“Era ver que renacía la vida”: Juana, primera mujer topo

A casi 30 años del terremoto que sacudió la capital del
país, Juana Huitrón -primera “mujer topo”- todavía piensa en salvar vidas, a
pesar del avanzado estado de una enfermedad que la tiene al borde de la muerte.

“Quizá sea la última entrevista que dé”, dice con los
ojos anegados de lágrimas quien hace tres décadas y a lo largo de estos años,
se ha distinguido por rescatar esperanzas, “una vida que logremos salvar
es como salvar el mundo”.

En la planta baja de su casa, cerca de un tanque de oxígeno,
sentada en un sillón y vestida con pantalón de mezclilla y una playera de color
azul fuerte que identifica a su grupo de rescate internacional 19 de septiembre
Topos, Juanita sonríe, mira a lo lejos, parpadea y comienza a recordar:

“El 19 de septiembre de 1985, a las 7:19 horas, cuando
empezó a temblar la tierra, justo en ese momento, vivíamos frente al edificio
Nuevo León –en la Unidad Habitacional Tlatelolco-, vimos colapsarse un edificio
por el cual circulábamos diariamente, era el paso de mis hijos para su escuela,
tenía yo a mis amistades que vivían en ese edificio, puede imaginarse lo
terrible que fueron esos momentos”.

“Era ver la vida de tanta gente, de tantos niños, confundir
sus suetercitos con la esperanza de rescatar esas vidas; no éramos rescatistas
ni teníamos idea de cómo salvar una vida, pero en ese instante cualquier
persona de las que estábamos presentes, transformamos nuestra vida,
transformamos nuestras manos”, para salvar vidas, dice con la voz entrecortada.

Juana, de 71 años de edad, cuatro hijos, tres nietos y un
bisnieto, se detiene un segundo, respira y continúa:

“Era espectacular ver como trabajamos en silencio –había
mucha gente- pero con una certeza de que íbamos a rescatar muchas vidas, eso fue
en los primeros momentos y logramos sacar, vimos esas criaturitas que sacamos
del edificio Nuevo León, era volver a ver que nacía la vida y eso era tan
grande para todos nosotros, los que vivíamos con la esperanza”.

Uno, dos, tres parpadeos y algunas lágrimas que sucumben al
recuerdo y escurren lentamente por sus mejillas, acompañan las palabras de la
rescatista que trabaja en la elaboración de un manual sobre cómo manejar
emergencias, que espera, confía, dar a conocer en el mes de septiembre.

“Escuchábamos llantos, escuchábamos vocecitas, las voces de
los padres buscando a sus hijos, eso nos hacía sentir que éramos alguien, que
Dios, en ese momento, había dispuesto para salvarles la vida; ese fue nuestro
caminar ese 19 de septiembre (….) muchos jóvenes y muchos niños llegaban con su
palita y cubetita y decían quiero ayudar”.

“Eso no lo olvido nunca y eso es lo que me hace, aún a 30
años, ya sin las fuerzas suficientes, ya con limitaciones, pero no con las
ganas de seguir aprendiendo, de seguir trabajando por alguien como son los
niños”, remarca con la voz entrecortada.

De entre el sin fin de recuerdos que la acompañan sobre
aquel fatídico día, Juana, quien ha rascado la tierra en al menos tres
continentes, desempolva un momento que para ella fue de gran valía para
convertirse en la primera mujer topo de México.

Y la oportunidad de ayudar se la dio cantante internacional,
Plácido Domingo, a quien venía cuando atravesaba la calle donde se encontraba
su casa, del otro lado de Paseo de la Reforma, y él estaba en el edificio Nuevo
León.

El día del sismo “el señor Plácido estaba ahí, me di cuenta
de todos los medios de comunicación que llegaban hacia él, y empezó a llegar
mucha ayuda, de todo (…) fui a ver otros lugares, donde se hicieron albergues y
la gente llegaba llorando, querían medicina (…) regresé con el señor y le dije
que me daba tristeza ver que había destrucción por todas partes.

“Le dije que teníamos gente atrapada y no teníamos con que
ayudar a la gente, el me dijo: señora anóteme en un papel todo lo que usted
necesite, porque hoy va a llegar el señor Zabludovsky, a las 9 de la noche, y
la quiero aquí con esa lista para dársela a Jacobo y vamos a pedir lo que más
se necesite”, evoca.

“No había tiempo para descansar, llegaba gente de los pueblitos
a ayudar (…) sabía que por las noches iba a llegar un sacerdote solito, llegaba
con un bote de tamales y un costalito de bolillos para darnos a los
voluntarios”, quienes la obedecían.

La búsqueda de sobrevivientes era sin parar; Juanita y su
grupo buscó y buscó entre los escombros; todos se arrastraron por meses hasta
encontrar personas con vida o cadáveres que también había que sacar.

Los años pasaron y con ellos la labor la rescatista de
Juanita que nunca se detuvo, ahora padece enfisema pulmonar, lo que la
entristece, porque la limita para seguir salvando vidas.

A muchos enseñó a salvar su vida y a salvar vidas; la suya
se consume sin tregua.

“Hace algunos meses decía, mi tiempo se acabó y me causaba
muchas lágrimas pensar que ya no tengo el aire suficiente, la vista, todo se
terminó con mi trabajo, aunque no se ha terminado del todo, porque aún fluyen
tantas cosas en mí, en mi mente, que vivo, puedo ocupar todavía muchas
facultades que Dios nos ha dado, como es la de escribir”.

En eso, en escribir, Juana dedica su tiempo, para que las
generaciones sepan que hacer antes, durante y después de cualquier siniestro,
no sólo de un terremoto.

“Tenemos tantos fenómenos naturales, fisicoquímicos,
geológicos, socio organizativos, tenemos mucho que aprender y mucho que dar”,
dice.

Entrada en el tema que le apasiona, olvida la enfermedad que
la tiene postrada, y con vigor detalla los conocimientos básicos que los
rescatistas deben tener para que la vida “no se escape entre los escombros”, y
da consejos a la sociedad para enfrentar siniestros.

En 1986 el presidente Miguel de la Madrid le entregó a Juana
un reconocimiento por el trabajo de rescate realizado un año atrás y en el 2013
el jefe delegacional en Cuauhtémoc, Alejandro Fernández, le otorgó otro por participar
en el rescate de personas durante los terremotos de 1985.

Su grupo de rescate internacional 19 de septiembre Topos,
ahora encabezado por su hijo David, ha hecho tareas de este tipo en al menos
tres continentes.

Juana estuvo presente en la mayor parte de los países donde
se ha requerido su apoyo, como Estados Unidos cuando se derrumbaron las Torres
Gemelas tras un atentado terrorista el 11 de septiembre de 2001.

Así, la primera mujer topo todavía piensa en salvar vidas, a
pesar del avanzado estado de una enfermedad que la tiene al borde de la muerte.

(Con información de Notimex)