada en la pantalla en personajes como el irónico Gregory House o Temperance Brennan de Bones.

En México, no sin el espaldarazo de los gobiernos de la década de 1990, la encarnan empresarios como Carlos Slim, Germán Larrea, Alberto Bailleres y Ricardo Salinas, quienes poseen una riqueza equivalente al 9 por ciento del PIB nacional, un patrimonio del que carecía la generación de sus padres y abuelos.

ENTRE BALZAC Y “WEST WING”

Según las conclusiones de Capital en el siglo XXI, esa minoría acaudalada del presente heredará riqueza que producirá más riqueza sin demasiado esfuerzo.

Pero la realidad del grueso de la población es otra.

Una que el economista describe como una mezcla entre Balzac y West Wing en la que concentración del capital se agudiza minuto tras minuto.

En México, nueve de cada diez habitantes lo padecen. Y este es un problema que ocupa a Martínez y a la Profeco.

“Cuando llegué a la Procuraduría —en febrero de 2014— entendí que era necesario reorientar el trabajo de la institución. Decidimos dejar de distraernos en la vigilancia de lo que compra 10 por ciento de la población para concentrarnos en lo que adquiere el 90 por ciento restante de la gente”, dice.

Por ejemplo, continúa, “analizamos los artículos que más se consumían en México según la Encuesta Ingreso-Gasto del Inegi y también los sectores que más quejas concentraban, que eran esencialmente las telecomunicaciones, la Comisión Federal de Electricidad (CFE), las inmobiliarias, la actividad turística y las ventas de productos electrodomésticos”.

E incluso algunos intocables han dejado de serlo.

La CFE, por ejemplo, entidad que genera casi un tercio de las quejas anuales que recibe la Profeco, utiliza medidores que son calibrados durante su fabricación, pero que después no son revisados en varios años.

Hasta octubre pasado, cuando había quejas por errores de medición cometidos por la CFE, esta fungía como juez y parte determinando si el usuario tenía razón o no.

Ahora la CFE, Pemex y las empresas privadas de aguas deberán mantener actualizados sus instrumentos de medición, so riesgo de ser multados por la Profeco.

Buenas nuevas para el consumidor si conoce sus derechos.

THE MEXICAN “BLACK FRIDAY”

Noviembre, como se dijo, es un mes capital para la exdiputada.

El primer evento mayor que la aguarda es la celebración de la quinta edición de El Buen Fin, entre el 13 y el 16 de noviembre. Un ejercicio de consumo masivo que tropicaliza la esencia del Black Friday estadounidense, pero que supone más riesgos para el consumidor que en el país vecino.

En Estados Unidos, el evento tiene una duración de veinticuatro horas (el viernes posterior al día de Acción de Gracias), privilegia el uso de efectivo y promueve el consumo en los comercios locales.

La versión mexicana luce como una antítesis: se desarrolla a lo largo de cuatro días, es el propio gobierno el que promueve la utilización del crédito en un país que adolece de formación en materia de finanzas personales, y son las grandes tiendas departamentales las principales beneficiarias.

—Lorena, ¿lanzamos al consumidor a las fauces del león?

La Procuradora responde con cautela. Concede que el formato es distinto y que no siempre es propicio para evitar el sobreendeudamiento del comprador, pero destaca la importancia que tiene formar al consumidor.

“Sí, se corren riesgos si no hacemos un esfuerzo por prevenir y concienciar a la gente; el comprador debe tener claro que no le conviene endeudarse más allá de su verdadera capacidad de pago, pero tenemos que aceptar que el crédito es una realidad en México, y que no es malo per se”, asegura.

Y echa el reloj dos o tres décadas atrás.

“El crédito es un instrumento útil, para muchas familias es el único camino para hacerse de un patrimonio. Yo me cuento en esa lista, el primer bien inmueble que adquirí fue a través de una hipoteca de Fovissste que tardé muchos años en pagar”.

La procuradora acepta que El Buen Fin supone también otros riesgos.

En las cuatro primeras ediciones, los abusos en materia de precios y el reetiquetado de productos han sido una realidad.

