BERLÍN, Alemania.— Mohammed tiene veinticuatro años de edad. Usa gorra y unos lentes oscuros para ocultar sus recientes cicatrices: las esquirlas de un proyectil le arrancaron el ojo derecho y le dañaron parte de la cabeza. Su brazo derecho también está momentáneamente paralizado.
Él es oriundo de Homs, Siria, y llegó hace unas semanas a Berlín. Accede a hablar con la prensa extranjera por medio de un traductor, aunque sus frases son cortas y pocas. Su atención se la lleva más el iPad que carga en las manos.
“Quiero terminar mi tratamiento”, dice. Su deseo es que su brazo derecho quede curado para poder comenzar a trabajar lo más pronto posible. Él era mecánico y le gustaría volver a ejercer de nuevo como tal.
“También quiero aprender alemán”, agrega.
Junto con él hay otros quinientos refugiados. Al centro de acogida para peticionarios de asilo, como se llama oficialmente la instalación donde está Mohammed, llegan cada día entre cien y doscientas personas. Pero no se acumulan, un mismo número de personas deja diariamente el centro.
Aquí en Spandau, a las afueras del viejo Berlín Occidental, en medio de una zona industrial, hay refugiados que se quedan un día, y otros que se quedan semanas, como Mohammed. El promedio ha sido dos meses, una suerte de lotería, pues el proceso burocrático podría ser rápido o lento. Es en este aspecto donde las autoridades alemanas se han quedado rebasadas.
Mohammed está recargado en la ventana del contenedor donde vive. Esta es su nueva casa temporal. Por dentro no parecen contenedores. Están apilados de tal forma que forman tres pisos y cortados por dentro.
La mirada de Mohammed no se separa de su tableta. Con su índice izquierdo, hojea y hojea entre aplicaciones de mensajes y Facebook. Por momentos escucha las preguntas y las explicaciones que hace su traductor. Hace unos meses no se imaginaba estar a unos 3600 kilómetros de casa para tratar de continuar con su vida.
“Me iba bien en mi trabajo, y de un día a otro me quedé sin empleo y sin casa. Homs está completamente destruida”, dice. Y mientras él está ya en Alemania, en estos días Homs estaba siendo bombardeada de nuevo; ahora por los rusos.
Mohammed vive en el primero de los tres pisos de este miniedificio hecho de contenedores. Aquí caben unas 110 personas. Como este, hay otros cuatro para albergar en total hasta 550 personas. Cada unidad tiene baños, habitaciones de veinte metros cuadrados y espacios que son usados para diversas actividades, como salas de juegos, espacios para distribuir la comida que llega de una empresa de catering local, centro de donaciones y sala de juntas. En comparación con los centros o albergues para refugiados en el resto de Alemania o Europa, esto es un “lujo total”, pues muchos son hechos tan sólo con casas de campaña y lonas.
Este centro berlinés habla ya de la larga historia de inmigración en Alemania: había sido construido en 1988 para recibir a los refugiados que entonces escapaban de la vieja Cortina de Hierro y que, desde el este europeo, buscaban materializar sus sueños en Europa Occidental.
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4/4/2015. Tröglitz, Sajonia-Anhalt. La policía alemana abrió una investigación por el incendio intencionado que destruyó una vivienda en Tröglitz, en el este de Alemania. Ahí iban a ser acogidos el próximo mes de mayo cuarenta solicitantes de asilo. El tejado del edificio quedó destruido por el fuego, iniciado a las dos de la madrugada. Dos alemanes que vivían en la casa, de tres plantas, un hombre de 52 años y una mujer de 50, pudieron escapar ilesos del incendio.
21/4/2015. Berlín. Dos nuevos incidentes racistas hubo en Berlín. Grupos de neonazis atacaron a guardias de un centro de refugiados que será inaugurado próximamente. Después lanzaron una bomba incendiaria contra el Parlamento alemán. Esta nueva serie de ataques se da en medio de un fuerte aumento de refugiados en Alemania, sobre todo de Siria y Kosovo, que está poniendo a prueba la infraestructura disponible en muchas ciudades y alentando el debate sobre las leyes de inmigración y asilo.
18/7/2015. Remchingen, Baden Württemberg. Un nuevo incendio provocado en un futuro hogar de acogida de refugiados se sumó hoy a la ola de ataques similares que vienen registrándose en Alemania en pleno debate por el fuerte aumento de solicitantes de asilo. El incendio se produjo en la noche de viernes a sábado en un edificio vacío comprado por el gobierno local para instalar el año que viene un hogar de acogida. La policía aseguró hoy que parte de la hipótesis de que el fuego fue provocado. El incidente no dejó heridos, pero sí daños materiales por 70 000 euros. Además es posible que el edificio, fuertemente dañado, ya no pueda acoger a los refugiados.
21/8/2015. Heidenau. Sajonia. Cerca de mil manifestantes convocados por el partido de extrema derecha alemán NPD se concentraron anoche ante un improvisado albergue de refugiados de Heidenau. Durante varias horas bloquearon la entrada al edificio que hasta hace poco era la sede de una tienda de construcción llamada Baumarkt. La tienda había sido acondicionada para alojar provisionalmente a 250 refugiados que comenzaban a llegar anoche. Los manifestantes gritaban “¡extranjeros fuera!” y arrojaban piedras contra el edificio. Cuando llegó el primero de los autobuses cargado de refugiados, las protestas se volvieron más violentas. Armados con palos y piedras, atacaron el autobús y bloquearon el acceso al albergue. Los manifestantes lanzaron objetos contundentes contra el transporte de refugiados y contra la policía, que se vio obligada a desbloquear la carretera federal 172 con gases lacrimógenos. Los enfrentamientos se saldaron con varios heridos.
25/8/2015. Nauen, Brandeburgo. Un grupo de desconocidos prendió fuego en la noche del lunes a martes a un edificio que iba a ser utilizado como centro de acogida para refugiados y solicitantes de asilo de forma temporal desde septiembre hasta finales de año. Es el tercer incendio de este tipo en las últimas 72 horas. El edificio incendiado era un centro deportivo. Cuando llegó la policía casi todo el edificio estaba en llamas y los bomberos sólo pudieron dejarlo incendiarse de forma controlada. Se descarta un defecto técnico y los hechos serán investigados en las próximas horas. No hubo heridos.
29/8/2015. Salzhemmendorf, Baja Sajonia. Los ataques contra centros de acogida de refugiados en Alemania continúan día tras día, el último la noche del jueves 28 de agosto, cuando unos desconocidos lanzaron un coctel molotov por la ventana de un piso donde una madre dormía con sus tres hijos pequeños, informaron las autoridades alemanas. El artefacto incendiario atravesó la ventana del piso situado en una antigua escuela, y quemó una alfombra y un colchón de la habitación. La madre y los hijos dormían en la habitación de al lado y resultaron ilesos. En el edificio viven más de treinta refugiados.
6/9/2015. Rottenburg, Baden Württemberg. Cinco personas han resultado heridas en un incendio en un centro de acogida para refugiados en Alemania, según dijo la policía, tras un fin de semana en el que han entrado en el país más de veinte mil inmigrantes y solicitantes de asilo. El incendio fue en un centro de acogida que alberga a más de ochenta personas. Dos personas han sufrido heridas en las piernas tras saltar desde una ventana para escapar de las llamas, mientras que otras tres fueron tratadas por inhalación de humo. Por el momento se desconoce la causa y está siendo investigada.
20/9/2015. Wertheim, Baden Württemberg. Alemania vivió otro fin de semana con ataques a centros de refugiados en distintos puntos del país. Un gimnasio en el que se tenía previsto alojar a migrantes fue incendiado en la noche del sábado, dejando a la ciudad sin alternativas para acoger a más solicitantes de asilo. “No vendrán más refugiados a Wertheim debido a que ya no hay lugar donde alojarlos”, comunicó hoy Herrmann Schröder, miembro del gobierno del estado federado de Baden-Württemberg. La policía cree que el incendio del gimnasio en el que se habían instalado unas 330 camas para refugiados fue intencionado. El pabellón resultó seriamente dañado por el fuego y corre peligro de derrumbarse. En Wertheim ya habían sido alojados seiscientos refugiados en otro pabellón.
