Reconstruyendo Nepal

El fuerte terremoto que asoló Nepal el 25 de abril arrasó
Anantaling, un pequeño y antiguo asentamiento en una colina, 25 kilómetros al
sureste de la capital, Katmandú. Cada una de las cerca de sesenta casas de
Anantaling quedan reducidas a escombros, y en todo el distrito de Bhaktapur,
120 000 personas fueron desplazadas.

“Nuestras casas eran viejas, la construcción era de mala
calidad, e incluso la piedra utilizada para la construcción era blanda”, dice
Kamal Nyaupane mientras me muestra los restos de su casa destrozada. “Ni una
sola casa sobrevivió al terremoto.” Después del desastre, los ricos huyeron
rápidamente del pueblo a las tierras bajas donde había caminos, electricidad y
un mercado, dejando sólo a los pobres en las colinas, sin ayuda, sin apoyo
externo y sin un lugar para vivir.

Hasta que llegó Manabiya Astha Nepal. Esta organización no
gubernamental (ONG) construyó refugios temporales para los habitantes del
pueblo, plegando láminas de estaño corrugado hasta formar una estructura en
forma de túnel. Los refugios transicionales de metal, como se les llama, fueron
un gran alivio para los pobladores en un momento en que ni siquiera podían
construir sencillas cabañas de bambú. “La gente estaba demasiado traumatizada”,
dice Nyaupane. “No estaban en condiciones de ayudarse unos a otros, como lo
hacen normalmente.”

Animado por la recepción de los refugios transicionales en
Anantaling, Shree Kumar Ranjit, presidente de Manabiya Astha Nepal, recaudó
fondos para la construcción de refugios similares en otros pueblos. Ranjit dice
que ahora han construido casi doscientas casas.

Este diseño tiene una larga historia de éxito. En 2005, un
técnico alemán que vive en Cachemira, llamado Tito Gall, lo desarrolló para
crear refugios para las víctimas de un terremoto ocurrido en Pakistán en 2005.
Luego, en 2010, el propietario y operador de una empresa turística llamado Eli
Kretzmann implementó el diseño para ayudar a algunas de las 8 millones de
personas desplazadas por una gran inundación veraniega en Pakistán y
Afganistán. Ranjit había oído hablar de los refugios transicionales de metal a
través del Proyecto EK, un grupo informal de acción ciudadana que había
trabajado para adaptarlo a las condiciones climáticas características de Nepal.

La versión nepalí de las casas en forma de domo está formada
por tres tubos de metal formando arcos y dispuestos en una fila, con sus
extremos atornillados a varillas de acero con la ayuda de ganchos en forma de letra
jota. Las varillas se clavan en el suelo, y luego se colocan nueve láminas de
estaño corrugado sobre los arcos de metal, creando una cúpula de 3.35 por 3.65
metros, asegurada con alambres galvanizados para evitar que los fuertes vientos
de las colinas del Himalaya destruyan el albergue. Los lados abiertos se pueden
cubrir con lona, ladrillo o piedra. Algunos aldeanos también han utilizado sus
técnicas de construcción locales, tales como el uso de mantillo o paja encima
de los techos corrugados para protegerse del calor y del frío.

El costo de uno de estos refugios es de alrededor de 100
dólares, y se requieren sólo dos o tres horas y dos personas para construirlo.
Además, los materiales son reutilizables.

“Cuando finalizamos el diseño… lo llevamos hasta el pueblo de
Shikarpa en Lele”, dice Prachanda Shrestha, miembro del Proyecto EK. “Los
aldeanos nos observaban con incredulidad mientras instalábamos la casa con
forma de cúpula. Cuando quedó instalada, les gustó y nos pidieron que
construyéramos más.” El uso del diseño se ha extendido rápidamente. Varios
jóvenes de Shikarpa recorrieron otras aldeas cercanas para capacitar a las
personas interesadas. Pronto se levantaron cerca de quinientas casas con forma
de cúpula.

“Los refugios transicionales se han vuelto virales, que es lo
que queríamos lograr desde el principio, y hay decenas de organizaciones y
pueblos utilizando [el diseño] de forma independiente”, dice Soham Dhakal, otro
miembro del Proyecto EK. “Es la única forma de satisfacer las necesidades de
las masas antes de que llegue el monzón.” Impact Nepal, una ONG, está ayudando
a construir refugios transicionales de metal para setecientos hogares en la
aldea de Kalika, unos ochenta kilómetros al este de Katmandú.

Sin embargo, el costo aún es un factor limitante; 100 dólares
siguen siendo una suma importante en un país donde el ingreso nacional bruto
anual per cápita es de 730 dólares. Y con la excepción de unos pocos miles de
hogares que han recibido asistencia, la mayoría de los residentes de las zonas
rurales de Nepal que perdieron sus hogares en el terremoto deben construir
ellos mismos sus refugios para la temporada de monzones.

En el pueblo de Dadhikot, unos 25 kilómetros al sureste de
Katmandú, Shobha Nyaupane está muy ocupada recuperando materiales útiles de su
casa dañada. Los hombres limpian los escombros de los pisos superiores.
Nyaupane quiere salvar la planta baja. “No es seguro vivir en esta casa”, dice,
“pero podemos usarla como almacén de grano y para guardar el ganado”. A pocos
metros de distancia, en el campo abierto, su marido clava vigas de madera en
postes de bambú para construir un refugio temporal con la ayuda de sus vecinos.

