Lejos de la imagen que suele asociarse con la prisión, en los centros penitenciarios de Aguascalientes la música y la lectura se han convertido en herramientas para la expresión, la disciplina y la reconstrucción personal. Mientras en el Cereso para Varones dos agrupaciones musicales ensayan y participan en concursos nacionales, en el Cereso Femenil un club de lectura reúne a mujeres que encuentran en los libros un espacio para reflexionar, sanar y prepararse para su regreso a la sociedad.
Más que un pasatiempo, la música se ha convertido en una herramienta de expresión, disciplina y convivencia para las Personas Privadas de la Libertad (PPL) en el Centro Penitenciario para Varones de Aguascalientes. Actualmente, dos grupos musicales integrados por internos amenizan eventos especiales al interior del penal, como parte de las actividades orientadas a fortalecer su proceso de reinserción social.
“Los talleres de música, junto con otros talleres, abonan a que la persona se ponga optimista y eche a andar talentos que, primero, algunos no sabían que los tenían porque lo aprenden aquí y, otra, hay personas que afuera ha sido su hobbie o una forma de expresión personal y lo siguen llevando a cabo”, explicó Sergio Zúñiga, director del Cereso.
El funcionario señaló que el principal objetivo del taller es brindar a los participantes un espacio para la expresión artística y espiritual. Los propios internos escriben las letras y componen sus canciones, aunque existe una regla inquebrantable: no interpretar corridos ni música que haga apología de organizaciones delictivas.
“¿Qué tipo de música? De toda. Fíjate que son muy versátiles: desde Pop de los 80’s, 90’s; Rock, 80’s y 90’s, también. Actualmente, los jóvenes tienen una forma de expresión diferente de lo que normalmente escucharías en la radio. Obviamente, no se permite dentro de este Centro (y yo creo que en cualquier otro Centro por obvias razones), los corridos o la música que haga una oda hacia el delito”.
El taller está abierto a cualquier persona privada de la libertad, sin importar su edad. No obstante, antes de integrarse, cada participante pasa por un proceso de perfilación realizado por las áreas técnicas, con el fin de garantizar que la convivencia entre personas de mínima, mediana y máxima seguridad se desarrolle sin poner en riesgo su integridad.
“Pretendemos que toda actividad organizada da disciplina. Entonces, no está ajeno el taller de música, que debe ser una actividad organizada, que discipline y mejore sus hábitos de convivencia, porque cuando estas personas salgan de este Centro o de cualquier otro Centro, la pretensión es presentarles a la sociedad a alguien que sea funcional en la interacción”.
Del escenario penitenciario a concursos nacionales
Los dos grupos musicales del Cereso han participado en La Voz Penitenciaria, un concurso de alcance nacional en el que centros penitenciarios de todo el país envían presentaciones grabadas para competir en categorías como mejor solista y mejor grupo musical.
“Lo que se hace es: se graba y, todos los centros de la República, graban sus presentaciones y, en la Ciudad de México, se hace una selección y se da un premio al mejor solista, al mejor grupo musical, entonces, cada año se hace este concurso”.
Además de esta competencia, los grupos se presentan durante celebraciones organizadas al interior del Centro Penitenciario, siempre que se cuente con las autorizaciones correspondientes. Sus actuaciones se realizan en la palapa del Cereso y forman parte de las actividades recreativas dirigidas a la población interna.
Uno de los momentos más significativos ocurrió a finales del año pasado, cuando el Centro Penitenciario celebró su primera boda religiosa. La ceremonia, realizada en la capilla, contó con el acompañamiento musical de los internos y del coro, que fueron los encargados de amenizar la celebración.
Si en el Cereso para Varones la música se ha convertido en una vía para fortalecer la convivencia y la disciplina, en el Cereso Femenil son los libros los que ofrecen un espacio de reflexión y crecimiento personal. Ahí, un grupo de mujeres encontró en la lectura una forma de enfrentar el encierro y prepararse para la vida fuera de prisión.
“Aquí soy libre, aún en cautiverio”
Entre los muros del Cereso Femenil de Aguascalientes, donde la libertad está limitada por una sentencia o un proceso judicial, las integrantes de este círculo de lectura aseguran haber descubierto una forma distinta de sentirse libres. No está en el patio ni en los talleres, sino en las páginas de un libro.
Cada mes, las integrantes del club de lectura “Almas Literarias” se reúnen para conversar sobre historias que, por unas horas, las sacan del encierro. Para algunas, la lectura ha significado acompañamiento durante un duelo; para otras, una forma de conocerse, encontrar paz o imaginar una vida distinta cuando recuperen su libertad.
El círculo forma parte de la red de Clubes de Lectura del Fondo de Cultura Económica(FCE) y es moderado por personas voluntarias, entre ellas Paola Martínez, quien define esta experiencia como una invitación a “salir al bosque”: ir más allá de la rutina y abrirse a nuevas formas de pensar y vivir.
