“Los medios están muy comprometidos con el gobierno”

El periodista Wilbert Torre (Ciudad de México, 1968) arriba a la entrevista con una edición antigua de El agente secreto,de Joseph Conrad, un libro que retrata la vida de Mr. Verloc y su trabajo como espía. Lo deja sobre la mesa junto a un libro mucho más moderno: su más reciente publicación, El despido(Planeta), que habla sobre la salida de Carmen Aristegui del noticiario más escuchado de México, y describe la laberíntica y turbia relación entre la prensa y el poder, una relación plagada de luces y sombras.

—¿Qué te motivó a escribir este libro?

—La razón esencial es que, después del despido de Carmen Aristegui, hubo mucha gente que opinó que se trataba, sin duda, de un acto de censura del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. A mí me parecía que quedarnos con esa acusación absolutista o con esa arenga de calle simplificaba y reducía las cosas. Es decir, acusar al presidente Peña de haber censurado a Carmen del programa de radio (MVS) más escuchado en México, equivalía a cerrar la lente y a no ver la película completa. Era evidente que alrededor de esta situación había una serie de circunstancias que tenían que ver con la relación prensa-Estado.

—¿Son lo mismo empresarios y medios?

—No, en esta relación siempre han convergido, por un lado, los dueños de periódicos o de concesionarias de radio y televisión, y los periodistas. En este caso me he preguntado: ¿en dónde se halla el límite de la libertad de empresa de un empresario que no es dueño de una concesión porque la concesión le pertenece al Estado?

—¿Y cómo sería esa relación prensa-poder?

—Me pareció muy interesante tratar de desentrañar esta duda capital acerca de si el gobierno de Peña estuvo detrás del despido de Aristegui, cosa muy difícil de responder. Era posible investigar cuál era el entorno de la familia Vargas y el de Aristegui, y la relación entre MVS y el gobierno en los días en que ocurrió el despido.

—Los Vargas apoyaron en privado a Aristegui, ¿no pudieron realmente vencer al poder?

—Yo preguntaría para qué empresario es fácil enfrentarse al poder o a un Estado. Para ninguno, creo. Así que al sacrificar a los Vargas como se hizo con el despido de Carmen, estamos dejando de ver hasta dónde es posible que un concesionario avance en términos de otorgarle a un periodista libertad de expresión.

—¿Qué pasó con la Casa Blanca?

—En esta ocasión se vieron en una encrucijada porque hay que decir que los Vargas son dueños de otros negocios. Hace veinte años los dueños de los medios sólo lo eran de eso. Eso ha cambiado de manera radical. Hoy son también propietarios de equipos de fútbol, bancos, flotas de aviones, hospitales, imprentas, etcétera. Esto propicia que el ruido entre los empresarios y el gobierno se incremente y aumenten los conflictos de interés.

—¿Quién teme a Carmen Aristegui?

—En este país es casi inexistente el periodismo de investigación. Hay muy buenos periodistas de investigación, pero son pocos, y aun son menos los que se atreven a publicar cosas que toquen intereses muy profundos. El trabajo más riguroso y más importante de la carrera de Aristegui ha sido, sin duda, el de la Casa Blanca de Las Lomas. Es evidente que tocaron una parte muy sensible del presidente porque exhibieron claramente un conflicto de interés.

—¿Hubo un plan orquestado desde “arriba” para echarla?

—Yo no puedo probar que hubo un plan para despedir a Carmen tres meses antes de las elecciones, pero sí resulta muy sospechoso que así haya sucedido.

—¿Hay muchas más casas por ahí?

—Eso es un hecho, hay muchas más casas. Parece que cada fin de semana algún alto funcionario del presidente Peña se disputa la primera plana de algún medio crítico para ver de quién es el turno de tener una casa que fue adquirida en relación con un contrato con filias y con negocios muy importantes con EPN.

—Pero sí hubo un conflicto de interés…

—Creo que hay que entender la lógica de poder del PRI, que ha sido desde hace décadas la del beneficio, el compadrazgo, la amistad con intereses con quienes suelen ser, claro, sus amigos empresarios.

—¿No te sorprende que se haya hecho tanto ruido en torno a una sola periodista en México?

—No, no me sorprende. Hay una parte en la que Lorenzo Meyer (académico mexicano) reflexiona sobre Carmen Aristegui y dice que no es que ella sea la mejor conductora del mundo… El mérito de Aristegui es que ha decidido arrojar luz sobre los rincones que permanecen bajo una oscuridad en un país que se supone democrático.

—¿Hubo censura?

—Es imposible probar que hubo censura si no se tienen elementos a la mano. Pero no se puede ignorar que Carmen Aristegui sigue teniendo su programa en CNN y su sitio. Sin embargo, el espacio radiofónico del que salió era la frecuencia más escuchada de todo el país, al alcance de millones de personas.

—En esta lucha entre medios y poder, ¿quién está ganando?

—Está perdiendo el país. No se puede entender un país sin equilibrios. Es evidente que la investigación de la Casa Blanca o la que hizo Pablo Ferri sobre Tlatlaya tocan fibras muy sensibles para el gobierno.

—¿Existe realmente algún medio independiente?

—Sí creo que hay medios independientes. Pero creo que un debate que debería abrirse en los medios es el del modelo de negocio. Porque los medios han aprendido a hacer negocio con la publicidad. Sobre todo con la publicidad oficial. Si desapareciera la publicidad oficial, nueve de cada diez periódicos desaparecían de la faz de la tierra mexicana. Urge regularla.

—Un importante diario nacional no quiso publicar la investigación de Laura Castellanos sobre Apatzingán. ¿Los medios están vendidos?

—Hoy una parte importantísima de los diarios, de los concesionarios de radio y televisión, están muy comprometidos con el gobierno, sea porque tienen negocios muy importantes, porque dependen de la publicidad oficial o simplemente porque son muy afines a la posición del gobierno. Los medios deberían publicar sus posiciones políticas y dejarnos de tanta hipocresía en esta relación entre poder y medios tan perversa.

—¿Cuál es la importancia de Mexicoleaks?

—La trascendencia de esta plataforma es la posibilidad de recibir denuncias anónimas. Algo que debe preocupar muchísimo al gobierno federal.

—¿Quién despidió a Carmen?

—(Silencio) Muy buena pregunta… La turbia relación prensa-Estado.