Este año, la temporada de peste ha sido particularmente virulenta en Madagascar donde, el 8 de octubre, el Ministerio de Salud informó que se han registrado 164 casos probables de la enfermedad y 64 defunciones desde el 1 de agosto. La nación insular ha adoptado varias medidas para asegurar que la peste no se disemine más, como prohibir reuniones públicas e interrumpir las visitas carcelarias temporalmente.
En agosto inicia la temporada de peste en Madagascar, la gran isla frente a la costa de África oriental. Cada año, la enfermedad se disemina entre la población humana mediante ratas infestadas de pulgas que huyen de incendios forestales en las áreas de arrozales. Los brotes de peste de Madagascar se deben, en gran medida, a la forma neumónica de la enfermedad. A diferencia de la peste bubónica, que se disemina por la mordedura de pulgas, esta forma de la enfermedad se transmite por el aire y se propaga con la tos. Por tal motivo, es una de las formas más contagiosas y mortíferas.
Esta semana, funcionarios del gobierno malgache anunciaron una prohibición temporal para las visitas carcelarias de dos áreas devastadas por la enfermedad. Las prisiones son terrenos de cultivo particularmente vulnerables a la bacteria, dada la sobrepoblación y las condiciones generales de insalubridad. Si bien no se ha decretado una prohibición de viajes, por lo pronto el Ministerio de Salud de Seychelles, nación insular vecina, ha desalentado a los viajeros que tengan intenciones de visitar Madagascar, debido al alto riesgo de transmisión de peste, informóBBC.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aun cuando la cifra de casos de peste no se ha incrementado, en años recientes han muerto más personas por las complicaciones de la enfermedad. El incremento no se debe a que la infección se haya vuelto más virulenta, sino a que “es sintomático del deterioro de la trama del sistema de salud, como consecuencia de las recientes crisis sociales y políticas del país”, según un informe OMS de 2015.
El brote actual es “un ejemplo del poder de la pobreza para retroceder el reloj del tiempo y dar marcha atrás al progreso”, dijo Peter Small, clínico especializado en enfermedades infecciosas y director fundador de Global Health Institute en la Universidad de Stony Brook, quien ha estudiado la peste en Madagascar desde hace varios años y fue entrevistado porNewsweek. “Es dolorosamente previsible que esta enfermedad de la antigüedad siga matando personas en uno de los países más pobres del mundo”.
La peste es fácil de tratar con medicamentos, si se detecta de manera oportuna. La Organización Mundial de la Salud ha respondido a la crisis de Madagascar enviando suficientes antibióticos para tratar a 5,000 enfermos y proteger a 100,000 personas, según informes deThe New York Times.
Si bien funcionarios de salud pública en Estados Unidos no han manifestado temor porque el brote de Madagascar pueda diseminarse a otros países, Small previene que no debemos minimizar la situación.
“Cada año tenemos casos de peste en Occidente”, asegura Small. “La única razón de que sean casos, y no epidemias, es porque invertimos en un sistema de salud pública. Sin embargo, si seguimos restringiendo la inversión en salud pública, esos casos podrían volverse epidemias incluso en Estados Unidos”.
Stephen Morse, profesor de epidemiología de la Universidad de Columbia, donde investiga enfermedades infecciosas, dijo a Newsweek que concuerda en que los brotes de peste como este subrayan la importancia de la salud pública, y lo que puede ocurrir cuando estas medidas se ven comprometidas.
“Considero que, en cualquier momento en que ocurre un brote de magnitud considerable, siempre existe la posibilidad de que se disemine mucho más, así que lo importante es implementar medidas de salud pública lo antes posible”, dijo Morse.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek