Uno ve desde lo complejo cómo es Roberto Ávila; él ha sido un hombre que toda su vida causó la muerte de personas que lo rodeaban, su señora, su hijo, su mentor, su pupilo, su confesor. Yo creo que la gente lo percibe, lo entiende y se conecta. Es una historia muy humana. Obviamente hay tonos más fuertes, cuenta la historia de un conflicto humano muy fuerte. Así han sido las tres temporadas de Sr. Ávila, la serie protagonizada por Tony Dalton y filmada en México que produzco con Lemon Films. La prueba está en que, como otras de nuestras series originales como Capadocia, fue reconocida con una nominación en la entrega del Emmy Internacional como mejor serie de habla no inglesa.
Esta nominación justo en este momento nos deja muy orgullosos de que sí estamos haciendo una cosa que no tiene precedentes en la televisión de Latinoamérica. Tengo siete años de mi vida, de una manera u otra, muy íntimamente conectado con Ávila. Con todo, llegamos a la muy difícil conclusión de que la próxima temporada será el final de la historia, en 2018. Es como determinar cuándo termina una fiesta, cuándo terminan las vacaciones. Tiene que terminar, era muy importante. Y este término es muy presente en Ávila. Es una historia de cómo terminan las cosas, una serie sobre una muerte anunciada, una muerte contratada.
En estos tiempos, cuando hay tanta competencia y calidad en las series, tanto en tele como en otros medios, es muy importante saber contar buenas historias y no extenderlas innecesariamente solo porque sí. Uno tiene que entender que la experiencia narrativa ocurre en el cerebro de la persona. El medio es un soporte casi físico, un soporte externo. Yo soy consumidor de contenido en cualquier plataforma. Antes el mundo era mucho más rígido en términos de opciones y posibilidades. Siento que la experiencia emocional de ver una película en cine y en televisión, si es buena la experiencia, estamos bien y atentos y nos fascina, es igualmente satisfactoria, no creo que sean distintas las experiencias. No hay distinción, sea en pantalla grande, chica, celular o iPad. Son experiencias parecidas, pero no distintas.
En HBO tenemos la tranquilidad de saber que estamos jugando un juego con grandes jugadores. A mí personalmente me encanta que exista tanto contenido, tan bueno en otros medios también. Yo arranqué mi carrera hace 30 años como crítico de televisión en Brasil y 90 por ciento de mi tiempo era hablar de series estadounidenses. A mí me hubiera encantado haber escrito sobre una serie mexicana, o de otro país, que no existían. Hoy hay centenas de series producidas en todos lados, es una oportunidad de que la gente pueda expresarse y contar historias. Me da orgullo que podamos mirar series de Chile, Brasil, Argentina, Colombia, Perú, México.
Si seguimos dando oportunidades para que el talento pueda seguir contando sus historias, habrá más y mejores contenidos. No hay razón para limitarlo. Tengo la siguiente teoría, que no es mía, pero la digo de todas formas: cuanto más uno acumula experiencia, mejor son los resultados, sea un deportista, un científico, un matemático, un actor o un escritor. Es así de sencillo. La manufactura de las cosas se acumula con la experiencia. Entre más gente produzca en Latinoamérica televisión y contenidos de todos los formatos, más la gente va a aprender a través de la experiencia. Nos montamos unos sobre los hombros de los otros en la historia de la humanidad. Esos hombros nos permiten alcanzar un horizonte más lejano.