‘El miedo paraliza, y eso es lo último que necesitamos’: Cecilia Suárez

El volante que anuncia la obra Puntos suspensivos con el eslogan “Te quieres salvar, salvando a otros…”, lanza un gancho de curiosidad reflexiva que anima a ver la puesta en escena.

En tan sólo quince minutos, este ejercicio de interpretación meditativa, que dirige Cecilia Suárez y actúa Valeria Vera (también autora), nos hace revalidar un cúmulo de conceptos: hábitos o relaciones tóxicas, el deber ser, la obligación de ser multitarea y hasta la culpa.

Puntos suspensivos inició temporada hace un par de semanas y abre una nueva etapa para Cecilia, quien compagina la dirección teatral con la actuación. Y es que acaba de estrenar la cinta Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando, actualmente en cartelera, en la que conoció a Valeria.

El acelere de la vida cotidiana generalmente hace que tratemos de estar en todo, mirar hacia fuera pero pocas veces hacia el interior, reflexiona Suárez.

“Esta sociedad nos hace mantener el ojo hacia fuera constantemente y así evitamos vernos y, por ende, ver al otro. En el momento en que uno contacta consigo mismo, con lo que le duele y con lo que da el verdadero bienestar, entonces comienzas a disfrutar el tránsito que es la vida y a interesarte por el que está al lado.”

Cecilia es originaria de Tampico, Tamaulipas, uno de los estados más azotados por la violencia de los grupos criminales.

—¿La última vez que respiraste paz en Tamaulipas u otro lugar de México?

—Tamaulipas es una herida abierta, aquí traigo a mi país adolorido, pero finalmente creo que es posible [la paz], si uno trabaja en uno mismo y si uno está en paz, se vuelve expansiva, la compartes.

“La última vez que respiré paz fue la última vez que estuve ahí, que no fue hace mucho y noté la ciudad de Tampico más serena y activa en su realidad cotidiana. En el país, a pesar de las pésimas noticias que recibimos, hay que hacer el esfuerzo por llevar el día a día contentos, confiados, porque el miedo paraliza y es lo último que necesitamos.”

Bajo reserva se titula la más reciente obra de teatro donde actuó, en marzo pasado, y en la cual encarna a una reportera que destapa un escándalo sobre el presidente.

—¿La última vez que creíste que la libertad de expresión en México era plena?

—Creo que hace mucho tiempo, cuando era niña. Bajo reserva fue algo muy especial para mí porque coincidía con este momento que parecía premonitorio, con lo que pasó con Carmen Aristegui. Fue una sorpresa que la usáramos como referente en un momento de la obra y que, dos semanas antes de que cerráramos temporada, ocurriera lo que pasó con ella y MVS. Ello supuso confirmar y ratificar que lo que estábamos contando era más que vigente y era más que urgente en un país como el nuestro.

Como ciudadana a la que le gusta estar informada de lo que ocurre en el país, a Cecilia la hemos visto en diversas campañas de concienciación, incluso fue vocera de la ONU para la campaña “Declárate” sobre protección a los defensores de derechos humanos.

—¿El último caso de violación a los derechos humanos que te indignó?

—Hay una lista larguísima. El último reporte de GIRE (Grupo de Información en Reproducción Elegida) que tiene que ver con derechos de mujeres y su reproducción, me parece que es urgente que se atiendan esas deficiencias en el país. El caso del asesinato en la [colonia] Narvarte, el caso Aristegui, Ayotzinapa, ¿sigo o paramos?

—¿La última vez que te sentiste encerrada sin estarlo?

—Si uno se deja llenar de miedo esa sensación prevalece. Pero tu bienestar y felicidad dependen de ti mismo y de cómo defiendas ese espacio.

—¿Cuál es tu perspectiva de lo que significa ser mujer y madre en México?

—Es un camino largo y cuesta arriba que tiene que ver con educación, cómo educamos a los hombres y cómo fuimos educadas las mujeres. Pero involucra la responsabilidad de ambos géneros porque creo que ambos sufren.

—¿Qué ultimátum se requiere para que existan cambios en las políticas públicas?

—Si nuestros políticos se vieran obligados a atenderse en un hospital público, los espacios, los recursos, serían distintos. Igual, si sus hijos tuvieran que ir a una escuela pública entonces los maestros serían evaluados, sería otro el sistema educativo, no se cortarían las materias de historia o ética. Es preocupante porque la historia es más que necesaria, entonces ¿cómo retomar lo que hemos sido y hecho para poderlo cambiar?