El desertor

El tema del militar normalista de Ayotzinapa desaparecido en el caso Iguala, un joven de nombre Julio César López Patolzin, mete ruido a un caso de por sí polémico. El pasado militar del muchacho se supo desde julio de este año (hace más de dos meses), aunque ahora se ha levantado revuelo porque el titular de la Sedena dijo que el joven era militar en activo, mientras que el padre del normalista asegura que su muchacho era desertor y, en un comentario desafortunado, el senador Miguel Barbosa aventuró que López Patolzin pudo haber sido un infiltrado castrense en la escuela normal rural.

Lo cierto es que los desertores en el Ejército no son cosa rara. Se habla de que tan sólo en el sexenio de Felipe Calderón hubo más de 55 mil desertores de las fuerzas armadas, y que en el periodo de Fox esa cifra llegó a superar 100 mil.

Si una persona en activo deserta de las filas militares por cualquier razón, a los seis meses se le da de baja y ya. Su nombre queda marcado dentro de la milicia, pero no procede algo más. Lo único es que, una vez dado de baja, ya no podrá regresar a la vida castrense.

El papá de Julio César dice que el muchacho se lesionó mientras era militar en activo, y que a causa de sus dolencias desertó del Ejército mexicano y se enroló en la Normal Rural de Ayotzinapa. Que si seguía en las listas militares es porque seguramente alguien cobraba las quincenas en su nombre.

El secretario de la Defensa Nacional dice que el joven estaba activo, pero que no es extraño que militares estudien con permiso de sus superiores, y que ese era el caso.

Entonces: ¿desertor? ¿Soldado en activo y con permiso? Ninguna repuesta dejará satisfecho a todos. Un poco más de gasolina al fuego de Ayotzinapa