Cómo la iglesia católica contribuye a ocultar el abuso sexual

El cardenal George Pell, uno de los principales asesores del Papa Francisco, regresó a su nativa Australia el 10 de julio para enfrentar acusaciones penales relacionadas con abuso sexual. Aunque las acusaciones específicas y los nombres de los acusadores no han sido revelados, el cardenal Pell sostiene que ha sido víctima de un “asesinato de su reputación”. Este caso será decidido en un tribunal australiano.

Esta no es la primera vez que la Iglesia Católica ha sido sacudida por acusaciones de abuso sexual. Aunque las reformas en la Iglesia Católica estadounidense han hecho que sea obligatorio que los sacerdotes informen de casos de abuso sexual, aún queda mucho trabajo por hacer en la Iglesia Católica de todo el mundo.

Desde mi perspectiva como estudioso católico de la religión, uno de los desafíos al abordar este tema es la jerarquía misma de la Iglesia. Sigue siendo muy difícil fincar responsabilidades a los clérigos de alto nivel responsables, ya sea de los delitos cometidos por sus subordinados, o de aquellos que pudieron haber perpetrado ellos mismos.

La estructura de la Iglesia

En la cima de la jerarquía de la Iglesia Católica se encuentra el Papa. Se le considera sucesor del Apóstol Pedro, a quien Cristo le dijo, “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Para los católicos, el Papa es esa “piedra” que da a la Iglesia una base firme. Se considera que el Papa es infalible, es decir, que habla “sin error” en condiciones específicas relacionadas con la doctrina y la moral. Sin embargo, no es infalible en cuanto a su juicio personal, como cuando decide a quién elige para que le asesore.

Subordinados al Papa están los obispos, quienes sirven al Papa como sucesores de los 12 apóstoles originales que siguieron a Jesús.

También hay cardenales, nombrados por el Papa, y sólo ellos mismos pueden elegir a su sucesor. Los cardenales también gobiernan a la Iglesia entre una elección papal y otra. Los cardenales tienen un rango más alto que los obispos, por lo que no todos los obispos son cardenales. Sin embargo, ahora, todos los cardenales son obispos, aunque en el pasado ha habido excepciones. George Pell es Obispo y cardenal, así como el tercer funcionario de más alto nivel en el Vaticano.

La estructura jerárquica de la Iglesia Católica recuerda al ejército, con su alto nivel de control administrativo. Sin embargo, la “iglesia”, según la interpretación católica, no es sólo un organismo burocrático. También es una institución sagrada creada por la voluntad de Dios.

Los sacerdotes y la obediencia

Los sacerdotes tienen el nivel más bajo dentro de la jerarquía formal. Cuando son ordenados, hacen votos de castidad, pobreza y obediencia ante sus superiores. Generalmente, los sacerdotes están bajo la autoridad inmediata de su obispo local, cuya área administrativa se conoce como “diócesis”.

Aunque los sacerdotes de muchos países están obligados por las leyes eclesiásticas y civiles a informar sobre abusos sexuales ante las comisiones eclesiásticas y las autoridades legales, ha habido una cultura de negación y secreto que ha evitado que dichas acusaciones sean plenamente investigadas. En un documento del Vaticano que data de 1962, se instruye a los obispos a observar la más estricta secrecía en casos de abuso sexual, y a abordar el abuso sexual, o “solicitación”, como un asunto interno de la Iglesia, y no como una ofensa que deba ser informada a las autoridades locales.

A pesar de haber establecido una comisión para analizar el problema y abordar los casos acumulados, el Papa Francisco aún no ha establecido ningún protocolo para el manejo de las acusaciones de abuso sexual en la Iglesia Católica en general. Sin embargo, el Papa ha establecido lineamientos para retirar a los obispos que hayan sido “negligentes”” al abordar los casos de abuso. Aun así, algunos comentaristas piensan que esto no es suficiente.

El abuso sexual ignorado

El hecho es que ha habido una larga historia de protección para los líderes católicos de alto nivel ante las acusaciones de abuso sexual realizadas en su contra.

