Alex Aguinaga. La palabra de honor de un símbolo

En el futbol mexicano, como en el deporte
en general, los gestos de caballerosidad nacen de las estrellas de un equipo.
La travesía de Alex Aguinaga hacia la categoría de símbolo de Necaxa comenzó
con uno. Si en estos tiempos el futbol se juega más a punta de euros que de
destreza, la palabra que el centrocampista Ecuatoriano empeñó en febrero de
1989 probablemente vale más que la servilleta donde Messi firmó su primer
contrato con el Barcelona.

“De febrero a septiembre, que yo llego,
entran equipos como el Millonarios, de Colombia. Y después viene la Copa
América, en la cual Milán también busca hacerse de mis servicios. Yo ya había
dado mi palabra y el Deportivo Quito, el equipo donde yo jugaba, ya había
firmado un contrato de compraventa, después de la Copa América, para venir yo
al futbol mexicano. Y ellos me pedían o me decían que por qué no me iba para
otro equipo. Al final era mucho más dinero el que iban a recibir los dirigentes
del Quito y en mi caso también, pero pues yo había dado mi palabra y mi palabra
para mí siempre ha sido parte importante. Eso les he educado y enseñado a mis
hijos: que si vas a hacer algo, si te comprometiste, tienes que cumplirlo. Y
bueno, para mí no fue difícil. Simplemente cumplí mi palabra”, afirma Aguinaga
en entrevista telefónica.

Panchito Hernández, entonces directivo
del América, y Jorge Vargas Díez Barroso, vicepresidente del Necaxa, fueron las
personas a quienes el ecuatoriano dio su palabra. Respetarla significaba para
Aguinaga “venir al futbol mexicano”, nada más. Para un futbolista que poco o
nada había escuchado de su deporte en México, era una oportunidad; pero
Aguinaga evaluó a los directivos como personas serias y directas, y eso le
gustó.

Hasta que llegó a Necaxa, él no sabía
para qué equipo jugaría. Mucho menos que vistiendo su camiseta sería adoptado
como mexicano y se convertiría en uno de los futbolistas más queridos en un
país donde este deporte es la segunda religión más popular.

“Para mí fue parte importantísima de mi
vida. Yo jugué casi 14 años con el Necaxa, le di todo. Recibí, obviamente lo
más lindo, que son las muestras de cariño de la gente y la conexión que hemos
tenido toda la vida: para mí, Necaxa siempre va a estar por encima de todos los
otros equipos por lo que entregué y por lo que recibí”, sentencia.

Aguinaga es el tercer goleador más
importante en la historia de Necaxa. A la fecha, es considerado entre los 10
jugadores extranjeros más importantes que han pasado por el futbol mexicano.

Recuerdos
de grandeza

Para Alex Aguinaga el altar del necaxismo
no es gratuito. Junto con Ivo Basay, Ricardo Peláez, Alberto García Aspe, el
propio Nacho Ambriz, entre otros, ganó el mote de “El Equipo de la Década” para
los recién denominados Rayos.

Directo, pero amable. Objetivo, pero
cariñoso. Crítico, pero sin perder el ojo táctico que tuvo cuando jugador,
Aguinaga habla de una escuadra muy distinta a su llegada en comparación con lo
que se convirtió después.

El equipo que alcanzó siete títulos entre
1994 y 1999. Así respondieron a quienes les llamaron “el basurero del América”.
La bocanada de aire fresco que significó su llegada y la de otros perfiles
contagió a los novatos de la época y transformó al equipo.

“Llegar a un equipo que tenía muy buenos
jugadores, pero que no tenían ganas de trascender. Era un equipo que estaba
navegando, simplemente, a donde lo llevara el viento. Habían salido algunos
jugadores del América. Era prácticamente el basurero del América, el Necaxa, en
ese momento. Y de a poquito van haciendo mejores contrataciones: llega Ivo Basay,
llega Alberto García Aspe; los jugadores jóvenes como Nacho Ambriz, Gerardo
Esquivel empiezan a tomar una relevancia importante.

“El Cuchillo, que siempre fue un tipo muy
alegre, va imponiendo su jerarquía, y otros jugadores, también, que habían sido
del América, que empiezan a ser importantes en este equipo”, relata.

Siempre ligado al que es catalogado como
su hermano mayor, Necaxa ha compartido técnicos con América, como Enrique Borja
y Manuel Lapuente, quienes dieron impulso a la renovación del hermano pequeño.

“Ya con mucha más fuerza, más deseos de
ser campeón y no únicamente con el puro hecho de participar. Entonces, se vuelve
un equipo importante y por algo lo conocen como el Equipo de la Década: por la
fuerza, las ganas, el coraje, el pundonor y el buen futbol que teníamos”,
rememora Aguinaga.

El
Equipo de la Década está de vuelta

A casi 30 años de distancia, el Equipo de
la Década quiere volver. Los grandes jugadores de ese Necaxa son ahora
jugadores grandes, pero no oxidados. Buscan tomar bajo su mando a Los Rayos del
Siglo XXI y, poco a poco, encaminarlo otra vez a la grandeza.

