La semana pasada, se informó que el 14 de agosto, la NASA comenzará a aceptar solicitudes para convertirse en el nuevo “Funcionario de Protección Planetaria”.
Este puesto de trabajo, que cuenta con un salario bastante atractivo de seis cifras, provocó de inmediato la publicación de una avalancha de encabezados sensacionalistas, aunque las verdaderas responsabilidades del puesto consisten principalmente en evitar la transferencia de microorganismos de la Tierra hacia otros planetas y viceversa, para evitar la contaminación biológica durante las misiones espaciales.
Para algunas personas, el descubrimiento de que, en lugar de activar escudos cósmicos para defendernos contra invasiones extraterrestres, el Funcionario de Protección Planetaria se enfocará más probablemente en mantener las naves espaciales impecablemente limpias, podría resultar decepcionante. En lugar de ello, es alentador.
En un artículo publicado en la revista New York y titulado “The Uninhabitable Earth” (La tierra inhabitable), el periodista David Wallace-Wells pronostica una letanía de posibles desastres debidos al calentamiento global, entre los que se encuentran las olas letales de calor, una sequía mundial y una guerra perpetua.
Otras situaciones apocalípticas frecuentemente pronosticadas se han relacionado con holocaustos nucleares, enfermedades creadas por ingeniería genética y, en un ejemplo más orientado a la ciencia-ficción, rebeliones de las máquinas.
Lo que tienen en común todas las situaciones anteriores es que se basan en la innovación y el espíritu aventurero de los seres humanos.
De hecho, aunque nuestra especie quizás no provoque el apocalipsis, es difícil afirmar que las condiciones de la humanidad alguna vez hayan estado atenuadas por una abundante precaución.
Desde las exploraciones en tierra hasta los conflictos militares y la ciencia y la tecnología, en nuestra historia en general han abundado el orgullo desmedido y ha escaseado la humildad. En algunos casos, los peligros ni siquiera fueron previsibles.
Por ejemplo, ¿acaso los primeros inventores e ingenieros de la revolución industrial pudieron haber imaginado los efectos potencialmente catastróficos que el petróleo y la gasolina tendrían en el medio ambiente?
Actualmente, mientras continuamos dando grandes pasos en relación con la innovación tecnológica, incluso algunos prominentes líderes de la tecnología han expresado sus reservas. Por ejemplo, Elon Musk, de Tesla, ha advertido repetidamente sobre la amenaza existencial planteada por la inteligencia artificial, comparando a esta última con un demonio invocado por “un tipo con un pentagrama” que inevitablemente será incapaz de controlarla.
En Silicon Valley, sus preocupaciones han encontrado principalmente oídos sordos, aunque la idea de que nuestra tecnología va dejando atrás a nuestras capacidades de contender con ella difícilmente es nueva. El biólogo E.O. Wilson lo señala al describir de la siguiente manera el problema humano esencial: “Tenemos emociones del paleolítico, instituciones medievales, y tecnología cuasi divina.”
Mientras tanto, los temores de Musk han impulsado su misión para colonizar Marte a través deSpaceX, su corporación aeroespacial, con la esperanza de que la humanidad llegue a convertirse en “una especie multiplanetaria”, según sus propias palabras.
Stephen Hawking, temiendo que la Tierra esté en camino de convertirse en un planeta inhabitable, también propone la colonización espacial como un medio para sobrevivir a largo plazo. Por otra parte, Jeff Bezos, director ejecutivo de Amazon, confía en que este planeta siempre seguirá siendo nuestro hogar, pero está convencido de que la colonización del espacio (incluida la Luna) permitirá la continuidad de nuestra existencia en este planeta. Su objetivo es que Blue Origin, su propia empresa de vuelos espaciales, forme parte de ese proceso.
Si una nueva Era Espacial ya está con nosotros, es indispensable que esta nueva frontera sea un área en la que los seres humanos conozcamos nuestro proverbial sitio.
En este contexto, el Funcionario de Protección Planetaria de la NASA surge como un héroe improbable y como un ejemplo importante para que las empresas privadas de vuelos espaciales, como la de Musk y la de Bezos, puedan seguir.
En contraste con los colonizadores europeos del siglo XV que llevaron la enfermedad y la destrucción al continente americano, el Funcionario de Protección Planetaria de la NASA representa a un explorador cuidadoso y considerado, intrépido en todas las formas correctas y por todas las razones correctas.
Por supuesto, puede argumentarse que proteger a los planetas de organismos microscópicos es algo trivial en comparación con los encuentros cercanos con seres extraterrestres inteligentes. Esto es correcto, y es precisamente lo que hace que esta tarea resulte tan importante. Sin duda, el cuidado y la preocupación por los más pequeños detalles de la exploración interplanetaria son lo que establecerá la tónica de toda la empresa.
Nuestra relación con el espacio es impredecible y aún está en su infancia, por lo que un énfasis en la responsabilidad, especialmente en esta etapa, es fundamental. De acuerdo con ello, el Funcionario de Protección Planetaria no es menos importante de lo que implica el título.
Este verano se produjo el mes de junio más caluroso en la historia registrada. A mediados de julio, un iceberg del tamaño del estado de Delaware se desprendió de la Antártida.
Sí, como temen muchas personas, ya hemos dañado a este mundo de manera irreparable, no es demasiado tarde como para ser más responsables con los demás.
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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek