El gobierno de Donald Trump ha manifestado en distintas ocasiones su intención de acabar con los cárteles de la droga mexicanos, a los que responsabiliza del alto consumo de drogas en Estados Unido, e incluso ha propuesto el envío de tropas militares estadounidenses para lograr este fin, una idea que ha sido desestimada por distintas voces.
Una semana después de haber asumido la presidencia de Estados Unidos, el magnate republicano charló con el presidente mexicano Enrique Peña Nieto, a quien le planteó la necesidad de “eliminar” a los narcotraficantes ante la problemática que representaba para ambas naciones.
“Nos estamos convirtiendo en una nación adicta a las drogas y la mayoría de las drogas vienen de México o desde la frontera sur. Pero voy a decir esto, tienes ese problema también. Tienes algunos hombres muy duros en México con los que necesitas ayuda, y estamos dispuestos a ayudarles con ese gran tema. Pero ellos tienen que ser eliminados… Así que tenemos que trabajar juntos para eliminarlos. Sé que este es un grupo difícil de gente, y tal vez tu ejército les tiene miedo, pero nuestro ejército no les tiene miedo, y nosotros les ayudaremos al 100 por ciento, porque está fuera de control”, dijo Trump en la conversación ocurrida una semana después de que asumiera la presidencia de Estados Unidos, la cual ha sido publicada en su totalidad por The Washington Post.
Días después de esta llamada, el magnate republicano firmó una orden ejecutiva que pretende acabar con los “cárteles criminales” del narcotráfico “que se han extendido por todo el país y están destruyendo la sangre de los jóvenes” estadounidenses.
La idea de Trump ha sido compartida por el general John Kelly, Secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, quien ha hablado de perseguir a los criminales en los países donde se produce y por donde transita la droga. Y también ha sido aplaudida por Jeff Sessions, el fiscal general de Estados Unidos, quien durante una visita que hizo en abril a la frontera con México habló sobre la destrucción de estos grupos del crimen organizado.
Sin embargo, algunas voces consideran inviable la posibilidad de que tropas estadounidenses operen activamente en México para erradicar a los grupos del narcotráfico que se han expandido por todo el territorio de este país, con miles de muertes, desapariciones y crímenes a cuestas.
“La respuesta es no, contundente, rotundo… la Constitución mexicana no admite bajo ninguna circunstancia la operación de tropas extranjeras, de manera que no nos metamos en un debate que no va”, dijo el portavoz de la Presidencia de la República, Eduardo Sánchez, en febrero pasado tras la sugerencia hecha por Donald Trump sobre que el gobierno mexicano parecía dispuesto a recibir ayuda en la materia.
Peter DeShazo, un profesor visitante del programa de América Latina y el Caribe del Dartmouth College, comentó a The Washington Post que la idea de que el gobierno mexicano permita que pequeñas unidades de élite, como las Boinas Verdes o los SEALs de la Marina, luchen contra los cárteles de la droga en México o participen activamente en el asesoramiento y asistencia a las unidades mexicanas es inviable.
En la primera década del 2000 se creó una alianza militar entre ambas naciones en respuesta a la creciente violencia originada por las rutas de contrabando de drogas a los Estados Unidos y debido a una oleada de armas que fluyeron de Estados Unidos a México. No obstante, la misma inició con desconfianza y sospecha de parte del lado mexicano, particularmente del Ejército. Pese a ello, los resultados obtenidos acabaron con estas dudas.
Iñigo Guevara Moyano, experto en relaciones militares entre Estados Unidos y México, dijo al Post que ahora los países comparten información sobre las redes de tráfico ilícito, los agentes mexicanos comparten el espacio de mando en las instalaciones de Estados Unidos y las unidades llevan a cabo un número creciente de misiones conjuntas de entrenamiento e intercambio de inteligencia para combatir el narcotráfico juntos.
Sin embargo, hay otras voces que comparten la visión del gobierno del Trump. Es el caso de Matt A. Mayer, un exalto funcionario en el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos durante el gobierno de George W Bush, quien planteó en un artículo publicado en U.S. News & World Report, que para detener el flujo de opioides y otras drogas mortales se debe desmantelar metódicamente las redes de distribución que los cárteles han establecido en Estados Unidos, y aunque reconoce que el gobierno mexicano ha llevado a cabo algunos esfuerzos para combatir a estos grupos, “la corrupción dentro del gobierno mexicano y la aplicación de la ley es rampante; simplemente no podemos confiar en el gobierno mexicano para el tipo de acciones necesarias para aplastar a los cárteles”.
“Esta desafortunada realidad plantea una pregunta muy incómoda: ¿Tenemos que ir a la guerra con México para finalmente ganar la guerra contra los opiáceos y otras drogas mortales? Por ‘ir a la guerra’, me refiero a una declaración formal de guerra hecha por el Congreso contra México en la que utilizamos toda la fuerza de nuestro poderío militar para destruir los cárteles, los campos de amapola y todos los elementos del narcotráfico. Como nuestra lucha no es con el gobierno mexicano, su ejército o su gente, que tratan de debilitar a los cárteles, intentaríamos asociarnos con esas entidades contra los cárteles, así como nos asociamos con el gobierno vietnamita del sur y el ejército contra el Vietcong y el Ejército vietnamita del Norte. Suena loco, lo sé a menos que reconozcan que ya estamos peleando una guerra con México”, indicó Mayer en su texto.
La realidad es que México arrastra a la fecha dos meses con récord de asesinatos en medio de una impunidad generalizada ante el brote de violentas células criminales desprendidas de grandes cárteles, que han pasado del tráfico de drogas a un auténtico control territorial.
Mike Vigil, exdirector de Operaciones Internacionales de la agencia antinarcóticos estadounidense (DEA), atribuye el repunte a la atomización de los cárteles tras la captura de sus líderes. “Han cortado la cabeza de grandes cárteles y se fragmentan, en vez de tener uno tienen muchos grupos pequeños que están peleando por control de territorios por rutas y tienen un nuevo modelo de crimen, jamás se había visto tal diversificación (de actividades criminales) de estos grupos”, comentó Vigil a la AFP.
Para Vigil, las causas de la violencia se resumen en el fondo a “una sola palabra: impunidad”. En un país donde “se investigan 5.0 por ciento de los crímenes y se castiga a alrededor de 3.0 por ciento de los responsables, la impunidad es lo que alienta a estas bandas criminales”, dijo.