Largas filas en casillas especiales en Sonora

Como si se tratara de un día de campo, los asistentes a las casillas especiales de Hermosillo, Sonora, llevaron sus propias sillas y sombrillas, los más esperaban de pie cerca de tres horas para poder votar. Al parecer era previsible, hubo quien, abatido por el insomnio, llegó a las cuatro de la mañana al sitio donde estaría la casilla. El sueño le jugo una mala pasada y se quedó dormido de más, al despertar a las 7 am la fila ya contaba con un ciento de personas que le reclamaban al individuo que se formara al final de la misma, pudo más su obstinación y fue el primero en votar a las 9:02 de la mañana. Una hora más tarde de la fijada para el inicio de las votaciones.

A las 2:30 de la tarde la fila de la casilla especial número 1 era de 350 personas y antes de ellos no habían logrado votar ni siquiera 100. En el lugar el representante del PRI, Ricardo Medina, y del PAN, Jorge Ávila, daban cuenta de la situación que desde temprano se vivía en la casilla especial, a la que a cada momento concurrían más personas. Mujeres embarazadas y personas de la tercera edad también hacían su propia fila, preferencial si cabe el adjetivo pues todos esperaban de pie.

El encono de la gente iba en aumento por la arbitrariedad: “oiga disculpe es que soy médico y no puedo esperar”, entonces los funcionarios lo dejaban pasar sin hacer la fila; “nosotros somos siete camioneros y tenemos detenido al pasaje, aunque sea márquenos el dedo para que vean que votamos”, y también los dejaban pasar ante la mirada y los reproches de quienes durante horas esperaban para ejercer su derecho al voto. Ni siquiera durante el partido de la selección mexicana frente a la de Brasil disminuyó la cantidad de gente que llegaba a votar.

La misma situación se replicó en la casilla especial ubicada en la terminal de autobuses de Hermosillo, donde las personas increparon a los funcionarios al terminarse las 750 boletas especiales. “Lo que pasa es que están permitiendo que vote gente de Hermosillo, se supone que las especiales son para nosotros que venimos de fuera”, contó Javier González quien ya había visitado ambas casillas “dejé a mi mujer formada mientras yo alegaba, pero pues ya no alcanzamos”.

En contraste, en la periferia de la capital sonorense, en la colonia Cortijo Pionero, los funcionarios de casilla morían de aburrimiento y se daban el lujo de bromear con los pocos votantes que llegaban.