El presidente mexicano Enrique Peña Nieto revivió la discusión sobre brindar a las fuerzas armadas de México un marco legal que les dé certeza en sus labores de seguridad interior, un tema que fue congelado en el Congreso mexicano a raíz del rechazo expresado por organizaciones sociales.
“Como Estado, tenemos el deber de avanzar en la conformación de cuerpos civiles de seguridad profesionales, confiables y eficaces, cuyo desempeño haga innecesario desplegar a los cuerpos castrenses para atender tareas de seguridad interior. Sin embargo, mientras sea necesaria su intervención, también es deber del Estado proveer a las Fuerzas Armadas de un marco legal que dé certeza en su actuación. Seguiremos trabajando, junto con el Poder Legislativo, para dar seguridad jurídica a quienes desempeñan estas funciones”, dijo el mandatario el miércoles al encabezar la Ceremonia de Entrega de Menciones Honoríficas y Reconocimientos a Unidades y Personal del Ejército, Armada y Fuerza Aérea.
Los diputados federales congelaron en abril pasado la llamada Ley de Seguridad Nacional. La propuesta ha alarmado a distintos sectores que temen la regularización de conductas represivas y violatorias de derechos humanos sobre todo ante la ambigüedad que regula la presencia del Ejército, Marina y Fuerza Aérea para salvaguardar la continuidad de las instituciones del Estado mexicano “y la gobernabilidad democrática en todo el territorio”.
El presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), Luis Raúl González Pérez, ha pedido que la iniciativa se someta a “una discusión lo más amplia posible” en la que participen “todos los actores”. No obstante, el ombudsman mexicano ha reconocido que mientras no haya policías profesionalizadas, “sería insensato que las fuerzas militares regresaran en estos momentos a los cuarteles”.
En el gobierno de Enrique Peña Nieto han ocurrido graves de violaciones a derechos humanos que involucran a elementos de las fuerzas armadas. El que mayor impacto ha tenido en la opinión pública nacional e internacional ha sido la masacre ocurrida en Tlatlaya, Estado de México, donde entre 8 y 12 personas fueron ejecutadas arbitrariamente a manos de elementos del Ejército, en un episodio QUE no ha sido esclarecido del todo.
Sobre este caso, el Centro de Derechos Humanos Agustín Prodh Juárez ha dicho que “la impunidad con la que se ha cubierto la masacre de Tlatlaya es un anuncio de lo que podría suceder de prosperar los intentos por aprobar una Ley de Seguridad Interior que le de mayores facultades a las Fuerzas Armadas para operar en seguridad pública, una tarea reservada a civiles y contraria a la formación de marinos y militares”.
También han sido objeto de reclamos, la tortura perpetrada y grabada en febrero de 2015 en Ajuchitlán del Progreso, Guerrero, por militares mexicanos, agresión que valió una disculpa de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena); y la aún no esclarecida participación del Ejército Mexicano en el caso sobre la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, ocurrida en Iguala, Guerrero, en septiembre de 2014.
Los reclamos originados por estos casos llevaron en diciembre pasado a que el titular de la Defensa Nacional, el general Salvador Cienfuegos Zepeda, exigiera un marco legal para la actuación de las fuerzas armadas mexicanas, un tema sobre el cual el presidente Peña Nieto ha insistido este miércoles, aunque con un exhorto de fondo hecho a los elementos castrenses de no cometer delitos o violaciones a derechos humanos aún cuando este represente desobedecer a un superior.
“En el ejercicio de las tareas en seguridad interior, como en todas sus actividades, los integrantes de las fuerzas armadas han hecho del respeto a los derechos humanos el eje de su diario actuar. Sus propios comandantes lo han dicho con toda claridad: ningún integrante de las fuerzas armadas está obligado a seguir órdenes cuando impliquen un delito, una violación a derechos humanos o una infracción a la disciplina militar”, destacó el presidente mexicano.
Peña Nieto refirió en su discurso que combatir la violencia y la criminalidad exige que soldados, pilotos y marinos realicen misiones de alto riesgo. “Significa que nuestras fuerzas armadas son superiores a los enemigos de México, que, cuando están a prueba, no le fallan a su país; que actúan con espíritu de cuerpo, porque aquí no solo se valora el esfuerzo individual, sino el trabajo en equipo”, indicó.