Los judíos y las palabras, publicado recientemente en idioma español por la editorial Siruela, es un ensayo que pretende contar las historias y memorias que se ocultan tras los nombres, adagios, disputas, textos y chistes más perdurables del judaísmo. En un intento en forma de no ficción, los autores de la obra, el novelista Amos Oz y su hija mayor, la historiadora Fania Oz-Salzberger, ofrecen su visión personal sobre un aspecto esencial de la historia judaica: la relación de los judíos con las palabras.
De visita en México, a propósito de la Feria Internacional del Libro Judío, Fania Oz cuenta que ella y su padre han discutido e intercambiado puntos de vista sobre esta temática desde que prácticamente uno de los dos tenía tres años.
“Amamos la literatura, y no solamente la judía. Nos encanta la poesía y la filosofía que no tienen que ver solo con los escritores judíos. Y a menudo nos preguntamos dos cuestiones diferentes: uno, ¿cómo es posible que los libros que se escribieron hace 3,000 años sigan leyéndose en la actualidad? Y dos, ¿cómo se logra la supervivencia de estas obras y eso qué significado tiene?”.
Nacida en Hulda, en 1960, Oz-Salzberger es doctora por la Universidad de Oxford y, actualmente, profesora de historia en la Universidad de Haifa. Sus líneas de investigación preponderantes son el pensamiento político y la historia de las ideas. Por su parte, su padre, el autor jerosolimitano Amos Oz, es un intelectual reconocido por su compromiso con el proceso de paz en Oriente Medio. Su prosa, conformada por más de 20 títulos y galardonada con premios como el Goethe, el Príncipe de Asturias de las Letras, la Legión de Honor francesa, el Franz Kafka y el Israel Prize, ha sido traducida a más de 40 idiomas.

FOTO: ANTONIO CRUZ/ NW NOTICIAS.
—Entonces, Fania, ¿qué opinas, cómo se logra la supervivencia de las obras judías?
—Te voy a contar tres secretos. Anteriormente eran secretos solamente para los judíos, pero ya están abiertos para toda la humanidad. Uno, es importante escribir. Una cultura debe dejar su legado escrito. El folclor es hermoso, pero no es suficiente. Lo mismo pasa con la arquitectura, no es suficiente, aunque sea hermosa. El arte, las esculturas, la fotografía, la pintura, son hermosas, pero no son suficientes. Las palabras sí sobreviven mejor tras las tempestades del tiempo.
“Dos, los niños y los libros deben de estar en conjunto, se pertenecen. La Biblia establecía que los niños, cuando cumplían tres años, tenían que empezar a leer la Biblia o las leyes de la Torá. Por eso las madres, cuando llevaban a sus pequeñitos a la escuela, llevaban dulces que ponían encima de las letras del alfabeto, algunas veces ponían gotitas de miel, y eso ayudó a que los niños amaran leer a lo largo de toda su vida. Hoy les digo a todos los papás del mundo: si les van a regalar a sus hijos una tableta o un iPhone, asegúrense de que en la memoria contenga libros e historias, y pónganle gotitas de miel en la pantalla.
“Y tres, los niños no solo deben leer, se les debe permitir preguntar, plantear preguntas complicadas, y se les debe fomentar que tengan la capacidad de argumentar y cuestionar a sus padres, al maestro e, incluso, a Dios”.

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—¿Por qué las palabras son importantes para los judíos?
—Ya hablé de la supervivencia de los judíos por tres milenios. Sí, podemos decir que con la ayuda de Dios y lo que quieras, pero no creas que Dios siempre estuvo ahí, a veces no salió. Y también están los seres humanos, que de repente hacen sus milagritos; al principio de la historia mis ancestros fundaron esta biblioteca, no me importa si son mis ancestros judíos de sangre, son mis ancestros textuales. Y esta biblioteca es casi como el arca de Noé, y esta arca flotaba en las aguas atravesando tormentas, y nosotros ahí estábamos, contenidos en esa biblioteca. Muchas veces no éramos los vencedores de la historia, muchas veces más bien éramos los perdedores, hasta hace cien años seguíamos siéndolo en los pasajes de la historia. Pero éramos, digamos, perdedores raros, extraños, porque, a pesar de todo, la historia estaba de nuestro lado.
—¿Por qué es preponderante que el mundo conozca el corazón de la cultura judía?
—Esta es la modernidad. Quiero decir algo sobre mi país, Israel. Israel se fundó cuando mis compatriotas decidieron que ya no era suficiente el quedarse dentro de esa biblioteca, que ya no se podía luchar contra los nazis con libros y que necesitábamos nuestro propio territorio, nuestro propio país y nuestro propio ejército. Entonces, por primera vez, en dos milenios, ya nos levantábamos no solo con nuestras palabras, sino a través de las armas. Pero este es solo un lado de Israel, una faceta. El otro lado, que fue la parte del sionismo de mis abuelos, es que esta nueva comunidad judía tenía que ser una parte útil dentro de la comunidad global a través del ofrecimiento de conceptos, ideas, ciencia, el amor por la lectura y mucho trabajo, por eso exportamos estos libros, nuestros pensamientos, nuestras ideas. Y también consideramos, mi parte israelí está convencida, que los conflictos se pueden resolver mejor a través de las palabras, a través del diálogo; incluso el conflicto, la guerra que tenemos contra los palestinos, porque estamos convencidos de que esta es la verdadera forma judía de hacer las cosas. Pueden ser palabras, debates, incluso discusiones acaloradas, pero sin armas.

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—¿En qué medida las palabras han sido un bálsamo y un veneno para Israel?
—Mucho más un bálsamo, una bendición, que un veneno. Déjame contarte que, por ejemplo, he tenido discusiones, con una tía, que han sido considerablemente venenosas. En serio, puedes asomarte al internet, está hecho de palabras. Yo siempre le digo a mi papá: el internet, el alfabeto, es como el talmud, es un laberinto lleno de letras y palabras, como [la obra de Jorge Luis] Borges, que te puede llevar a lugares espantosos, o te puede llevar a lugares maravillosos.
—¿Qué esperaría dejar en el lector mexicano con esta obra?
—Les quiero dejar esa sorpresa y ese gran amor que acabo de crear y que siento por México. Al igual que Israel, este es un país de muy antiguas civilizaciones, de un gran talento para la expresión. Y a todos los lectores, en todas partes del mundo, les quiero dejar dos mensajes: uno, que todas las naciones y las familias funcionales tengan la capacidad de resolver sus disputas a través de las palabras. Y dos, y esta es una orden, por el amor de Dios, cuando sus hijos o sus nietos cumplan tres años, llévenlos a que se empapen de lectura, que lean. Este es el momento preciso para que los niños empiecen a amar los libros y la lectura. Si logramos hacer esto, para finales del siglo XXI vamos a poder conseguir un gran futuro y la supervivencia de muchas nuevas civilizaciones.

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