Trump es la estrella republicana

Desde el espectáculo previo al partido hasta los comentarios finales después del juego, el Súper Tazón dura horas y horas, pero por lo menos hay guacamole, amigos y cerveza. No hubo tales comodidades durante la producción de CNN de dos debates republicanos la noche del miércoles, a menos que le gusten las fiestas extrañas. La cobertura del debate fue tan larga que si hubiera sido un interrogatorio, uno terminaría confesando que secuestró al bebé Lindbergh con tal de que se acabara. Después, cuando CNN corrió para entrevistar a Donald Trump —por supuesto—, él lo llamó el debate más largo en la historia, y por única vez no se sintió que estuviera exagerando.

Las metáforas deportivas son una muleta que los reporteros políticos tratan de evitar, pero una en la cual CNN se apoyó pesadamente. Los gráficos de apertura conforme eran presentados los principales candidatos tenían una naturaleza de “Y en esta esquina…” cual pelea de box. El moderador Jake Tapper dijo admirablemente que la meta era lograr que los candidatos se enfrentaran entre sí, así que muchas preguntas tenían una naturaleza de él-dijo-esto-sobre-usted-qué-piensa, lo cual podría parecer una buena idea pero en la práctica dio una noche mucho menos interesante que el debate patrocinado por Fox y el interrogatorio infame de Megyn Kelly a Trump. Los mini zafarranchos inspirados por CNN en su mayoría fueron oportunidades para fanfarronear, como cuando Chris Christie, quien libró la noche sin que lo cuestionaran sobre su escándalo Bridgegate, desdeñó a Trump y Carly Fiorina por discutir como niños sobre quién era mejor en los negocios. “Los dos son exitosos”, dijo él. “Genial”.

Sin el estilo de entrevista usualmente excelente e inquisitivo de Tapper, hubo preguntas del tipo ustedes-dos-la-responden o embarazosas como “¿Cuál sería su nombre en clave para el Servicio Secreto? (Aunque “Humilde” fue una muy buena respuesta de Trump, mientras que “Una Nación” mostró por qué Ben Carson podría estar en el campo equivocado.) Mientras tanto, cuando Jeb Bush dijo que su hermano “nos mantuvo a salvo”, Tapper y los interlocutores de CNN se quedaron pasmados, sin decir más sobre el 11/9.

El marco del debate en la Biblioteca Reagan le dio una sensación de elegancia pero retro, con el viejo Air Force One literalmente detrás de las cabezas de los candidatos. El presidente santificado fue invocado tan a menudo que uno casi deseó que CNN tuviera una animación computarizada de Reagan mirando por las ventanas. Vamos, el foro sólo permitió un público modesto que estuvo más amortiguado que entusiasta, y parecía estar lleno de donadores generales del partido que del gentío escandaloso que hubo en el primer debate de Fox. Si la campaña es un choque entre ejecutivos de televisoras, se tendría que darle en encuentro a Roger Ailes, de Fox, y no a Jeff Zucker, de CNN; aunque, como lo señaló un productor de la televisora, CNN probablemente ganó más dinero esa noche. (La duración de la sesión-de-interrogatorio-en-Guantánamo de CNN significó más anuncios.)

Acostúmbrense a ello

Rick Perry, ex gobernador de Texas, tal vez se haya salido de la contienda, pero todos los demás se comportaron lo bastante bien anoche para seguir adelante. Entre los candidatos de la clase dirigente, Marco Rubio y Christie hicieron lo suficiente para vigorizar a sus partidarios y seguir adelante. De los ajenos como Fiorina, Carson, Ted Cruz y Trump, su participación fue lo bastante buena para sentirse bien.

Con sus miradas fuertes a Trump y las mejores frases de la noche, Fiorina terminó con la cabeza alta. Sus pullas sobre cómo las mujeres sabían lo que quería decir Trump cuando él habló mal de la cara de ella y cómo ella no quería poner una mujer en el billete de $10 dólares fue el feminismo perfecto al estilo republicano. No obstante, la directora ejecutiva y magnolia de acero fue afortunada de que CNN no hiciera repreguntas sobre su destitución en Hewlett-Packard.

Incluso Scott Walker tal vez haya detenido su caída abrupta con una réplica sobre cómo ya tenemos un “Aprendiz” en la Casa Blanca y no necesitamos otro. Rand Paul mostró algo de la energía libertaria que ha hecho falta por meses cuando reprendió a Bush por fumar yerba de joven y encerrar a muchachos pobres con sus duras leyes contra las drogas. Las maneras de hombre razonable de John Kasich le han granjeado el cariño de los medios de comunicación y también le fue bien, pero no tanto como en el primer debate.

Todo lo cual significa que va a ser un esfuerzo largo. Interesantemente, las desavenencias ideológicas en el partido son, a fin de cuentas, relativamente modestas según los estándares históricos como Reagan vs. Gerald Ford o Nelson Rockefeller vs. Barry Goldwater. Recortar impuestos, prohibir el aborto, quitarle los fondos a Paternidad Planeada, cerrar la frontera, revocar el Obamacare, ninguno de estos asuntos centrales estuvo en disputa, lo cual significó que el debate se centró en asuntos menores como si Washington debería impugnar las leyes sobre la marihuana en Colorado, y las vacunas y el autismo.

A la mañana siguiente, Trump dijo a Morning Joe que él pensaba que el debate fue injusto con los otros candidatos porque muchísimas preguntas fueron sobre él. Eso es cierto. CNN lo usó en los insertos. Cuando él llegó en un deportivo utilitario, CNN lo cubrió en vivo, como si fuera el Papamóvil y no una Suburban. Para los medios de comunicación, él todavía es el rey sol.

En ocasiones, la visión Trumpocéntrica del universo tuvo una naturaleza tragicómica. Los polemistas de segundo rango tuvieron que soportar cuatro preguntas sobre Trump antes de que su debate poco visto se pusiera en marcha. En cierta forma eso fue muy malo, porque sus contratiempos eran más interesantes que el gran show. Tuvo momentos cautivadores de cordura (George Pataki diciendo que los funcionarios del gobierno tienen que hacer respetar la ley sobre el matrimonio homosexual) y rareza (el entusiasmo excesivo de Lindsey Graham por enviar tropas a Irak y Siria). Rick Santorum en realidad dijo algunas cosas importantes con respecto a que el partido está demasiado enfocado en los empresarios y no en la gran mayoría de los estadounidenses que gozan de un sueldo.

El mundo posterior a Ciudadanos Unidos, una organización conservadora que adquirió fama por su relación con la Comisión Electoral Federal estadounidense debido a la regulación de fondos de organizaciones destinados a campañas políticas , con sus patrocinadores multimillonarios y reglas imprecisas, significa que la gente puede mantenerse en la contienda más allá de sus fechas de caducidad. En una contienda entre Trump y cualquier otro, el magnate probablemente no pueda alcanzar el 50 por ciento, pero en un campo atiborrado él sobresale, lo cual es grandioso para él, y grandioso para los índices de audiencia. ¿Para el resto de nosotros? Tal vez no lo sea tanto.