La Inteligencia Artificial (IA) se ha incorporado rápidamente a la vida cotidiana y su uso comienza a transformar distintas actividades profesionales, entre ellas el diseño gráfico, donde herramientas capaces de generar imágenes, ilustraciones, logotipos y otros recursos visuales se encuentran cada vez más al alcance del público en general.
A inicios de 2025, el estudio “Retos y perspectivas del trabajo: revelando las claves de la evolución laboral”, elaborado por WeWork y PageGroup, señaló que en México 48% de las personas ya utilizaban herramientas de IA de manera cotidiana, mientras que 28% no lo hacía debido a falta de conocimiento y 24% consideraba que no las necesitaba.
Si bien su incorporación representa nuevas posibilidades para la creación de contenidos, también plantea cuestionamientos sobre el futuro de disciplinas creativas como el diseño gráfico. Anuncios, carteles, logotipos, ilustraciones, memes y una amplia variedad de contenidos visuales pueden generarse actualmente mediante estas herramientas, lo que abre el debate sobre cuánto de lo que vemos diariamente ha sido creado con inteligencia artificial.
Al respecto, el profesor Gabriel Ángel López Macías, investigador del Departamento de Diseño Gráfico de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA), consideró que la incorporación de estas herramientas a la profesión forma parte de un proceso prácticamente inevitable, debido a la expansión que ha tenido la IA en la vida cotidiana.
“Estamos inmersos en un fenómeno que ya nos deja clara evidencia, que están incrementando las tasas masivas de uso generalizado como ningún otro en la historia, de manera general y en la vida cotidiana; evidentemente, las profesiones no se escapan de eso. Por más que queramos abrazar el proteger una disciplina, la primera pregunta sería qué tanto protegemos nuestra vida cotidiana del uso generalizado de IA. Creo que todo el mundo la usamos o la hemos utilizado en cosas extra a nuestra profesión y, evidentemente, cualquier disciplina no se va a escapar de que ese uso generalizado transite a la parte profesional y disciplinaria”
Frente a la creciente presencia de estas herramientas en la generación de contenidos visuales, surge una pregunta inevitable: ¿la inteligencia artificial está desplazando al diseño gráfico? Actualmente, herramientas como Gemini, ChatGPT o DaVinci permiten a cualquier usuario generar imágenes y propuestas visuales en cuestión de segundos, lo que podría representar una alternativa frente a la contratación de un profesional.
Sin embargo, Laura Reyes Tiscareño, jefa del Departamento de Diseño Gráfico de la UAA, consideró que, aunque la IA ofrece soluciones ágiles, todavía se encuentra lejos de sustituir el trabajo especializado de un diseñador gráfico.
“Históricamente al diseñador gráfico nos han visto como alguien que solo dibuja, entonces, si lo pones en esa perspectiva, evidentemente la IA lo puede hacer más rápido y en un descuido hasta mejor; pero resulta que el diseñador gráfico no solamente representa, sino que configura, evalúa, desarrolla mensajes visuales dirigidos a un usuario específico bajo condiciones específicas de pensamiento, cultura, gesta toda una estrategia para comunicar en la manera que lo quieres hacer y hacia quien lo quieres dirigir” precisó.
Y es justo por ello que, hoy en día, cada vez más elementos visuales parecen similares. El uso de la IA en el diseño ha dado lugar a un fenómeno denominado “monotonía visual”, en el que pareciera que todo es creado por una misma persona, con los mismos elementos o bajo un mismo patrón.
“Si entendemos al diseño gráfico como un configurador de elementos visuales, los resultados creo que ya son tangibles y están siendo estudiados como fenómenos. Por ejemplo, el fenómeno de la monotonía visual, donde hay una serie de imágenes que parece que se ven igual y se sienten igual, porque la IA ya alcanzó la tasa de uso generalizado con sobreproducción visual y entonces esa sobreproducción empieza a tener un estándar porque ya no tiene más con qué alimentarlo y en nuestra profesión es evidente eso” explicó López Macías.
“Es como si vieras la misma película 20 veces. La primera vez te genera emoción, de pronto te gusta y la vuelves a ver y empiezas a ver los mensajes ocultos, los errores de continuidad y empiezas a ver otra serie de cosas que no habías visto la primera vez, ajenos a la trama. Cuanto tú sigues viendo la misma película otras 20 veces, ahora resulta que ya no te genera emoción, ya no te genera sorpresa, ya sabes lo que pasa” complementó Reyes Tiscareño.
