Pruebas demuestran que el duque de Windsor conspiró con Hitler

El rey Eduardo
VIII se vio forzado a abdicar en 1936 y poco después adoptó el título de duque
de Windsor. Aunque siempre se le ha recordado por sus tendencias pro-nazi,
jamás había sido posible comprobar a qué extremos llegó su traición debido al
secreto de los Archivos Reales.

Dichos archivos
siempre han resguardado la correspondencia que los parientes alemanes
dirigieron a la familia real británica en el preludio de la Segunda Guerra
Mundial y como es natural, semejante censura ha dado pie a infinidad de teorías
de conspiración.

Sin embargo, en
los últimos ocho años he acumulado pruebas condenatorias revisando los 30
archivos abiertos que se encuentran dispersos por todo el mundo. Informes de
inteligencia y documentos alemanes, españoles y rusos demuestran que, de hecho,
algunos miembros de la familia real británica tenían una relación más estrecha
con la Alemania nazi de lo que antes se dijo. Presento toda esta información en
mi nuevo libro “Go-Betweens for Hitler”(“Los
intermediarios de Hitler”).

Un personaje
clave en esta red anglo-germana es Carlos Eduardo duque de Coburgo (1883-1954)
a quien, en 2007, describí como “el nazi que se salió con la suya” durante un
programa de Canal 4. Si bien, en ese momento, no tenía idea de la magnitud de
sus crímenes.

Coburgo fue
parte de un grupo más extenso de intermediarios, ciudadanos privados que Hitler
utilizó en sus negociaciones secretas. Y mi investigación sobre las actividades
de Coburgo desveló información nueva y incriminatoria sobre el duque de
Windsor, pariente y confidente de Coburgo.

Coburgo era
nieto de la reina Victoria y como tal, estaba destinado a una vida privilegiada
y espectacular. Pero las experiencias de la Primera Guerra Mundial lo
cambiaron. Cuando Alemania perdió la contienda, se refugió en la derecha
radical y en la década de 1920 se unió a un grupo terrorista alemán que intentó
derrocar a la República Alemana, democráticamente electa. Los miembros de esa
organización perpetraron varios asesinatos políticos en esos años y aunque
Coburgo no tiró del gatillo, personalmente, financió los homicidios.

Tras el fallido Hitler Putsch de 1923, Coburgo ocultó en
sus castillos a varios simpatizantes prófugos de Hitler, quien no olvidaría ese
gran favor y más tarde recompensaría al duque nombrándolo general. No obstante,
también lo utilizó para algo mucho más furtivo. En 1933, el Führer carecía de
contactos internacionales y no confiaba en su ministerio del Exterior.

Por ello,
recurrió a miembros de la aristocracia alemana para emprender misiones secretas
en Gran Bretaña, Italia, Hungría y Suecia. Coburgo fue de especial utilidad en
Londres entre 1935 y 1939, y fue recibido en Gran Bretaña gracias a la incesante
labor de su hermana, Alicia de Albany, condesa de Athlone, quien también era cuñada de la reina
María y había luchado por la aceptación de Coburgo. Esto consiguió que el duque
fuera bien recibido no solo en los salones británicos, sino por la realeza,
incluido el duque de Windsor.

Secretos reales

En 1932, Coburgo
fue invitado por primera vez a Sandringham para entrevistarse con Jorge V y la
reina María durante sus vacaciones de Navidad. A pesar de la guerra, la reina
había renovado el contacto con sus parientes alemanes desde 1918. Aquella
visita y las posteriores no fueron inscritas en la Circular de la Corte, como
debió hacerse normalmente.

Gracias a los
informes de inteligencia y los archivos del exterior pude darme cuenta de que
el duque de Coburgo y el duque de Windsor soñaban con una alianza
anglo-germana, y que Windsor ayudó a Coburgo a alcanzar ese objetivo en varias
ocasiones.

Los servicios de
inteligencia soviéticos estaban convencidos de que la traición del duque de Windsor
comenzó al estallar la guerra; quizás porque, probablemente, tenían un
informador en el personal. En 1940, informaron que estaba negociando con Hitler
para formar un nuevo gobierno inglés y firmar un acuerdo de paz con Alemania
supeditado a una alianza militar contra URSS.

Prueba ulterior
de la traición de Windsor yacía oculta en los archivos españoles. Igual que su
pariente, Coburgo, el duque de Windsor era antisemita. En junio 1940, don
Javier Bermejillo, diplomático español y viejo amigo de Windsor –a quien
conocía desde los años veinte- informó a sus superiores de una conversación que
sostuvo con el duque.

Bermejillo dijo
que el duque de Windsor culpaba “de la guerra a los judíos, los rojos y la
Oficina del Exterior”. Windsor agregó que le gustaría poner a Anthony Eden y
otros políticos británicos “frente al paredón”. Bermejillo afirmó que Windsor
le había hecho comentarios parecidos sobre los rojos y los judíos antes de su
coronación, en 1936. En una conversación de junio 25, 1940 Bermejillo afirmó
que Windsor hizo hincapié en que si bombardeaban Inglaterra eficazmente, eso
podría traer la paz. El español concluyó diciendo que Windsor parecía
esperanzado en que ocurriera el bombardeo: “Quiere la paz a cualquier precio”.
El informe llegó a manos de Franco y después fue entregado a los alemanes. El
bombardeo de Gran Bretaña inició en julio 10.

Después de la
guerra, Coburgo y el duque de Windsor no volvieron a reunirse. Windsor siguió
su vida de lujos y Coburgo murió en Alemania en 1954. Jamás se enteró de que su
amado Führer quiso asesinarlo. En abril de 1945, descifradores de códigos de
Bletchley Park hallaron un telegrama de Hitler que decía: “El Führer da
importancia al duque de Coburgo, en ninguna circunstancia caer en manos
enemigas”. Era una de las célebres “órdenes Nerón” de Hitler, una sentencia de
muerte indirecta.

Los secretos compartidos
entre Hitler y Coburgo parecían tan importantes que debían permanecer ocultos
al público. Hace falta que los Archivos Reales sean más transparentes para que
investigaciones históricas como esta puedan llevarse a cabo en su totalidad,
sin el velo del secreto.

Karina Urbach es una importante miembro de
investigaciones en el Instituto de Investigaciones Históricas de la Escuela de
Estudios Avanzados. Su libro,Go-Betweens for Hitler, será
publicado por Oxford University Press en julio 23. El presente artículo fue
publicado originalmente enThe Conversation, donde puede leer la versión original.

[JR1]Alicia de Albany.