En 1995, cuando surgieron informes de que el cardenal austriaco Hans Hermann Groer había abusado sexualmente de monjes y niños en edad escolar, el abuso sexual fue desestimado por el obispo Kurt Krenn como “bromas pesadas entre chicos”.También se produjeron afirmaciones de que se pagó a las víctimas para que guardaran silencio. Las acusaciones de abuso sexual contra el cardenal Groer resultaron verdaderas.

En otro caso, ocurrido a finales de la década de 1940, Marcial Maciel, el sacerdote mexicano fundador de la orden religiosa de los Legionarios de Cristo, cometió numerosos abusos sexuales durante un largo tiempo. Cuando surgieron inicialmente las acusaciones contra Maciel, el papa Juan Pablo II las ignoró. Joseph Ratzinger, confidente y posterior sucesor de Juan Pablo II, señaló: “No podemos llevar a juicio a un amigo tan cercano del Papa”. Aunque Maciel fue disciplinado posteriormente por Ratzinger cuando se convirtió en el Papa Benedicto XVI, Maciel evitó ir a juicio hasta su muerte, ocurrida en 2008.

En Estados Unidos, el cardenal Bernard Law, que protegió a sacerdotes abusadores de la arquidiócesis de Boston durante su período en el cargo de 1984 a 2004, también logró escapar al juicio. De hecho, Law fue ascendido a un prestigioso puesto como director de una de las iglesias más famoso del catolicismo: Santa Maria Maggiore en Roma.

Desafíos para informar sobre los casos de abuso

En todos estos casos, la estructura jerárquica de la Iglesia hizo que fuera muy difícil llevar a figuras de alto rango ante la justicia. Cuando alguien otorga a sus superiores una obediencia casi absoluta, el umbral para actuar contra ellos es muy alto. De la misma forma, los superiores pueden proteger a los sacerdotes ofensores.

Una presunción de integridad es algo que va unido a cualquier cargo de alto nivel en la Iglesia Católica. Suele ser difícil creer que un obispo pueda cometer o encubrir un crimen tan terrible como la violación o el abuso sexual. Asimismo, si la Iglesia Católica es una institución divina necesaria para la salvación, existen personas que protegerán la reputación de la Iglesia a cualquier costo.

Sin embargo, existe un punto de ruptura. El momento clave que llevó a la renuncia del cardenal Law fue una carta, firmada por 58 sacerdotes, en la que le pedían su renuncia.

El juicio de Pell, un momento decisivo

El Catecismo de la Iglesia Católica, que es el compendio de las creencias del catolicismo, señala que la “santidad” de la Iglesia es “real”, pero también “imperfecta”. En otras palabras, la Iglesia está compuesta por seres humanos que tiene sus limitaciones. Desde este punto de vista, el problema no es la jerarquía en sí misma, sino la manera en que las personas que ocupan puestos elevados hacen un mal uso del poder.

Aunque todos los católicos están conscientes del “carácter humano” de su iglesia, las acusaciones contra el cardenal Pell sigue siendo traumáticas para muchos católicos que esperan que sus líderes manifiestan integridad.

En cierto sentido, el caso del cardenal Pell simplemente marca un capítulo más en la lucha de la Iglesia Católica para hacer frente al abuso sexual en sus filas. Sin embargo, al ser el miembro de la jerarquía de más alto nivel que enfrenta acusaciones penales, su juicio constituye un paso muy importante. 

Independientemente del resultado final de este caso, pienso que la dimensión internacional del cardenal Pell hace que este sea un momento decisivo en los esfuerzos de la Iglesia Católica, como institución mundial, para desarrollar enfoques congruentes ante el abuso sexual.

Mathew Schmalz es Profesor Asociado de Religión en el Colegio de la Santa Cruz.

Este artículo apareció originalmente en The Conversation.

Publicado en cooperación con Newsweek/ Published in cooperation with Newsweek