En el documental An Inconvenient Sequel: Truth to Power, de Al Gore, hay un episodio disfrutable que involucra a Dale Ross, el alcalde de Georgetown, Texas. Un seguidor afable, bajo y macizo, Ross le dice a Gore que encabeza el plan para hacer que su ciudad opte por la energía sustentable. Su razón es que es más barata, y tiene una responsabilidad con sus contribuyentes. El giro inesperado es que Ross es un republicano conservador. Es un instante esperanzador en un momento de horrenda división política, pero también es central para el enfoque de la película, el cual es insistir en los hechos por encima de la ideología y mostrar por qué es una buena idea presentar el argumento práctico tanto como el moral.
El documental, dirigido por Bonni Cohen y Jon Shenk, no tiene que hacer mucho para defender su postura. Esta secuela de An Inconvenient Truth, ganadora del Premio de La Academia en 2006, la cual metió el debate por el cambio climático en la cultura popular, empieza con un montaje de audio de voces conservadoras que censuran esa película. Una ridiculiza la afirmación de que los niveles del océano estén aumentando en el bajo Manhattan; más tarde, vemos metraje del huracán Sandy inundando el monumento al 11/9. Esa es la floritura retórica más astuta aquí: enfrentar el daño a un lugar sagrado nacional con quienes niegan el cambio climático, siendo el más poderoso James Inhofe, senador republicano por Oklahoma, cuya refutación genial de la perturbación climática radical fue lanzar una bola de nieve en la cámara del Senado.
En la película, vemos a Inhofe intimidar a Gore durante una audiencia del Senado en 2007, al grado de que la senadora Barbara Boxer le dice que le permita a Gore responder las preguntas que se le han hecho. La razón por la cual An Inconvenient Sequel tiene éxito es evidente en la respuesta paciente, aunque cansada, del exvicepresidente a Inhofe: la esperanza de que puedan hablar mano a mano, que quizás entonces, con suficiente calma y tiempo y evidencia irrefutable, Gore pueda convencer al senador de los peligros que enfrenta el planeta. Y ese es el tono que adquiere la película. Persistencia por encima del ridículo. Entendimiento (o un intento de ello) por encima de la intimidación acalorada y partidista.
An Inconvenient Sequel es, como su predecesora, en gran medida una presentación narrada por Gore, quien sigue siendo una presencia cálida y agradable. Sus puntos en escena son ilustrados por metraje de sus viajes a cimas nevadas derritiéndose; a India, donde trata de desalentar la construcción de instalaciones que quemen carbón, y a las conversaciones de París, donde ayuda a negociar un acuerdo para darle a India el crédito y tasas de interés decentes que le permitirán invertir en energía sustentable. Una buena parte del filme está dedicada al drama que llevó al acuerdo climático de París en 2015. Como el presidente Donald Trump retiró a Estados Unidos de ese acuerdo el 1 de junio, el final muestra a Gore asegurándoles a sus partidarios que, a pesar de los reveses inevitables que resultarán de la decisión de Trump, la lucha continuará.
La película es una obra de apoyo, y tiene éxito en ese aspecto: la ciencia concluyente presentada es una evidencia poderosa de que hay un solo lado en esta historia. Los cineastas y Gore claramente quieren volver a motivar a los cruzados del cambio climático y persuadir a aquellos indecisos a pasarse a su bando. Pero ¿An Inconvenient Sequel influirá en los negadores acérrimos? ¿Ellos siquiera la verán? Dado el actual partidismo rígido en Estados Unidos, ello es muy poco probable. Y, aun así, hay peores maneras de pasar tu tiempo este verano que meterse en un cine con aire acondicionado a ver este filme. Después de todo, hace calor afuera.