Según una nuevainvestigación, la tasa de osteoartritis de rodilla —un padecimiento doloroso e incapacitante que desgasta el cartílago y ocasiona la fricción de los huesos— se ha duplicado en los últimos 50 años. Se desconoce la causa de este incremento, lo cual plantea la provocadora posibilidad de que, una vez descubiertos los disparadores, pueda ponerse fin al dolor.
El paleoantropólogo Ian Wallace y sus colegas de la Universidad de Harvard estudiaron varios miles de esqueletos de personas que murieron durante tres periodos de la historia estadounidense: preindustrial (hace 300 a 6,000 años), industrial temprano (siglo XIX a principios del XX) y postindustrial (fines de la década de 1950 en adelante), y contabilizaron los casos de osteoartritis de rodilla de cada grupo. También anotaron la edad y el índice de masa corporal de los cadáveres, cuando fue posible.
Según el estudio, publicado el 14 de agosto en Proceedings of the National Academy of Sciences, 18 por ciento de los esqueletos de la era postindustrial presentaban rastros de artritis de rodilla avanzada, contra un máximo de 8 por ciento en los huesos más antiguos. La enfermedad fue más de dos veces más común en los huesos modernos que en cualquiera de los otros dos grupos.
Siempre se ha pensado que los principales factores de riesgo para osteoartritis de rodilla son la edad y la obesidad, pero los investigadores no hallaron una relación estadística entre alguno de esos factores y el incremento en la tasa de artritis. Incluso entre los esqueletos de edad y peso similares, de distintos periodos, la artritis de rodilla fue más común entre los esqueletos postindustriales. De modo que una o varias causas desconocidas intervienen en el padecimiento.
Identificar los factores de riesgo faltantes podría conducir a una mejor prevención y una menor prevalencia de la artritis de rodilla, señala Wallace.
David Felson, médico de la Universidad de Boston y coautor del estudio, agrega que la inactividad física podría influir en el desarrollo del padecimiento. “Nuestras articulaciones sufren cuando permanecemos inactivos mucho tiempo”. También podría contribuir la inflamación debida a hipertensión o diabetes, interpone Francis Berenbaum, médico de la Universidad Pierre & Marie Curie. Una dieta rica en azúcares y granos procesados también podría conducir a la artritis por inflamación, señala Wallace.
Los resultados sugieren que la artritis podría no ser “un elemento inevitable del envejecimiento”, concluye Wallace. Y esa es una buena noticia, pese a las malas nuevas del estudio.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek