‘Entre más certidumbre haya sobre la ciencia, habrá menos paranoias’

Carlos Chimal dice sobre sí mismo que pudo haber sido un sujeto ocioso y sin destino, alguien que se embarca de manera subrepticia y no asoma la cabeza por ningún lado, alguien que no duda en estirar las reglas para satisfacer su curiosidad, pero nunca comparte. Sin embargo, subrepticiamente se dio cuenta de que podía despertar la curiosidad de otros, todos, mujeres y hombres que han establecido cruces entre la imaginación científica y la invención del arte.

Hoy Chimal es reconocido internacionalmente como un influyente novelista y escritor científico. En entrevista con Newsweek en Español, a propósito de la publicación de su más reciente libro, Tras las huellas de la ciencia, publicado bajo el sello de Tusquets, reta a la comunidad escritora a dejar de perder el tiempo con la literatura fantástica, “aburrida y previsible como una caja de zapatos”, y que se comprometa con la imaginación controlada.

—¿Qué papel interpretan el arte, el pensamiento y la ciencia en la comprensión del mundo que nos tocó vivir?

—Un papel fundamental. Entre más certidumbre haya, entre más comprensión pública haya de la ciencia y la tecnología, habrá menos paranoias, menos interpretaciones paranoides y de corte pseudorreligioso. En los próximos decenios que se descubra vida fuera de la tierra, seguramente todas las ideas creacionistas y muchas religiones van a acabar en el hoyo porque no van a tener manera de sostenerse, y eso es bueno para la humanidad, es mejor tener las cartas sobre la mesa, no escondidas.

“En estos días, esta cosa loca de los lápices que se mueven como la güija es una locura [el reto Charlie], pero porque la gente todavía tiene la necesidad de creer; no obstante, es mejor creer en lo que dé certidumbre al mundo, eso sería y es fundamental. Por eso es muy importante que haya una cultura científica sólida, mas esto no puedo darlo por decreto, yo lo propongo en Tras las huellas de la ciencia, y si la gente lo quiere tomar, bien, si no, ni modo.”

—En el inciso literario, ¿cuáles son las estrategias para deshebrar las pisadas de la ciencia?

—Mucha curiosidad, mucho rigor, saber estudiar, saber encontrar los puntos donde puedes hacer preguntas pertinentes a gente que no necesariamente te tiene que recibir. Yo me he ganado un prestigio por ir al CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear), estar uno, dos meses ahí, platicando con los protagonistas; me reconocen porque piensan que soy un escritor novelista y parece chistoso, pero no es chistoso cuando ya no tienes preguntas buenas que hacer o no diste resultado. El año pasado, en el sesenta aniversario del CERN, hubo grandes festejos, y en todos los eventos estuve en las listas de invitados especiales; es una de esas pequeñas diferencias, una de esas pequeñas cositas que valen la pena.

—En este sentido, ¿cuál es el reto más importante que enfrenta la literatura científica?

—El que sea reconocida por los mismos escritores, el que se deje de hacer juegos ociosos, onanistas, con la literatura fantástica y de vampiros y de todas esas cosas que para mí son aburridas como una caja de zapatos, previsibles, la ciencia ficción es una tontería tras otra. Creo en la novela de anticipación científica, Michel Houellebecq, que no es ningún tonto, se ha ido por ahí, Rosa Montero también escribió una gran novela sobre Madame Curie, yo acabo de publicar la novela Mi vida con las estrellas, que es una historia sentimental con tema astrofísico, en fin, todo esto es real, hay una realidad, yo apuesto por la imaginación controlada, no por la imaginación desbordada, es una babosada.

“La imaginación controlada es mucho más retadora, más desafiante. Ese es el futuro, yo creo que ese es el gran reto y el gran desafío, que los escritores que se crean con verdaderos ‘tompiates’ lo tomen.”

—Pero eso implica un trabajo titánico, no es escribir solamente con imaginación…

—Claro. Es un trabajo serio de investigación, ese es el chiste, y a ver quién le entra.

—¿Los lectores también querrán entrarle?

—Yo creo que sí. Mí libro más vendido es El viajero científico,más de cien mil ejemplares y veintitantas reimpresiones, y además tengo el honor de que se vende en las aulas, los profesores y los comités de padres de familia escogen el libro porque es una novela para que los chicos entiendan un poco cómo es la ciencia antigua, la ciencia moderna y la ciencia contemporánea.

—No obstante, la palabra “ciencia” a veces provoca un poco de desdén…

—Pero no en una novela con personajes, al contrario, los chavos se fascinan, la gente lo entiende. La gente quiere conocer, cambiar, quiere tener una mejor certidumbre del mundo, y eso no está divorciado con el ser una buena persona, con ser un buen ciudadano y hacer bien las cosas, todos los hombres sabemos cuál es el bien y el mal, no hay que hacerse tontos.

“Para entender la ciencia no se tiene que ser científico. Tras las huellas… ayuda a tener una comprensión y que cuando vayas al museo o al fútbol tengas un bono extra si sabes algunos trucos. O ayuda a descomponer el arcoíris, eso es muy divertido y no le quita nada de poesía, al contrario, le agrega.”