“En el budismo existe algo que se llama “salir al bosque”. Dentro de dicha filosofía salir al bosque significa ‘las veces que has ido más allá de lo que haces normalmente’. Algunos ejemplos de salir al bosque en nuestra vida cotidiana sería probar algo nuevo como: experimentar ir al cine solo o sola si no lo has hecho antes, probar una comida distinta a los platos que estás acostumbrado o acostumbrada, hacer una nueva actividad” describió.
Aguascalientes cuenta con tres Centros de Reinserción Social (CERESO) y un Centro Especializado de Internamiento para Adolescentes. Sin embargo, de acuerdo con el Cuaderno Mensual de Información Estadística Penitenciaria Nacional, al cierre de mayo de 2026 la entidad registra una sobrepoblación de 614 personas privadas de la libertad, lo que representa un 33.96% por encima de la capacidad instalada de sus centros penitenciarios.
El CERESO para varones concentra la mayor saturación, al albergar 1,581 personas en un espacio diseñado para 1,123. Le sigue el CERESO femenil, con 166 internas en una capacidad para 120 (38.33%). Aunado a la sobrepoblación, una parte importante de la población penitenciaria permanece privada de su libertad sin haber recibido una sentencia. En el caso del CERESO femenil, 4 de cada 10 se encuentran en prisión preventiva, por lo que continúan sujetos a proceso mientras las autoridades judiciales determinan si son o no responsables de un delito.
Mes a mes, mujeres como Blanca, Claudia, Lucero, Juanis, Gabriela y Laura, salen al bosque y encuentran un nuevo libro que leer a partir de sus intereses, necesidades y gustos.
Pero no se queda ahí. A través de cartas, las participantes han compartido el significado que este círculo de lectura ha tenido durante su proceso de reclusión. En ellas describen a los libros como una herramienta para encontrar tranquilidad, reflexión y esperanza dentro del encierro.
“Llevo cautiva más de 20 años y la lectura ha transformado mi vida. Me he refugiado en ella y encontré la libertad y la paz que tanto anhelo. Por medio de la lectura se desborda la imaginación y encontramos tesoros llenos de sabiduría y conocimiento, además de una luz en medio de la oscuridad, viviendo aventuras de las mil y una vidas que no vivimos” escribió Blanca, una de las integrantes del club.
Los testimonios de las integrantes reflejan el impacto que la lectura ha tenido en sus procesos personales. Claudia asegura que los libros le han permitido trabajar en sí misma y encontrar libertad más allá de los muros del penal.
“Me encuentro en reclusión y hoy en día puedo comentarles que la lectura me ha ayudado mucho a ser mejor persona, estoy trabajando en mi mejor versión y gracias a las letras y al círculo de lectura trabajo mis sombras. Al principio luchaba por mi libertad física, pero ya no lo hago porque aquí soy libre aún en cautiverio. Los tiempos de Dios son perfectos”.
Para Lucero, la lectura representa una oportunidad de reflexión y transformación personal.
“La lectura nos encauza a la reflexión y eso nos da la oportunidad de autoconocernos; al provocar un cambio positivo en uno mismo hacemos la invitación más certera para que otros nos imiten. La transformación nos conduce al respeto, pues podemos entender mejor la conducta propia y ajena”.
Juanis, por su parte, destaca que los libros se han convertido en un refugio durante su estancia en el CERESO.
“A mí la lectura me sirve para alimentar más mis conocimientos y ha sido mi acompañante en este tiempo en reclusión. Me he sentido más tranquila en el tiempo que lleva el círculo de lectura; ha sido para mí muy productivo”.
Gabriela recuerda que uno de los libros que leyó le permitió afrontar el duelo por la muerte de su madre.
“La lectura me saca de este lugar, me llena de conocimiento; me gusta leer. Hace tiempo murió mi madre y hubo un libro en especial que me sacó de ese hoyo de sufrimiento del cual no podía salir. Hoy comprendo que todo tiene un por qué. El libro se llama ‘El Águila y la Rosa’ y se lo recomiendo a toda persona que tenga un duelo”.
Laura coincide en que la lectura cambió la manera en que vive su reclusión.
“Estando aquí me dieron muchas ganas de leer porque yo me sentía triste, sola y leer me hizo sentir feliz. Empecé con libros de autoayuda que me han dado fortaleza y me ayudaron a comprender que por algo estoy aquí. Hoy me siento tranquila porque la lectura me ha dado mucha paz; aunque estoy recluida, me he sentido libre porque hay libros en los que siento que estoy viviendo”.
En un sistema penitenciario marcado por la sobrepoblación y los desafíos propios de la reinserción social, iniciativas como los talleres de música y los clubes de lectura muestran otra dimensión de la vida en prisión. Sin sustituir la atención psicológica, educativa o laboral que también requieren las personas privadas de la libertad, estos espacios ofrecen herramientas para fortalecer la disciplina, la convivencia, la reflexión y la construcción de un proyecto de vida más allá del encierro.