Para hacerlo desde dentro han llegado Ambriz,
Gerardo Esquivel, Edgar Solano y Alexandro “El Monstruo” Álvarez. Desde afuera,
en los micrófonos, pero sobre todo desde el corazón, está Alex Aguinaga.

“Primero, a mi me dio muchísimo gusto, me
da gusto de que esté un tipo como Nacho; que dentro de su cuerpo técnico estén
personajes como el mismo Gerardo Esquivel, Edgar Solano, que son necaxistas,
que jugaron en el equipo y saben bien de la historia y de lo que se habla de
Necaxa”, celebra el hoy comentarista de Fox Sports.

También ve bueno que esa dirección
técnica la complete Carlos Turrubiates, pues “el Turru” fue su auxiliar cuando
dirigió al San Luis.

Su condición de figura de Necaxa permite
a Aguinaga profesar amor al equipo que le dio 14 años de carrera en México. Su
carácter impide que ese cariño lo ciegue.

“A mí me gustaría que sí, en las fuerzas
básicas estén más Necaxistas y que puedan trabajar en la misma idea y formar
más y mejor a los jóvenes, ¿no? El caso de la 17 y la 20, que son los que están
más cercanos a la primera división. Pero bueno, ya esperemos más adelante que
se siga reforzando de esa manera y con buenos profesionales, también. No
únicamente por el hecho de ser necaxistas van a tener la posibilidad de
hacerlo, sino porque también tienen calidad y puedan manejar y ayudar en el
desarrollo”, analiza.

Y entonces anima a jóvenes como Diego
Hernández, el primer canterano que asegura su participación con el equipo en el
Apertura 2017, a comprometerse con la camiseta como él lo hizo desde que llegó
de Ecuador.

“Que dejen todo. Que den todo porque,
normalmente, y pasa cuando ya logras que te tomen en cuenta en la primera
división, te sientes satisfecho y no debe ser así. Al contrario, es tu primer
paso. Tienes que dar muchísimos pasos. Esta es nada más una manera de llegar al
primer equipo y después consolidar, que eso es lo más difícil”, aconseja.

Necaxistas
de contraste

Resulta casi imposible escribir sobre
Alex Aguinaga y su relación con Necaxa sin hablar del actual técnico Nacho
Ambriz. Uno habla del otro con cariño y respeto, y de la misma forma se
refieren ambos al equipo en el compartieron gran parte de sus trayectorias.

Pero al compararlos, puede darse de
cuenta de que Ambriz y Aguinaga son necaxistas de contraste en su carácter y en
su visión del futbol y del futuro de Necaxa. Mientras el técnico sonríe y se ve
como pez en el agua con la posición del banquillo, el comentarista no compra
tanto la idea de dirigir.

Como técnico,
Aguinaga ha tenido una carrera más corta y relativamente menos exitosa que como
futbolista. Se ha convertido en un especialista en rescatar equipos del
descenso, lo mismo en su natal Ecuador que en su país adoptivo, México. Él
pertenece al grupo de los que critican la falta de continuidad.

“No ha sido tan malo, pero de ninguna
manera me siento conforme con lo realizado. ¿Qué pasará más adelante? No sé.
Tengo que analizar; estoy esperando proyectos serios. Más que proyectos buenos,
porque los buenos los hacemos nosotros, pero sí proyectos serios.

“¿Qué es lo que pasa en el futbol
mexicano? Que normalmente te contratan y en dos, tres meses, si no les gusta o
no te ha dado resultados, pues cambian de idea. Entonces, me queda siempre la
duda de trabajar o no acá en México, pero siempre veré otras opciones y si hay
que trabajar acá, primero pensando en qué tipo de proyecto y qué personas están
atrás: si son personas serias o simplemente buscan sobresalir en el instante
preciso, en lugar de hacer un equipo a largo plazo y tener un mejor proyecto”,
estudia.

La incomodidad que denota su exhaustivo
análisis a la posibilidad de dirigir un equipo en tan contrastante con la
respuesta de Nacho Ambriz como las respuestas de ambos a la pregunta de si
extrañan ser futbolistas.

Si como dice Villoro, infancia es destino,
Aguinaga añora su niñez futbolística.

“Se extraña porque, lógicamente, era más
fácil, más sencillo. Entrabas y jugabas. Cuando eres técnico, tienes que
planificar, tienes que estar todo el tiempo pensando en qué te equivocaste, qué
puedes mejorar en lo personal y en lo colectivo (…) Es más sencillo, ¿no?,
como jugador. Pero la verdad es que como técnico también es agradable si le
encuentras el modo”, dice como quien no le ha hallado el modo por completo.

Pero desde donde sea, Alex Aguinaga
siempre pertenecerá a Necaxa. Como goleador, como ídolo, como hincha, como
crítico, como amigo y hasta como rival:

“Yo tengo allá en Aguascalientes la
escuela de fut, en la cual trabaja mi hijo y casi siempre estamos en una
disputa permanente con Necaxa porque son las escuelas de futbol más fuertes de
allá. Y te digo: me da mucho gusto cuando compiten y trabajan de igual a
igual”.