En Chiapas todo es verde. Lo digo por los colores de su espectacular vegetación, y por la presencia de un partido, el verde, que trabaja de la mano del PRI para convertir a esa entidad en un verdadero invernadero electoral.
Ya alguna vez aventuré en este espacio que Manuel Velasco, el joven gobernador chiapaneco, apunta a ser el Plan B en caso de una posible dificultad electoral del PRI en las elecciones presidenciales de 2018. Por eso el PRI acepta trabajar en segundo plano dentro del proceso político-electoral del estado del sureste.
Las elecciones de ayer, hay que decirlo, apuntan a que mucho hay de eso. La maquinaria del sistema opera para hacer lucir a Velasco Coello, y para ello se necesitan una buena cantidad de triunfos en la entidad que, pese a la hermandad PRI-PVEM, se difundirán como logro de los verdes y la medalla será colgada al gobernador.
Ganar Chiapas y tener el control político del estado no es poca cosa. Esa entidad representa casi 3.9 millones de electores, una cantidad de votos nada despreciable que se cultiva a favor del verde en ese invernadero político.
El Plan B al que me refiero es eso, una alternativa de escape. No significa que debamos dar por descontado que Velasco Coello será el candidato del PVEM-PRI en 2018; pero sí debemos tomar en cuenta que la operación a favor del verde en esa entidad del sureste tiene un doble propósito: acercar votos a favor de una alianza que parece durará por muchos años y, si es indispensable, subir al carro al gobernador con miras de llegar a Los Pinos.
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