Además de confiscar sus armas, camionetas y demás pertrechos de guerra, las autoridades estatales o federales deberían de preocuparse por decomisar también a los grupos paramilitares de Michoacán la literatura que las líderes de estos grupos tienen en sus mochilas.
Y es que entre los Caballeros Templarios, y los ahora autoproclamados Blancos de Troya, queda claro que algunos de los ideólogos de las organizaciones armadas que pululan en esa entidad de México fueron educados por sus abuelos con viejos libros que proclaman las virtudes de la templanza, la disciplina y los valores del sacrifico en aras de una buena causa.
Lo que pasa en Michoacán desde hace varios años es terrible. La violencia que azota ese bello estado nadie la merece. Pero me llama la atención como ciertos grupos recurren a personajes históricos y míticos para bautizar sus organizaciones. Los Caballeros Templarios fueron una organización religiosa y militar cuyo deber era proteger a los cristianos en su ruta a Jerusalén en la época de las Cruzadas. Sobre ellos hay mitos y leyendas heroicas producto de la imaginación de los Barros de entonces.
De los Blancos de Troya no encuentro referencia alguna, pero ninguna duda hay sobre el espíritu estoico y disciplinado de los troyanos, unos grandes guerreros,
Insisto en que habrá que revisar qué leen los líderes de los grupos paramilitares. Así no nos sorprendería ver aparecer grupos bautizados como Los Quijotes, La Legión de Camelot, o los Espartacos.