4/10/2015. Friemar, Turingia. Un centro de refugiados fue objeto hoy de un atentado incendiario sin causar víctimas, según la policía, que no descarta que los hechos hayan tenido motivación xenófoba. “Ha sido un incendio provocado contra edificio habitado y con ello un atentado contra la vida de gente que ha buscado refugio entre nosotros”” dijo en su cuenta de Twitter el primer ministro del estado federado de Turingia, Bodo Ramelow.
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“El drástico aumento de refugiados que está recibiendo Alemania es el mayor reto del país desde la Reunificación”, señaló en días pasados el vicecanciller Sigmar Gabriel. Algunos dicen que desde la Segunda Guerra Mundial. Lo cierto es que las cifras que se han revelado dan cuenta de cientos de miles que llegarán a Alemania en el 2015: de unos trescientos mil que se estimaban en abril —pero que ya implicaba la duplicación de los años pasados—, la cifra fue creciendo hasta llegar en octubre a un millón y medio refugiados.
El reto para las autoridades alemanas es lograr acelerar los trámites de papeleo para los nuevos refugiados y distribuirlos eficazmente. En la distribución de estos debe de estar implícita la idea de informar a la población y construir centros apropiados de acogida, y con ello evitar ataques de índole racista.
“Además de refugio, se debe de ofrecer seguridad para evitar estos ataques”, agregó el vicecanciller después de visitar un centro de refugiados. La canciller Ángela Merkel hizo lo propio días después y agregó que estos ataques son “una vergüenza para el país”.
Las razones de los ataques racistas en Alemania se han adjudicado sobre todo a grupos extremistas y a ciudadanos molestos que de pronto vieron sus pueblos “invadidos” de personas que “podrían robarles”. Entes extraños que aterrizan en localidades pocas veces tocadas por el dedo de la política federal; las crisis del mundo en pueblitos alemanes.
De muchos ataques no se pudo probar la razón, donde ni siquiera había heridos o muertos, tan sólo fachadas pintarrajeadas o quemadas.
“Los ataques a los inmigrantes se deben a la forma en cómo son clasificados desde los niveles políticos. Se habla de los migrantes políticos y de los económicos. Los políticos son los que salen de sus países por las crisis humanitarias, las guerras y las persecuciones políticas, y los económicos son los que salen huyendo de la pobreza de sus países y la desigualdad socioeconómica”, explica Petra Schlagenhauf, una abogada especializada en casos de migración.
“Europa, y en particular Alemania, no quiere a los migrantes por razones económicas. La gente no quiere que otras personas se vengan a aprovechar de su sistema social. Pero además sucede algo más: una vez que los refugiados están en Alemania, los burócratas de las instituciones sociales encargadas de revisar sus casos y darles sus papeles, tardan tanto que los obligan a vivir en la calle o a vivir del sistema social”, agrega Schlagenhauf.
La Cámara de Comercio de Alemania se ha sumado a las voces que ponen presión a la política, pidiendo la regularización rápida de los refugiados para integrarlos en el sistema económico del país. No hace más de cuatro años que Alemania buscaba en el mercado europeo llenar profesiones con personal de otros países. Ingenieros, enfermeras y técnicos eran buscados para suplir la demanda de varias comunidades que se habían quedado sin personal.
Un estudio del Instituto de Estudios sobre el Mercado Laboral, encargado por la Fundación Bertelsmann, había señalado a principios de 2015 que la economía alemana necesitará en el futuro más de medio millón de inmigrantes al año para cubrir sus necesidades de mano de obra. Y especificó que la inmigración neta tendría que ser anualmente de más de quinientas mil personas para llenar el vacío que dejará la generación de trabajadores nacida en las décadas de 1950 y 1960 cuando se jubile.
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Otro día en el centro de acogida de Spandau, Berlín. Mohammed no está en esta ocasión. Es lunes. Dicen que se fue a la Oficina para Asuntos Sociales de Berlín. Ahí es a donde muchos refugiados tienen que ir a realizar los trámites para tener los papeles como refugiados. Pero cientos, miles quieren hacerlo al día, y los empleados berlineses no se dan abasto. Quejas de maltrato, de tardanzas, de negligencias y, por si fuera poco, quejas por falta de servicios: los burócratas exigen a los peticionarios de asilo ir a la oficina con sus propios intérpretes.