Y aunque podría pensarse que se trata únicamente de un dilema ético o profesional, el uso generalizado de estas herramientas también plantea repercusiones en otros ámbitos, comenzando por el ambiental.
De acuerdo con el estudio “Making AI Less Thirsty: Uncovering and Addressing the Secret Water Footprint of AI Models”, publicado en 2023 por investigadores de la Universidad de California y la Universidad de Texas, una consulta promedio a un modelo de inteligencia artificial puede implicar un consumo de entre 5 y 50 mililitros de agua.
A primera vista, se trata de una cantidad aparentemente pequeña; sin embargo, bajo estos cálculos, serían necesarios entre 20 y 200 prompts para alcanzar el consumo equivalente a un litro de agua. La pregunta entonces deja de ser únicamente cuánto facilita la IA determinadas tareas y comienza a plantear cuánto cuesta, en términos ambientales, su uso cotidiano: ¿cuántos litros de agua representa el uso que hacemos de estas herramientas cada semana?
Pero el impacto potencial de la inteligencia artificial no se limitaría al medio ambiente. En el mediano y largo plazo, también podría alcanzar aspectos relacionados con la cultura y la identidad. ¿Qué habría ocurrido con el muralismo mexicano si herramientas como DALL-E hubieran existido en aquella época? ¿El realismo mágico habría evolucionado de la misma manera con el uso de Grammarly? ¿Habría existido una época de oro del cine mexicano con tecnologías como Synthesia?
Para López Macías, estas preguntas no son meramente hipotéticas, pues el uso de la IA podría comenzar a tener repercusiones sobre los elementos que construyen la identidad y el sentido de pertenencia de las personas.
“Vamos a empezar a ver indicios donde se pierde, por ejemplo, identidad, cultura, comunidad, implicaciones de mayor impacto sistémico más allá de la parte visual, empezar a perder estos nodos que nos generan un sentido de pertenencia a un espacio, a una cultura a un grupo social. Yo creo que el fenómeno ya va por allá y que tiene que ver con que la IA es una herramienta de producción y no una herramienta de razonamiento, de tal forma que la IA no razona empatía, cultura, ni comunidad, depende de la información que nosotros le demos y si esa información no viene razonada, evidentemente va a haber un impacto después” advirtió.
No obstante, la IA también ha facilitado que más personas tengan acceso a recursos gráficos para distintos fines. No puede juzgarse de la misma manera al microempresario que recurre a una herramienta de IA para generar un logotipo para su negocio, o a quien crea una invitación para el cumpleaños de su hijo, que a una gran empresa que, aun contando con diseñadores dentro de su plantilla, opta por utilizar estas herramientas.
“Si es lo que te resuelve, creo que está bien democratizar herramientas de diseño gráfico para aquellos que requieren generar mensajes, todos tendríamos que tener el acceso a generar este tipo de mensajes. Ahora bien, si tú tienes un objetivo como empresa, como individuo o como organización muy específico y quieres resultados tangibles, contrata a un diseñador, porque es estratega” planteó la académica.
Ambos académicos coinciden en la necesidad de adoptar y adaptarse a la IA. Consideran que su aplicación es necesaria para eficientar procesos que permitan al diseñador generar y emitir un mejor mensaje, planear estrategias con mayor impacto ¿y por qué no? hacer más fácil su labor.
“La IA no va a sustituir al diseñador, pero el diseñador que use IA sí va a sustituir al diseñador que no la use. Así como llegó el internet para agilizar procesos de consulta o acceso a la información, quien no usa información ya tiene una barrera frente a otros que han afinado el uso del internet, lo mismo con la inteligencia artificial, si no lo afinan, se van a quedar relegados” sostuvo López Macías.
“¿Cómo generar esa resistencia? Bueno, en principio, saber que es una herramienta; la IA es una herramienta útil, rápida, versátil, sí, pero es una herramienta. Quien realmente configura la herramienta o quien hace uso de esa herramienta es el ser humano. Entonces, si ellos son quienes gestionan y generan los criterios para el uso de la IA, tienen el control. Si ellos son controlados por lo que la IA les pide, navegan en la IA. Eso es todo. No va a haber resistencia, pero creo que también es una cuestión de tiempo” confió Reyes Tiscareño.
La inteligencia artificial ya forma parte de la cotidianidad de millones de personas. Teniendo esto en cuenta, vale la pena preguntarse: ¿somos conscientes de su impacto en la cultura y el medio ambiente? ¿Qué tan dependientes nos hemos vuelto de ella? ¿Podemos sobrevivir sin ella? Y, quizá más importante, ¿queremos hacerlo?