“Hemos estado viviendo en esa tienda hasta ahora, pero no
podemos seguir en ella por mucho tiempo”, dice Nyaupane, señalando una tienda
de campaña de lona en la que su familia ha estado durmiendo durante las últimas
tres semanas. Al principio, la gente de su barrio y la del barrio colindante
esperaba que el gobierno u otras organizaciones les presentaran planes y
recursos para reconstruir sus casas. Sin embargo, no pueden esperar más tiempo.

“Lo estamos haciendo por nuestra cuenta. Trataremos de hacerlo
por nosotros mismos”, dice Nyaupane. “No podemos esperar a que el gobierno o
una ONG vengan a construir nuestra casa porque el monzón se acerca
rápidamente.” Las preocupaciones de Nyaupane se repiten en todo el país; más de
medio millón de hogares aún no tienen un techo confiable, y la temporada de
lluvias está a menos de un mes de distancia.

Es posible que haya más ayuda en camino. El gobierno del estado
ha asignado 40 millones de dólares para que sean distribuidos como subsidios de
150 dólares en efectivo para cada familia que perdió su casa. El dinero se
utilizará para adquirir materiales de construcción para construir refugios
transicionales de metal. El gobierno anunció que proporcionaría dos paquetes de
láminas corrugadas y tres kilos de clavos de hierro por cada familia, pero dio
marcha atrás y anunció el subsidio en efectivo tras darse cuenta de que no
podía garantizar la existencia de una cadena de suministro para las láminas de
estaño.

Las láminas de estaño corrugado son escasas en Nepal. Las
cuatro fábricas principales de láminas corrugadas del país producen un total de
mil toneladas métricas de láminas, suficientes para techar cerca de seis mil
casas de tamaño medio, de acuerdo con Hitesh Golchha, director ejecutivo de
Hulas Steel. Mientras tanto, ahora la demanda supera a la oferta: con casi
medio millón de casas demolidas, es necesario construir decenas de miles de
casas cada día para albergar a la población antes de la llegada de los
monzones. Esa es una de las razones principales por las que las personas
afectadas, el gobierno, los organismos donantes y los proveedores han tratado
de desarrollar opciones asequibles, seguras en caso de terremotos y
sostenibles.

Por ejemplo, la Iniciativa Climática del Himalaya ha
desarrollado lo que denomina “diseños de casas resistentes”. Estos diseños
de 5.48 por 2.74 metros cuentan con dos habitaciones y son personalizables y
modulares: están formados por marcos de acero que pueden ser desmontados y reensamblados
en unas cuantas horas. “Daremos la estructura y el techo a los habitantes del
pueblo, y ellos podrán personalizar los muros y el piso en función de sus
necesidades, de sus posibilidades económicas y de los materiales locales
disponibles”, dice Dawa Steven Sherpa de HCI. Se calcula que la estructura básica,
hecha de acero y láminas de hierro galvanizado corrugado, costará alrededor de
850 dólares, que es una suma considerable, pero constituye una solución a largo
plazo, relativamente asequible. Además, dice Sherpa, “no es necesario contar
con técnicos altamente calificados para construir esta casa”.

Una de las principales preocupaciones en la reconstrucción en
Nepal es si los nuevos proyectos de construcción serán sostenibles durante los
próximos meses. Los expertos consideran a Haití como un ejemplo de lo que no se
debe hacer. Señalan que una de las principales razones del fracaso de los
proyectos de viviendas realizados después del terremoto de 2010 en ese país
caribeño fue su ignorancia sobre los materiales y la tecnología local y el
hecho de que dichas viviendas no se adaptan a las necesidades de las personas.

“Al diseñar nuevas estructuras de vivienda, debemos considerar
cada elemento de la localidad: la topografía, el clima y también las costumbres
y la cultura del país”, dice Jiba Lal Pokharel, vicecanciller de la Academia
Nacional de Ciencia y Tecnología de Nepal. “A partir de la experiencia
internacional, hemos visto que los diseños en los que se utilizan materiales y
tecnología locales son los más exitosos.”

El bambú, por ejemplo, es barato y se encuentra prácticamente
en todo Nepal. La organización no lucrativa Abari Bamboo and Earth Initiative
(Iniciativa Abari de Bambú y Tierra) diseña y construye estructuras ecológicas
utilizando, obviamente, bambú y tierra. “Hemos diseñado hogares de tránsito que
cuestan alrededor de 400 o 500 dólares y que duran dos o tres años”, dice
Nripal Adhikary de Abari. “Estamos construyendo mil seiscientas de esas
casas… con el apoyo financiero de ActionAid,” una ONG internacional.

Abari prepara el lanzamiento de un manual de “hágalo usted
mismo” para que los aldeanos construyan por su cuenta viviendas de tierra y
bambú de bajo costo y respetuosas del medioambiente, señala Adhikary. El grupo
también construye ochenta centros comunitarios y pequeños centros de atención
médica de transición en los pueblos.

Mientras varios proveedores y organizaciones proponen ideas de
vivienda, la Comisión Nacional de Planificación de Nepal ha convocado una
exposición e intercambio de ideas la próxima semana. El objetivo es desarrollar
un plan coherente para la reconstrucción que aborde algunos de los errores de
regulación y de construcción del pasado. “La magnitud de los daños causados por
el reciente sismo ha demostrado que las estructuras existentes en las zonas
rurales no eran seguras”, dice Bhai Kaji Tiwari, un planificador urbano de alto
nivel del Ministerio de Desarrollo Urbano. “La seguridad contra terremotos
podría mejorarse con tan sólo una ligera modificación en nuestros diseños de
vivienda existentes. Sea cual sea el plan que elijamos, el diseño y la
construcción deben seguir las normas de ingeniería adecuadas y aceptadas
internacionalmente”.