Hay caos en Washington, y muchos de los clientes de Al Mottur
están preocupados. Uno de los principales cabilderos de Brownstein Hyatt Farber
and Schreck, Al Mottur, ha estado en la capital estadounidense por décadas.
Pero el hombre, de 50 años, nunca ha visto algo como el intento del Congreso de
reescribir completamente el código fiscal antes de una Navidad. Y muchos de los
clientes de su despacho tienen miedo a que les apliquen nuevos impuestos. “La
enormidad de lo que la administración de Trump está intentando hacer con la
economía y el código fiscal es inversamente proporcional al tiempo que le están
invirtiendo”, dice Mottur.
¿Donald Trump en realidad está drenando el pantano? No mucho.
Solo está cambiando el agua. Las fiestas decembrinas están a un mes de
distancia, pero los republicanos ya están decorando su propuesta de ley con
billones de adornos centelleantes. Los regalos más grandes incluyen una
reducción enorme en la tasa del impuesto corporativo a la renta —de 35 por
ciento a 20 por ciento— y la eliminación del impuesto a la herencia (este
afecta solo a unos pocos miles de familias extremadamente ricas, incluidos los
Trump y sus familiares políticos, los Kushner). Más allá de los obsequios grandes
en la propuesta de ley, hay unos pequeños que tienen ansiosos a ciertos interesados
en contratar el mejor talento, como Mottur, para cubrir sus activos. Mottur es
reacio a hablar de lo que está haciendo tras bambalinas, pero está instando a
los clientes a recordar que cualquier deducción que mantenga el Congreso
significa que los legisladores tienen que hallar una forma para sustituirlo.
“Es como mover los asientos en una boda”, dice Maya MacGuineas, directora del
Comité por un Presupuesto Federal Responsable, un grupo de expertos domiciliado
en Washington enfocado en el déficit. “Si recortas una cosa, tienes que
remplazarla con otra”.
Estos saturnales de intereses especiales es exactamente lo
que Trump prometió eliminar. Los registros de cabilderos han aumentado más de
100 por ciento en 2017, y un grupo de interés público piensa que las
organizaciones podrían gastar 1,000 millones de dólares en tratar de persuadir
al Congreso de hacer esto o aquello. Si las acciones actuales del Congreso
llevan a un código fiscal más simple, mayor crecimiento económico y beneficios
para el estadounidense común, ello podría ser un inconveniente aceptable. Pero
en su iteración actual, los planes republicanos en la Cámara de Representantes
y el Senado tienen muy poco de eso, según analistas independientes. Como dijo
Gary Cohn, asesor económico de Trump, a CNBC recientemente: “El grupo más
excitado por allí [con respecto al plan fiscal] son los grandes directores
ejecutivos”.
No sorprende que el plan de Trump y los republicanos haya
incitado a los liberales a formar un cabildeo llamado Ni Un Centavo, una
alusión a cómo los adinerados no merecen nuevas exenciones tributarias. El
grupo ha celebrado mítines donde ha presentado títeres gigantescos de Trump y ha
atraído a oradores como Nancy Pelosi, lideresa de la minoría en la Cámara de
Representantes. También ha lanzado anuncios que atacan un plan similar de
filtración de la riqueza aprobado en Kansas y que llevó al estado a un caos
fiscal. “Fue un fracaso abyecto”, dice Mike Faul, un granjero republicano, en
el anuncio; Faul había apoyado la medida de Kansas y ahora se arrepiente de haberlo
hecho. Los republicanos pronto podrían sentirse de la misma manera con el nuevo
plan de D. C.

AMASAR: Mottur ha estado en la capital por décadas; pero el
hombre, de 50 años, nunca ha presenciado algo como el intento del Congreso de
reescribir completamente el código fiscal antes de una Navidad. FOTO: DOUGLAS GRAHAM/ROLL CALL/GETTY
Nadie pensó que cambiar el código fiscal sería fácil. La
última vez que un presidente lo reformó totalmente fue en 1986, cuando Ronald
Reagan y los demócratas acordaron una ley que redujo las tasas y eliminó las
lagunas. Pero eso sucedió después de años de trabajo. Desde entonces, las
lagunas han regresado, a pesar de que muchos legisladores de ambos partidos no
están contentos con ello.
Desgraciadamente, ninguno de los dos partidos puede ponerse
de acuerdo en los remedios apropiados. Durante el segundo periodo del presidente
Barack Obama, el representante Dave Camp, republicano por Michigan, luchó duro
por cambios de gran alcance en el código fiscal, para lo que creó grupos de
trabajo de demócratas y republicanos que idearan una propuesta de ley. Los
demócratas se opusieron, y la propuesta nunca llegó lejos.
