Cuando la inteligencia prepara el terreno

No corresponde a este espacio determinar la autenticidad de una entrevista atribuida a Carlos Monsiváis ni la veracidad de las afirmaciones que en ella se hacen sobre aspectos de la vida privada del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Ese debate pertenece al ámbito periodístico y, en su caso, a quienes puedan acreditar documentalmente su origen. Lo que sí resulta pertinente analizar es el efecto político que produjo su difusión y el momento en que ésta ocurre.

En cuestión de horas, la conversación pública dejó de girar en torno a la seguridad, la economía, la relación bilateral con Estados Unidos o los desafíos internos de Morena. El foco pasó a concentrarse en la persona. Independientemente del contenido de la filtración, el hecho políticamente relevante fue el cambio del eje de la discusión.

Ese fenómeno merece atención porque constituye un patrón conocido en el estudio de la inteligencia estratégica y de las operaciones de influencia.

Las agencias de inteligencia no necesitan convencer a toda una sociedad. Les basta con modificar el clima de opinión. Cuando cambia ese clima, cambian también los incentivos de los aliados, de los adversarios e incluso de quienes hasta entonces habían permanecido neutrales. El objetivo no consiste en destruir inmediatamente a un personaje político, sino en incrementar el costo de respaldarlo y reducir la disposición de otros actores para salir en su defensa.

Las operaciones de influencia rara vez buscan demostrar una verdad o fabricar una mentira. Su propósito suele ser más sofisticado: alterar el entorno en el que se tomarán decisiones posteriores.

La inteligencia no trabaja para explicar el pasado; trabaja para facilitar el futuro. Cuando una operación de influencia tiene éxito, no se mide por el escándalo que provoca el día de su difusión, sino porque modifica el contexto en el que, semanas o meses después, se tomarán decisiones políticas, diplomáticas o judiciales que antes habrían encontrado una mayor resistencia.

No afirmo que estemos frente a una operación de inteligencia ni mucho menos atribuyo la difusión de este episodio a una agencia específica. No existe información pública suficiente para sostener una afirmación de tal naturaleza. Lo que sí puede decirse es que, históricamente, en numerosos países, las filtraciones sobre personajes de alto nivel han cioncidido con momentos de creciente presión política o judicial. Esa observación forma parte del estudio de la comunicación estratégica y de la inteligencia, no de la especulación.

El contexto en el que aparece esta polémica resulta, por ello, especialmente significativo. Durante las últimas semanas funcionarios estadounidenses han elevado el tono respecto al combate contra las organizaciones criminales transnacionales, han reiterado la prioridad de investigar las redes financieras, logísticas y de protección política que permiten operar a esas organizaciones. Al mismo tiempo, la cooperación operativa entre instituciones mexicanas y estadounidenses parece haberse fortalecido en áreas sensibles relacionadas con inteligencia, intercambio de información y combate al crimen organizado.

Conviene recordar que las relaciones entre Estados Unidos y México en materia de seguridad rara vez dependen exclusivamente de los ciclos políticos. Hoy, además esa cooperación se desarrolla en un momento particularmente sensible para ambos gobiernos. A la agenda de seguridad se suma la próxima revisión del T-MEC, la elecciones en ambos países, el fenómeno migratorio, el combate al tráfico de fentanilo y la competencia económica con China. Todos estos temas se encuentran interrelacionados. La estabilidad institucional, el Estado de derecho y la eficacia en el combate a las organizaciones criminales dejaron de ser asuntos exclusivamente internos para convertirse en variables que también inciden en la negociación política, económica y comercial entre ambos países. Por ello, las decisiones que se toman en Washington y en la Ciudad de México responden cada vez más a una lógica estratégica integral, donde la seguridad y la economía forman parte de una misma ecuación.

En ese esfuerzo destacan instituciones mexicanas que han mantenido una interlocución profesional con sus contrapartes. La Secretaría de la Defensa Nacional, bajo el liderazgo del general Ricardo Trevilla Trejo, y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, encabezada por Omar García Harfuch, han participado en una estrategia que privilegia la coordinación institucional y el intercambio de capacidades frente a amenazas que afectan por igual a ambos países. Ese plano operativo debe distinguirse del debate político cotidiano y merece ser reconocido como un activo para México.

Precisamente por ello conviene observar con atención la evolución del clima político interno. Cuando un liderazgo comienza a convertirse en un activo incómodo para quienes antes lo defendían, las dinámicas dentro de cualquier movimiento político cambian. No porque exista necesariamente una ruptura inmediata, sino porque el cálculo político se modifica. Las lealtades dejan de ser automáticas y los costos de asociación comienzan a pesar más que los beneficios.

El verdadero significado que puede tener una polémica como la que hoy ocupa buena parte de la conversación nacional, no radica únicamente en lo que se dijo o dejó de decirse, sino en la capacidad de alterar percepciones, modificar agendas y condicionar decisiones futuras.

Quizá por ello resulte un error interpretar cada episodio de manera aislada. Una declaración de un funcionario estadounidense, una filtración periodística, un aseguramiento histórico de droga, una reunión de coordinación o un cambio en el discurso político pueden parecer acontecimientos independientes. Sin embargo, vistos en conjunto, muchas veces forman parte de un entorno estratégico que modifica gradualmente las condiciones bajo las cuales actuarán gobiernos, instituciones y actores políticos. La inteligencia moderna no suele operar mediante hechos espectaculares, sino mediante la acumulación de señales que, con el paso del tiempo, terminan construyendo una nueva narrativa, una nueva realidad política.

Si en las próximas semanas o meses se intensificaran las investigaciones, las solicitudes de cooperación internacional o las acciones judiciales impulsadas por autoridades estadounidenses contra personajes de relevancia política, la discusión pública quizá recuerde esta etapa no por el contenido de una entrevista o de una filtración, sino porque marcó el momento en que comenzó a transformarse el clima político alrededor de actores que durante años parecían políticamente inalcanzables.

La historia demuestra que las grandes decisiones con frecuencia van precedidas de cambios graduales en la percepción pública, de nuevas narrativas y de un entorno cada vez más propicio para aceptar medidas que antes habrían encontrado una resistencia considerable. Por ello, más que preguntarnos quién difundió una determinada información, conviene observar qué efectos produce, a quién beneficia, qué decisiones facilita y cuál es el contexto estratégico en el que aparece.

En inteligencia, el terreno suele prepararse antes de que lleguen los acontecimientos visibles.

@FSchutte
Consultor y analista
Nw