Esta tarde podría regresar Mohammed al centro de acogida con sus papeles y sus respectivos 143 euros que le dan a cada refugiado por mes, o podría regresar sin nada. En caso de regularizar su situación, tendría que ser llevado a otro albergue o, de haber, a algún departamento disponible.
“Este centro está diseñado para que los peticionarios de asilo se queden sólo un día, pero pueden quedarse hasta seis meses. El promedio es de dos meses mientras les regularizan su situación. Los trámites de sus papeles pueden concluir con que la persona no tenga derecho a asilo y deba ser deportada. En ese caso llega la policía al centro y se lleva a las personas en cuestión”, comenta Jyoti Chakma, director del centro de acogida en Spandau.
En uno de los pisos de esta unidad de contenedores se escuchan pelotazos de pimpón. Unos adolescentes están jugando. En un cuarto cercano se escucha a niños cantar, mientras un equipo de pedagogos busca tratar con los traumas que tienen por haber dejado su país y haber hecho la travesía desde Siria.
En la planta baja está la distribución de comida abierta. La empresa de catering acaba de entregar la comida. Luce como la comida que es servida en los aviones, con platos de plástico rectangulares y cubiertos de un papel transparente. El hombre que entrega la comida no quiere hablar, sólo desea entregar la comida e irse. Quizás es un empleado cualquiera, quizá no quería hablar del negocio que se está haciendo con la “rama de los refugiados”, como se la conoce ya.
El negocio con los refugiados está creciendo por toda Alemania. Con la llegada masiva de más inmigrantes, y la presión de atenderlos, se ha generado una industria para ello. Lo que normalmente para muchos pueblos o pequeñas ciudades podría haber sido una sobrecarga, se trata más bien de una mina de oro. El negocio se reparte entre los baños portátiles, camas, empresas de catering o, incluso, las compañías de tarjetas prepagadas. Los estados alemanes y las comunidades, una forma de municipios, estiman que se debe de pagar entre 10 000 y 14 000 euros por refugiado al año, con lo que el mercado es de miles de millones. Y por esta misma razón ya entraron los primeros inversionistas en la llamada “rama de los refugiados”. Ahí está la empresa de servicios ORS Service AG, que administra dos albergues en el estado de Baviera.
Un caso especial es el del hotel Maritim, en la ciudad de Halle, estado de Sajonia-Anhalt. La cadena hotelera necesitaba hacer dinero con el edificio, con el que venía sumando pérdidas ya desde hace tres años. La empresa escuchó de los refugiados y dijo al gobierno del estado que podrían albergar ahí a 740. Algunos exempleados contaron al semanario Der Spiegel que los cálculos fueron hechos a razón de 70 euros por refugiado y que hacinaban a dos o hasta tres en una habitación sencilla. La cadena cerró el contrato y lo hizo por tres años.
Con los centros de acogida como al que llegó Mohammed, nadie podrá lucrar. Ya son administrados desde siempre por una asociación federal, que muchas veces depende de donaciones.
Afuera del cuarto de distribución de comida está Suliman. Se acerca y dice que no tiene dinero. Que lleva dos meses esperando a que la oficina de lo social le reconozca su caso y le comience a dar dinero.
“Llevo dos meses así. Tengo una mujer y un niño que necesita que le compre cosas”, dice Suliman.
Suliman es sirio y huyó de Alepo a causa de la guerra. Pasó por Turquía, Grecia, los Balcanes, Hungría y Austria. Y considera este refugio provisional un “paraíso” a comparación de lo que vivió en su odisea de diez días. “En Hungría nos recluyeron en una cárcel de alta seguridad. Se parecía a Guantánamo. También había niños pequeños allí. A mí y a mi familia nos encerraron en un cuarto donde éramos dieciocho personas. Pasamos dos días sin nada de comer ni beber”, recuerda.
Pide ayuda para que las autoridades berlinesas aceleren su proceso, y empieza a hacerlo en árabe porque su inglés no le da las suficientes palabras para comunicarlo. Se desespera, levanta su comida y se va.
Los refugiados que llegan a Berlín están extenuados. Para ellos, los últimos meses fueron terribles. Muchos abandonaron todo lo que tenían. Son sirios, iraquíes, afganos. Y la mayoría no sabe qué va a suceder. Pero, pese a la incertidumbre, están felices de haber llegado por fin a un lugar seguro.