El gobierno georgiano está tomando una postura más agresiva al exigir que la alianza reconozca el avance de Georgia en las reformas políticas y militares. El Ministerio de Defensa publicó una declaración en junio en la que hacía énfasis en que Georgia solicitará un Plan de Acción de Membresía (MAP, por sus siglas en inglés) en la cumbre de Varsovia, y la Ministra de Defensa Tina Khidasheli hizo varias declaraciones acerca de la postura reactiva que el gobierno tomará al respecto.
Esta postura firme de parte de Georgia debería ser bien recibida. Pero con base en las experiencias pasadas sobre la incapacidad de la OTAN de tomar una decisión sobre Georgia, y para evitar una mayor frustración por parte del público georgiano si no se toma ninguna decisión, es indispensable diseñar la estrategia correcta y acompañarla con la redacción adecuada para su consumo nacional y externo.
En relación con la estrategia, la lucha por el MAP no debería ser la prioridad para Georgia. En relación con la compatibilidad militar y las reformas político-militares, Georgia ya está muy cerca de los estándares de la OTAN. Además, los instrumentos actuales de las relaciones bilaterales, como la comisión OTAN-Georgia y el Plan Nacional Anual, proporcionan mecanismos que podrían llevar a la adhesión de Georgia.
La prioridad es convencer a los miembros de la OTAN de que si no se le concede la admisión, Georgia espera un anuncio en la cumbre de Varsovia de que los componentes políticos y militares actuales de la sociedad Georgia-OTAN pueden producir la admisión sin el MAP. Esta decisión permitirá que la alianza conceda la admisión a Georgia en el momento político correcto.
El factor Rusia vs. los intereses de seguridad de la OTAN
No es ningún secreto que el factor clave que impide la admisión de Georgia a la OTAN es Rusia. Durante años, Washington y muchos de sus aliados en Europa estaban interesados en evitar cualquier cosa que pudiera aumentar las tensiones con Rusia.
Al analizar los acontecimientos en Ucrania, ese enfoque cauteloso realmente no produjo resultados deseables. Por desgracia, la declaración que el presidente Barack Obama hizo en marzo de 2014 al señalar que “ni Ucrania ni Georgia están actualmente en camino a ser admitidos en la OTAN”, fue interpretada por Moscú como el poder de veto de Rusia sobre la ampliación de la alianza. Esto produjo una escalada mucho mayor del conflicto en el oriente de Ucrania en el otoño de 2014.
Recientemente, Rusia, una vez más, movió las así llamadas fronteras de la región disidente de Ossetia del Sur en lo más profundo de Georgia. Por consiguiente, parte del oleoducto de Baku-Supsa, que transporta petróleo del Mar Caspio al Mar Negro y abastece a las refinerías europeas e israelíes, está ahora bajo el control ruso. Evidentemente, el lenguaje de las concesiones unilaterales no funciona con Rusia.
Los escépticos insisten en que es peligroso admitir a Georgia en la OTAN, ya que no puede ser defendida contra una invasión rusa. Pero el hecho es que es más fácil defender el terreno montañoso de Georgia que la mayoría de las fronteras orientales de la OTAN, y esto también era así durante la Guerra Fría.
Además, aunque es cierto que Georgia no puede defenderse por sí misma, también es cierto que con el apoyo militar adecuado, el ejército de Georgia puede hacer que Rusia incurra en costos muy altos en caso de que tenga lugar una agresión mayor. El armamento antitanques y antiaéreo de la OTAN y Estados Unidos, así como su entrenamiento, actuarán como un importante factor para disuadir una agresión rusa en contra de su pequeño vecino.
El enfoque en la carga que Georgia impondría a la alianza también se debe ponderar teniendo en cuenta la amplia contribución que el país hace a la seguridad de Occidente. Con los intereses occidentales puestos en riesgo en el Medio Oriente por parte de los militantes radicales de ISIS, así como por Rusia en Ucrania y potencialmente en el mar Báltico, resulta aún más importante mantener una presencia occidental estratégica en el sur del Cáucaso, una región potencialmente volátil.
Georgia es también una parte central del corredor de energía y transporte Oriente-Occidente, al proporcionar gasoductos, puertos, ferrocarriles y autopistas para transportar vitales recursos energéticos desde Asia Central. Este corredor Oriente-Occidente a través del sur del Cáucaso puede convertirse en la ruta terrestre más corta y más rápida para el transporte de contenedores entre Europa, el Mediterráneo y China, convirtiéndose así en un importante pilar para el comercio global.
El objetivo de Georgia en Varsovia
Lo que Georgia necesita en Varsovia es que los líderes de la alianza declararon formalmente que Georgia puede ser admitida en la OTAN en cualquier momento sin un MAP. Esto evitaría dar a Moscú cualquier pretexto para iniciar una escalada negativa adicional en el Cáucaso.
Actualmente, Moscú piensa que la OTAN no está lista para aceptar a Georgia en la alianza. Al no conceder un MAP a Georgia, la OTAN confirmará las expectativas rusas. Al mismo tiempo, al eliminar el obstáculo de un MAP, la OTAN fortalecería la fe del público georgiano en la visión de “unirse a Occidente.” Se entenderá que Georgia puede convertirse en miembro cuando la OTAN tome una decisión política sobre el asunto, y no habrá ningún obstáculo técnico para la admisión en ese momento.
Además de los aliados tradicionales de Europa Oriental que siempre respaldaron la admisión de Georgia en la OTAN, la diplomacia georgiana deberá enfocarse durante los próximos 12 meses en tres miembros clave de la OTAN: Estados Unidos, Alemania y Turquía.
El liderazgo estadounidense será decisivo en el proceso, pero en muchos sentidos, Alemania y Turquía son la solución para el futuro de Georgia en la OTAN. Ambos países deben ver incentivos para su apoyo. Alemania puede convertirse en el futuro en el beneficiario clave del comercio terrestre entre China y Europa, por lo que debe preocuparse más por la seguridad y la estabilidad de Georgia.
Turquía es un miembro clave de la OTAN y un vecino de Georgia con el que ese país disfruta de estrechos lazos políticos y comerciales. Pero Turquía enfrenta crecientes desafíos en el Medio Oriente, y será tener un aliado estable y confiable al lado.
Estados Unidos puede y debe ayudar a Georgia a tratar con estos aliados. El hecho de dar la bienvenida a la aportación de soldados de Georgia a las operaciones de Estados Unidos y la OTAN durante más de una década y no permitir que Georgia tenga un camino despejado para convertirse en miembro de la organización de seguridad colectiva que puede proteger la soberanía del país es un fracaso moral de Occidente. Hay una oportunidad de dar un giro positivo en Varsovia.