Un comparativo internacional reciente sobre tasas de homicidio ubica a Tijuana entre las ciudades más violentas del mundo, con aproximadamente 105 homicidios por cada 100 mil habitantes, solo por debajo de Puerto Príncipe, Haití. El listado incluye además a varias ciudades mexicanas como Acapulco, Ciudad Juárez, Celaya, Uruapan, León, Zamora y Culiacán, lo que confirma que la violencia homicida continúa siendo uno de los principales desafíos estructurales del país.
El ranking, difundido por la plataforma informativa Explorando Nuestro Mundo (2025–2026), utiliza como indicador principal la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes, considerada internacionalmente el parámetro más confiable para comparar niveles de violencia letal entre ciudades de diferentes países. El análisis se basa en estadísticas oficiales de homicidios, estimaciones poblacionales recientes y cálculos estandarizados para permitir comparaciones homogéneas.

Para el equipo de Nw Noticias Baja California, la presencia de múltiples ciudades mexicanas en los primeros lugares del listado no representa un fenómeno aislado, sino la manifestación de una crisis de seguridad de carácter estructural, asociada a debilidades institucionales persistentes y a la expansión territorial de organizaciones criminales.
El caso de Tijuana como frontera estratégica y violencia persistente resulta particularmente significativo. Su ubicación como frontera internacional la convierte en un punto clave para el tráfico de drogas, personas y mercancías ilegales hacia Estados Unidos. Esta condición estratégica ha generado durante años una competencia constante entre organizaciones criminales por el control territorial, fenómeno que se refleja en los altos niveles de homicidio.
Más allá de las cifras anuales, analistas consultados señalan que el problema de la violencia en Tijuana se ha vuelto crónico y estructural, con ciclos recurrentes de incrementos homicidas asociados a reacomodos criminales, fragmentación de grupos delictivos y disputas por mercados ilícitos locales, especialmente el narcomenudeo.
El impacto de esta violencia trasciende el ámbito criminal. Sectores empresariales han advertido que la inseguridad afecta la movilidad urbana, eleva los costos operativos de las empresas y genera un clima de incertidumbre que debilita la competitividad regional.
La gráfica revela además que México concentra una proporción significativa de las ciudades más violentas del mundo, lo que apunta a un problema de escala nacional. Desde la perspectiva de especialistas en seguridad pública, este fenómeno está vinculado a varios factores convergentes:
• Capacidades limitadas de las policías municipales y estatales;
• Altos niveles de impunidad en homicidios;
• Sistemas de procuración de justicia saturados;
• Débil coordinación entre órdenes de gobierno;
• Insuficiente inteligencia preventiva;
• Expansión de economías criminales locales.
Uno de los elementos más preocupantes es el bajo nivel de esclarecimiento de homicidios, lo que genera un efecto de impunidad que favorece la repetición de la violencia. En México, una proporción significativa de los asesinatos nunca llega a una sentencia judicial, debilitando la credibilidad institucional.
Para el equipo de análisis de NW Noticias Baja California, el posicionamiento de ciudades mexicanas en estos rankings internacionales también debe analizarse como parte de una crisis más amplia de confianza en las instituciones de seguridad y justicia. La percepción de inseguridad, la baja denuncia y la creciente normalización de hechos violentos reflejan una brecha entre las instituciones y la ciudadanía. Este fenómeno se vuelve especialmente visible en regiones fronterizas como Baja California, donde la dinámica criminal tiene un impacto directo en la vida cotidiana.
La violencia homicida no solo representa un indicador de la criminalidad, sino también un termómetro de la solidez institucional. Cuando los niveles de homicidio permanecen elevados durante largos periodos, ello suele reflejar dificultades estructurales en la capacidad del Estado para ejercer control territorial y garantizar seguridad. Especialistas advierten que estos comparativos deben interpretarse como herramientas de análisis y no como mediciones absolutas, ya que pueden variar según el año de referencia y las fuentes estadísticas utilizadas.
Sin embargo, el uso de la tasa de homicidio por cada 100 mil habitantes permite identificar tendencias generales y dimensionar la magnitud del problema en términos comparativos.
El principal mensaje del “ranking” no es únicamente la posición que ocupa Tijuana, sino el hecho de que la violencia homicida se ha convertido en un fenómeno persistente en múltiples regiones del país, lo que plantea la necesidad de fortalecer las instituciones de seguridad pública, mejorar los mecanismos de control policial y consolidar sistemas de justicia más eficaces.
En una condición de creciente presión social y económica, la reducción sostenida de la violencia dependerá de políticas públicas que combinen prevención, inteligencia, fortalecimiento institucional y reducción de la impunidad, elementos indispensables para recuperar la confianza ciudadana y la estabilidad social. Nw