Salido del
anonimato en 1995 con la legendaria “Toy Story”, el estudio de animación Pixar
ha humanizado ratas, autos, juguetes, robots, peces y monstruos.
Así que
sorprende que “Intensa-mente”, la más reciente maravilla del estudio propiedad
de Disney, sea una película sobre la condición humana y específicamente, la
infancia, época en que enfrentamos la confusa andanada de emociones que precede
a la adolescencia. Riley, la heroína de 11 años, es bastante simpática, pero se
siente devastada por la decisión familiar de migrar de Minnesota a San
Francisco por motivos de trabajo (información anticipatoria: lo mismo va a
sucederte). De manera que conspira para revelarse (alerta: más información
anticipatoria por venir).
Y así, más o
menos, es la trama principal. Casi toda la acción se desarrolla dentro de su
cabeza, lo que no quiere decir que sea desde su perspectiva sino físicamente en
el interior de su cerebro. Allí reside un equipo antropomórfico de emociones
–Alegría, Furia, Asco, Temor, Tristeza- encargado de revisar un fantástico
aparato de almacenamiento de memoria y luchar para estabilizar el estado mental
de Riley. El surrealista paisaje cerebral (¡Un estudio cinematográfico de
sueños! ¡Una isla de personalidad!) y la voz de los actores (Amy Poehler como
Alegría, Mindy Kaling como Asco) impiden que el concepto colapse; y fiel a su
forma emocional, esta película es jubilosa, triste e inquietante a la vez.
“Intensa-mente”
tal vez sea el único largometraje que haya abordado, directamente, el
funcionamiento de la mente infantil. Por ello, hablé de la cinta con media
docena de psiquiatras pediatras y pregunté a cada cual su opinión. Sorpresa: la
mayoría quedó fascinado. Aunque carente de fundamentos científicos, resulta que
“Intensa-mente” está repleta de auténticas introspecciones sobre el desarrollo
emocional infantil.
“Jamás he visto
una película como esta, que hable del cerebro y la parte emocional del cerebro
infantil”, dijo el Dr. Fadi Haddad, psiquiatra de Manhattan que estableció una
de las primeras salas de emergencias psiquiátricas infantiles del país. Haddad
quedó impresionado por la interacción de los componentes emocionales de Riley:
“Puedes estar enfadado y triste al mismo tiempo. Puedes estar contento y tener
miedo. Es difícil que los niños entiendan esas emociones”.
La Dra.
Elisabeth Guthrie, psiquiatra infantil y profesora del Centro Médico de la
Universidad de Columbia, tiene intención de usar la película en sesiones con
niños.
“Me pareció útil
para expresar sentimientos con palabras, para que los niños aprendan a
identificar sus sentimientos e iniciar un diálogo sobre ellos”, dijo a
Newsweek. “Si un chico se siente triste o tiene un problema de conducta acting out y ha visto la película, puede usarla
como punto de referencia”.
Tristeza, a la
vez una molestia y una pesada, de muestra su valor a lo largo de la película;
Alegría se da cuenta de que Riley no puede comunicar su estado mental,
adecuadamente, sin ella. Varios expertos hicieron énfasis en la lección
contenida en esa lección de la trama.
“Me gustó la
idea de que, en esencia, Tristeza salvó la vida de la niña”, dijo el Dr.
Haddad. “Me pareció un final genial para la película mostrar la importancia de
tener un sentimiento como Tristeza. Pues muchas veces nos conecta con la
familia, los acontecimientos tristes, los amigos, el significado de la
empatía”.
“Lo que
realmente hicieron resaltar fue la importancia de las emociones y no solo las
felices y positivas”, añadió la Dra. Erica Chin, psicóloga clínica que trabaja
en la unidad psiquiátrica para niños y adolescentes del Hospital Infantil
Morgan Stanley. “Hacia el inicio de la película –no recuerdo la cita exacta-,
los padres insistían en que ‘Debes ser nuestra niña fuerte’. Por ello, me
sorprendió que la película presentara la postura de que la tristeza es adecuada
y que la tristeza es un sentimiento razonable”.
El Dr. Kevin
Kalikow, psiquiatra infantil que (revelación completa) alguna vez atendió a
este reportero cuando tenía 4 o 5 años, coincidió en este punto: “Los
progenitores que siempre esperan que su hijo sea feliz defienden una
perspectiva poco útil”. No obstante, habría preferido que la película
reconociera temperamentos más discrepantes.
“No todos
nacemos con el mismo panel de control”, agregó Kalikow. “Algunas personas nacen
más felices y otras nacen más irritables”.
Dado el cóctel
emocional particular de Riley, “considero que el personaje trataba de retratar
lo que denominamos una Depresión Infantil”, informa Judith F. Joseph,
psiquiatra infantil y adolescente de Manhattan. “Es bastante claro en cuanto a
lo que puede apreciarse en los preadolescentes deprimidos: aislamiento social,
falta de amigos…”.
También tenemos
la descripción de los recuerdos. “Intensa-mente” los imagina clasificados por
colores, como canicas contenidas en una enorme bodega (un poco como el enorme
Departamento de Misterios de Harry Potter). Pero lo más importante es que no
están fijos y una visita de Tristeza puede hacer que un recuerdo feliz se
vuelva triste, un aspecto de la película que los neurocientíficos han elogiado.
Han dado justo en el clavo, asegura la Dra. Chin, “los recuerdos no son
concretos… Creo que hicieron un estupendo trabajo plasmando el hecho de que los
pueden ser redefinidos. Como terapeutas, a menudo decimos, ‘Puedes tomar un
recuerdo y verlo desde otra perspectiva’”.
El Dr. Haddad hizo
notar que Riley se sintió confundida ante sus coloridos recuerdos, cuando pensó
que un viaje de vuelta a Minnesota restauraría su felicidad sin la familia que
la hacía feliz. “Atiendo niños que han huido del hogar porque se han peleado
con sus progenitores, pero pierden de vista que esa conexión es lo que les hace
felices”, dijo.
Mientras lavaba
los trastos después de ver la película, el Dr. Kalikow comenzó a reír al
imaginar que los recuerdos saltaban en su cabeza como canicas. Le gustó la
manera como “Intensa-mente” había representado el subconsciente. “Hizo un
estupendo trabajo elucidando, de una manera visual, las distintas partes del
cerebro”.
De manera
igualmente imaginativa, los sueños son representados como producciones
surrealistas combinadas en un estudio cinematográfico improvisado, con actores
que entran y salen. Los sueños resultantes pasan de la alegría a la tristeza y
el temor con desenfrenada facilidad. “Todo puede existir simultáneamente”,
afirmó el Dr. Oliver Stroeh, director asociado del Programa de Entrenamiento
para Residentes en Psiquiatría Infantil y Adolescente del Hospital
Presbiteriano de Nueva York. “El recurso de los filtros me resultó
particularmente astuto. Se cree que hay una realidad objetiva que luego se
distorsiona en nuestra mente”.
Cada psiquiatra
pareció fascinado con la cinta, incluso con sus giros y rarezas nada
científicas.
Con todo,
algunos manifestaron inconformidades.
“Los niños no
tienen personitas en sus cabezas presionando botones y controlando sus
emociones”, enfatizó la Dra. Joseph. “Aunque el concepto me pareció correcto”.
“Fue divertido
ver los billones de sinapsis del cerebro convertidos en personajes diminutos y
una topografía gráfica de montañas, agujeros, edificios
e islas”, opinión el Dr. Kalikow.
“No propongo que
cambiemos las clases de neuroanatomía en la escuela de medicina”, agregó. “Pero
de cualquier manera, fue una película divertida”.