“Trabajamos intensamente en este tema. El año pasado, dos meses ante de El Buen Fin comenzamos a monitorear de cerca los tres mil productos que seguimos habitualmente más un listado adicional de bienes que se consumen intensivamente durante los días que dura este evento, se trata sobre todo de electrónicos, electrodomésticos y ropa. Encontramos que 40 por ciento de los bienes no variaron su precio, es decir, no tomaron parte de las ofertas de este evento; otro 30 por ciento sí experimentó una baja, las ofertas eran reales; otro 3 por ciento aumentó su precio durante esos días; y el resto (27 por ciento) son productos que no formaban parte de este monitoreo en años previos, así que era imposible establecerse una comparación”, detalla.

“Con esta información nos fuimos a las calles a dar tiros de precisión, a detectar engaños al consumidor. En 2014, clausuramos 77 establecimientos. No es un número menor si consideramos que casi siempre se trata de grandes empresas”, refiere.

Sobre el hecho de que sea el gobierno el promotor del uso de crédito durante estos días, al ofrecer una lotería fiscal en la que reembolsará a algunas personas, vía sorteo, el monto total de sus compras durante El Buen Fin siempre que hayan sido pagadas con tarjeta de crédito o débito, se limita a expresar que “es una forma de premiar la formalidad en un país en donde la economía informal tiene tanto peso”.

LA CUENTA REGRESIVA

De regreso a Piketty, este acusa a los políticos de ser responsables protagónicos de la desigualdad económica que acelera el paso en el siglo XXI. Y habla de una nueva estructura impositiva que debe gravar a quienes tienen fortunas.

Ninguno de estos temas le resulta indiferente a la exalcaldesa de Aguascalientes, quien admite sin empacho que “encontró su vocación en la política”.

Lorena Martínez nació en Tabasco, un poblado del estado de Zacatecas en el que su padre comerciaba materiales de construcción y tenía licorerías. La familia siempre vivió cómodamente y, desde pequeños, los ocho hermanos comprendieron que la actividad comercial de la época se hallaba en Calvillo, Aguascalientes, y no en el terruño de los Martínez.

“Nos separaba un cerrito, y estábamos a la misma distancia de Calvillo que de la capital zacatecana, pero había mucho más comercio en el estado vecino. Soy la quinta de los hermanos; cuando terminé la primaria mi papá decidió que nos íbamos todos a Aguascalientes para que los mayores pudieran continuar ahí la preparatoria y la universidad”, narra.

“Esa decisión familiar me cambió la vida, me llevó a Aguas, en donde cursé la secundaria… y de ahí en adelante”.

El segundo gran evento que Martínez aguarda en noviembre está relacionado con esa decisión paterna.

La procuradora podría dejar pronto la defensa de los consumidores para buscar el gobierno de su estado de adopción.

Y el subconsciente la traiciona cuando se le inquiere sobre ese tema.

—¿Abandonará Lorena Martínez la Profeco este mes?

—No lo sé, todo depende de la decisión que tome mi partido (el PRI). Las condiciones existen. Las oportunidades las tengo. Estoy bien posicionada. Pero esto no se acaba hasta que se acaba.

—Pero veinte meses son insuficientes para consolidar un proyecto… ¿Qué se quedaría pendiente en la Profeco si renuncia a este cargo?

—En una institución siempre hay pendientes. En mi caso, dejaré sin consolidar la Subprocuraduría de Telecomunicaciones (dedicada a atender quejas de los 150 millones de usuarios que tiene México de servicios de telefonía fija, móvil, internet y televisión de paga) de reciente creación.

Se le hace notar que habla en futuro.

—Lo está dando por hecho.

—Es verdad. Más bien quiero pensar que así será… prefiero ser asertiva.

El futuro político de Lorena Martínez es incierto, pero las 130 000 quejas anuales que recibe la Profeco son una realidad tangible.

Alguien tendrá que ocuparse de ellas si la exlegisladora parte.

Son los pesares de pequeños y medianos consumidores que quizá sean retratados por alguna pluma del siglo XXI. No le falta razón a Piketty cuando afirma que “los novelistas pintan los efectos de la inequidad con una verosimilitud y un poder evocativo que ninguna estadística o análisis teórico es capaz de alcanzar”.