Trump y los republicanos necesitan el plan fiscal actual para
que les vaya mejor, ya que han fracasado en aprobar cualquier legislación
importante en este 2017. Pero, desde el principio, el proceso ha estado plagado
de prisas y secretos. En vez de celebrar audiencias públicas sobre el plan, a
finales de septiembre, Paul Ryan, portavoz de la Cámara de Representantes;
Mitch McConnell, líder de la mayoría en el Senado; Kevin Brady, presidente del
Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes, y Orrin Hatch,
presidente del Comité de Finanzas del Senado, junto con Steve Mnuchin,
secretario del Tesoro, y Cohn, director del Consejo Económico Nacional,
debatieron en privado algunos de los principios amplios.
Los cabilderos arribaron al Capitolio con la intención de
influir en el proyecto. Cuando salió el resumen, algunos grupos de interés respiraron
aliviados: no estaba a la altura de la promesa de Trump de abolir la llamada
participación en beneficios para los fondos de cobertura, la cual permite que a
los socios se les imponga una tasa de 20 por ciento, muy por debajo de lo que
las secretarias podrían pagar.
Cuando Brady hizo público el plan de la Cámara de
Representantes, en noviembre, la aglomeración de cabilderos se hizo más grande
y dura. Business Roundtable, que representa a las corporaciones más grandes de
la nación, lanzó anuncios de televisión para mantener baja la tasa corporativa.
La RATE Coalition (siglas en inglés de “Reformar los Impuestos de Estados Unidos
Equitativamente”), la cual es apoyada por grandes empresas que van desde Aetna
hasta Walmart, usó veteranos de administraciones demócratas y republicanas para
argumentar por qué los recortes corporativos aumentarían los ingresos
familiares (no importa que reducir los impuestos empresariales podría terminar
financiando recompras de acciones, no la construcción de fábricas nuevas).
Mientras tanto, la Asociación Nacional de Inmobiliarias bombardeó a los
legisladores con correos electrónicos y movilizó a sus corredores para que
preservaran la deducción al interés hipotecario, que está limitada en el plan
republicano de la Cámara de Representantes.

PANTANO PODRIDO: Trump y Ryan muestran las tarjetas para
presentar los impuestos. Los dos han publicitado los resúmenes de un plan
fiscal, pero los saturnales de intereses especiales en Washington, son exactamente
el tipo de criminalidad que el presidente prometió eliminar. FOTO: DREW ANGERER/GETTY
Otros intereses también participan de esta orgía fiscal. Los
maestros presionan para conservar una deducción a los suministros escolares.
Las organizaciones de caridad pelean contra el gran aumento del plan a la
deducción estándar, temiendo que menos personas pormenoricen sus impuestos, la
única manera de declarar las contribuciones de caridad. Las universidades están
vueltas locas: el plan republicano de la Cámara de Representantes exigirá que
sus dotaciones paguen un impuesto al ingreso por inversiones y cancelen la
deducción por intereses a los préstamos estudiantiles.
Mientras tanto, legisladores estatales y locales —junto con
sindicatos de empleados públicos— están lívidos por los planes de eliminar la
deducción al impuesto estatal y local que aligera considerablemente la carga a la
gente en estados como Nueva York y California, que son de impuestos altos.
Todos estos grupos de interés refuerzan la presión sobre el Congreso. A
principios de noviembre, cabilderos llenaron la audiencia de Medios y Arbitrios
para influir en las enmiendas a la propuesta de Brady. Algunos obtuvieron lo
que querían: por ejemplo, los antiabortistas y posibles padres restauraron un
crédito al impuesto por adopción.
Ninguna de estas acciones significa que la propuesta se
aprobará; fácilmente podría desenmarañarse, quitándoles a Trump y los
republicanos una victoria muy necesaria. Por ejemplo, la propuesta de la Cámara
de Representantes aumenta la desigualdad en la riqueza, según múltiples
análisis que muestran que la mayoría de los beneficios son para los ricos, en
especial quienes viven de ganancias de capital. También añade 1.5 billones de
dólares a la deuda nacional, a lo que se oponen algunos conservadores fiscales.
Y el recorte al impuesto corporativo es tan enorme, que excede incluso lo que
Business Roundtable otrora publicitaba.
Si la propuesta es aprobada, hay pocas posibilidades de que
sea el modelo de simplicidad —o el motor del crecimiento económico— que afirman
sus defensores. Algunos estadounidenses podrían hallar que es más fácil
calcular sus impuestos el próximo abril, pero las compañías enfrentarán “reglas
más complejas”, dice Michael Mundaca, codirector del departamento nacional de
impuestos en EY (antes conocida como Ernst & Young). Y a pesar de las
afirmaciones republicanas en sentido contrario, para muchas empresas e
individuos, “el papel de los consultores fiscales será más importante”, añade
Mundaca.
Estados Unidos, bienvenido al pantano del futuro.
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Publicado en
cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek