Buscan relación entre fuertes sismos y el núcleo de la Tierra

¿Acaso no sería bueno tener una mejor idea de cuándo ocurrirá el próximo terremoto? Claro que sí. Aunque es casi imposible predecir dónde ocurrirá el próximo sismo, los científicos piensan que ahora podrían tener una noción mejor y más general de cuál podría ser la frecuencia de esos fenómenos, y en los próximos cinco años, ocurrirá una mayor cantidad de terremotos más violentos de lo usual.

Ese pronóstico se basa en pequeñas diferencias en la longitud del día en la Tierra, lo cual podría funcionar como una señal de advertencia temprana de años con mayores probabilidades de que ocurran terremotos, de acuerdo con un artículo noticioso publicado en la revista Science, sobre las conclusiones presentadas en la reunión de la Sociedad Geológica de Estados Unidos, realizada en Seattle a principios de octubre.

Las conclusiones, que no han sido publicadas, se basaron en datos acerca de algunos de los más fuertes terremotos ocurridos en el último siglo, aquellos con una magnitud de 7 grados o más. El devastador terremoto que sacudió a la Ciudad de México hace varias semanas tuvo una magnitud registrada de 7.1 grados.

Por alguna razón, la Tierra parece volverse más lenta unos cinco años antes de que ocurra una mayor cantidad de terremotos destructivos, declaró a Newsweek Roger Bilham, de la Universidad de Colorado en Boulder. El planeta comenzó a reducir su velocidad en 2012.

En tiempo geológico, 100 años son como un pestañeo. Sin embargo, los seres humanos solo hemos podido medir los terremotos desde los primeros años del siglo XX, y los sismógrafos primitivos no necesariamente podían registrar todos los terremotos con una magnitud menor que 7. Esto significa que los investigadores solo pudieron detectar poco más de una docena de terremotos.

Los sismos ocurren porque la corteza terrestre no está formada por una sola pieza. Existen grietas (fallas), y la Tierra no está constituida únicamente por su corteza; debajo de ella, hay capas viscosas de roca y metal líquido. Dado que las partes de la corteza flotan sobre ese fluido, pueden terminar chocando unas contra otras, o deslizándose por arriba o por debajo de las placas vecinas. Esos choques y deslizamientos provocan los terremotos.

Por ello, Bilham propone que quizás, y solo quizás, la diferencia en la velocidad de rotación de la Tierra podría provocar más terremotos. Tiene sentido; cuando un automóvil o un tren subterráneo frena abruptamente, las personas que no van asidas al pasamanos o no traen puesto el cinturón de seguridad podrían continuar moviéndose a la misma velocidad que tenía el auto o el tren antes de frenar. Esto también podría aplicarse a las placas tectónicas, aunque en una forma mucho menos extrema.

Pero ¿qué es lo que hace que la velocidad de la tierra disminuya? Podría tratarse de fluctuaciones sutiles en el movimiento del núcleo terrestre.

Este núcleo es un lugar caótico, señala Bilham. “Es muy inestable. Y esa inestabilidad, con el paso de las décadas, puede influir en la velocidad de rotación de la Tierra. Lo que esto significa es que el núcleo podría ser responsable de modular los terremotos en la superficie terrestre. “No es que los produzca”, observa, “sino que parece que el núcleo podría influir indirectamente en el movimiento de las placas al modificar la velocidad de rotación”.

No obstante, afirma Bilham, eso no es todo. Debe haber otros factores, además de los cambios en el núcleo, que también contribuyen a establecer este patrón.

Por lo menos, una cosa es clara: los días duran más milisegundos en este siglo que hace algunos miles o millones de años. Las variaciones en la duración de un día en el orden de algunos milisegundos extra aquí o algunos menos allá también se han observado desde la década de 1960.

“Algo sorprendente que hemos observado es que la desaceleración de la Tierra se produce cinco años antes que los terremotos”, afirma Bilham. “Si fuera al contrario, sería muy aburrido”

Sería menos interesante porque sabemos que los terremotos pueden contribuir a estas desaceleraciones. “Sabemos que los terremotos pueden modificar la velocidad de rotación de la Tierra en un nivel muy, muy pequeño”, señala Brian Koberlein, astrofísico del Instituto Rochester de Tecnología.

La Luna ejerce la mayor influencia en estos cambios, pero los terremotos también la tienen. “Si tenemos un fenómeno como un terremoto, en el que una porción de la superficie terrestre cambia de lugar, eso modificará muy ligeramente la forma de la Tierra”, afirma Koberlein. Ese cambio en la forma de la Tierra puede tener un impacto en la velocidad a la que gira, en la misma forma en que un patinador artístico puede modificar la velocidad a la que se mueve durante un salto o un giro al contraer o extender los brazos.

Bilham estará observando durante los próximos cinco años para ver si se cumple su pronóstico. “Cinco años es un plazo muy amplio de advertencia”, dice. “Se sabe que la predicción de terremotos es imposible o está más allá de nuestros medios. Pero he aquí que la Tierra nos dice, quizás, que hay algo más para nosotros. Ahora es tiempo de hacer algo al respecto”.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek