Rodrigo Sebastián González alcanzó en mayo pasado la cima del Monte Everest para rendir un emotivo tributo a su padre.
El empresario y productor de cine mexicano logró tocar el techo del mundo llevando consigo una envoltura de paleta Dolphy, la famosa marca de helados que fundó su padre, José Luis González González.
Con esta gran hazaña, González se unió a un grupo muy selecto de entre 46 y 58 mexicanos que han logrado pisar la cumbre más alta del planeta en toda la historia.
Un hombre común con una meta extraordinaria
González no es un alpinista profesional ni se dedica a la alta montaña de forma habitual. Él se describe a sí mismo como un “turista de altura” y expresa un enorme respeto por los montañistas reales como Carlos Carsolio y Elsa Ávila, quienes eran amigos cercanos de su padre.
A pesar de ser un hombre de a pie, su disciplina, preparación y fuerte determinación lo llevaron a cumplir un reto que parecía imposible.
El duro camino desde cero
Para lograr llegar a la cima del planeta, su preparación física y mental tuvo que empezar completamente desde cero.
Entrenamiento extremo
Entrenó al nivel de un atleta de alto rendimiento. Cambio de hábitos y modificó por completo su dieta diaria.
Adaptación al oxígeno
Pasó más de 430 horas durmiendo en una cámara hipóxica para acostumbrar a su cuerpo a la falta de aire.
Nuevas técnicas
Aprendió desde el inicio cómo escalar sobre el hielo.
Como parte de su práctica, subió grandes montañas como el Iztaccíhuatl y el Pico de Orizaba en México. También conquistó el Cotopaxi y el Chimborazo en Ecuador, además de varias cumbres en los Alpes europeos. Incluso tuvo que aislarse por semanas antes de viajar para evitar enfermarse de cualquier virus.
Superando el peligro y el miedo
El camino de González estuvo lleno de riesgos muy graves. En un intento anterior por subir la montaña Aconcagua, sufrió una neumonía que se complicó y se convirtió en un edema pulmonar. Esta condición médica era tan peligrosa que tuvo que ser rescatado de emergencia en un helicóptero a mitad de la montaña.
A pesar de este gran susto y del peligro de muerte, él no se rindió y continuó persiguiendo su sueño.
La estrategia para el éxito
González afirma que conquistar el Everest fue el resultado de una combinación de esfuerzo personal, mucha humildad y una dosis de fortuna.
Él comenta que hizo toda la tarea necesaria, pero que también contó con buena suerte.
En los momentos más duros y pesados de la subida, cuando el cuerpo ya no quería avanzar, aplicó una estrategia mental muy simple pero poderosa: dar un solo paso a la vez.
Enfocarse solo en el siguiente movimiento, sin pensar en lo lejos que estaba la cima, fue lo que le dio la fuerza mental para avanzar en el hielo y lograr tocar el cielo en memoria de su padre.
“Aunque tuve que hacer toda la tarea, tuve mucha suerte”, concluyó. Nw