Una doxa con respeto a la selección mexicana y un llamado ciudadano

La selección mexicana jugó con verdadera pasión, responsabilidad y dignidad. Nos dio una GRAN VICTORIA DEPORTIVA. Más allá del resultado, recordó que el amor por México no se proclama: se demuestra con compromiso, disciplina y entrega: honrar la suave Patria. En momentos así, los comentarios agrios sobran; es tiempo de reconocer el esfuerzo y celebrar aquello que nos une.

Ese mismo amor y respeto por México debe trasladarse a la vida pública. Amar al país también significa exigir cuentas claras, transparencia en el ejercicio del poder y respeto absoluto por la hacienda pública, que pertenece a todos los mexicanos. Significa decir con firmeza: basta del endeudamiento irresponsable, basta de las promesas incumplidas y de las narrativas que sustituyen a los resultados.

Así como en la cancha el marcador lo deciden los jugadores, en una democracia el futuro debe decidirlo la voluntad libre e informada de los ciudadanos. Que sean los electores quienes definan el rumbo de México mediante un voto consciente, libre de manipulación en 2027, porque la fortaleza de una nación no depende únicamente de sus victorias deportivas, sino de la calidad de sus instituciones, de la honestidad de sus gobernantes y de la madurez cívica de su sociedad.